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Al rescate de voces olvidadas

Los lexicones se encuentran repletos de voces arrumbadas por el olvido.

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Los lexicones se encuentran repletos de voces arrumbadas por el olvido.
Arqueología de palabras olvidadas

Se deben rescatar muchas de ellas por su carácter expresivo, perfectamente adaptables a nuestro mundo. Aportaré algunas ilustraciones, más que nada para estimular la iniciativa de los libertarios en la misma dirección.

Una palabra gastadísima en la vida pública de tanto zarandearla es consenso. Aunque de raíz latina, es una importación del inglés. Es sabido que en inglés culto las palabras de raigambre latina merecen mucho predicamento. (Por cierto, predicament en inglés no quiere decir "predicamento". Pero sigamos). Un equivalente castizo, hoy olvidado, es acordanza, la disposición para llegar a acuerdos, entendimientos entre posiciones dispares. Se basa en la idea de que es fácil que las dos partes de una negociación se pongan de acuerdo si repasan bien la memoria de sus orígenes.

Los escritores antiguos, educados en el conocimiento de las humanidades, afinaban mucho en la descripción de los estados de ánimo. Uno de ellos es la acedia, derivado del acedo o vinagre. Equivale a un carácter áspero, desabrido, indolente. Sirve admirablemente para describir un tipo humano característico de nuestro tiempo: flojo para el trabajo, indiferente, que "pasa de todo".

Son comunes en nuestros días las críticas a la profusión de asesores, consejeros y consultores de todo tipo, apoltronados en diversas instituciones y altos cargos. Es lástima que se haya dejado de utilizar la palabra enchufe (una analogía un tanto obscena pero expresiva). La lengua de nuestros mayores era pródiga en sinónimos igualmente brillantes: momio, sinecura, regalía, prebenda, gaje. Recurramos a ellos cuando convenga para designar los puestos "a dedo". Representan la apoteosis de la corrupción, en otros tiempos llamada unto, algo así como la grasa para suavizar las relaciones con la Administración Pública.

La continua mecanización del trabajo nos lleva a que las máquinas sustituyan a las manos. No obstante, en momentos especiales de catástrofes y urgencias nos vemos obligados a recurrir a algo tan antiguo como el hormiguillo. Es el método por el que se establece una cadena humana que se pasa de mano en mano los objetos necesarios, sean cubos de agua, vituallas o materiales de desescombro. ¿Por qué no volver a llamarlo por su nombre?

Las modas en el atuendo o el tocado varían constantemente. Pero, como los elementos son limitados, vuelven las formas antiguas. En la forma de ostentar la pelambre masculina, se puede recurrir a una cabellera áspera, erizada y cuidadosamente desordenada. Algunos presentadores y tertulianos de la tele son maestros en tal ornamentación capilar. Decimos, entonces, que se caracterizan por un pelo cuidadosamente hirsuto. No es palabra corriente, pero se ajusta muy bien a la tendencia indicada.

Amando de Miguel: fontenebro@msn.com

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