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Cuando los socialistas homenajeaban a Ramón Gómez de la Serna

En 1980 Enrique Tierno homenajeó a Ramón Gómez de la Serna. Hoy el PSOE pone la alfombra roja a Carmena para borrarle del callejero de Madrid.

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Cuando los socialistas homenajeaban a Ramón Gómez de la Serna
Ramón Gómez de la Serna | \'Libertad Digital\'

Es un clásico entre los clásicos de la izquierda totalitaria: el control de las denominaciones, del uso de las palabras adecuadas y el lavado de mentes. Propaganda igualitaria.

La historia arranca cuando Pablo Iglesias le diga a Carmena y a Carmona que empieza. Los muertos honorables del nuevo régimen están ya elegidos y en sus pies cuelgan las etiquetas identificativas.

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid, apoyado por los socialistas, se propone arrasar la cultura española del callejero de la capital. Por ejemplo la calle de Ramón Gómez de la Serna, muy cerca de otra placa condenada a la pena de destornillador, Cardenal Herrera Oria. Además de quitar la calle del escritor y periodista, desaparecerían el Centro de Educación Infantil y Primaria Ramón Gómez de la Serna.¿¡Qué greguería haría Ramón de Manuela?!

Hace 35 años la izquierda leía a Gómez de la Serna. En su mente igualitaria el reconocimiento intelectual a los grandes tenía placado al pepito grillo del sectarismo. Ahora no Pueden. En 1980, en Madrid, el poeta, crítico de arte y literatura Juan Manuel Bonet, rescató de un almacén el despacho con síndrome de Diógenes que el escritor tenía en Buenos Aires. Por si fuera poco, Bonet hizo confluir en una exposición y en cuatro libros publicados para la ocasión las firmas de Enrique Tierno Galván, Federico Jiménez Losantos, Andrés Trapiello, Rosa Chacel, Ernesto Giménez Caballero, Francisco Umbral, Rafael Flórez. Antonio de Obregón o Francisco Rivas. Que me pellizquen.

Entrega 1 y 2 de los libros

En el primero de los cuatro libros, Ramón en cuatro entregas, publicados por el Museo Municipal se pueden leer sus textos precedidos por las palabras que le dedicó, en aquella la ocasión histórica, el entonces Alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. Las reproducimos íntegramente a continuación.

Gómez de la Serna es uno de los pocos ejemplos de la generación posterior a la del 98 que conservan vitalidad literaria e histórica. Aunque no se le lea demasiado, o haya caído en el olvido de de algunos, hay signos de que su memoria se revitaliza y actualiza. Nos llevaría esto a preguntarnos qué hay de más permanente en Ramón Gómez de la Serna, que en otros muchos de sus coetáneos generacionales. Me parece que la respuesta puede darse en una sola palabra: arbitrariedad. En literatura, en general, lo que es arbitrario es perdurable.

Refuerza esa idea el hecho de que la originalidad tiende a ser arbitraria y, a la vez, que existe un fondo de protesta frente a lo establecido, como norma, criterio o prejuicio, que siempre es grato alzarnos como debeladores de los resultados presentes de la inercia del pasado, particularmente de la literatura que es, en un tanto por ciento muy alto, residuo inercial de vida y pensamiento.

El fondo ácrata, liberador espontáneo y sincero que en todos existe, salta al contacto con el estímulo de la ocurrencia feliz, que pone al desnudo la convención hipócrita o la pereza intelectual. Si la chispa ocurrente se retuerce y expande en el proceso y flor de la greguería, la sincronización con Gómez de la Serna aún es mayor, porque en todos nosotros lo contradictorio tiende a alzarse, con suma fuerza, como un espectáculo que emula y quiere sobreponerse a la razón, particularmente si lo contradictorio es la razón retorcida, pero no destruida.

La permanencia Intelectual estilística de Gómez de la Serna es paralela a su permanencia, en cuanto personalidad de madrileño ariscado, artificiosamente egocéntrico y contumaz en la paradoja y en la anécdota. Este último aspecto de Ramón, en tanto que a personalidad que sobrenada lo cotidiano y lo envuelve en su propia originalidad de comportamiento, es quizá el que más descuella en esta exposición y homenaje, más un hecho de importancia suma, que no quiero dejar de realzar; me refiero al mucho trabajo entre contradicciones, greguerías, paradojas, ocurrencias y conatos de desatino y disparate.

Gómez de la Serna fue trabajador infatigable. Su cuantiosísima obra literaria es un buen ejemplo de los que digo, a lo que hay que añadir la lectura infatigable y un maestrazgo socrático, casi imperceptible, que no dejó de ejercer toda su vida. La arbitrariedad laboriosa es testimonio del caudal de responsabilidad que tiene un escritor, sabio de todo y de sí mismo, por mucho que la protesta, a veces quimérica, a veces enjaulada entre los barrotes de la lírica, a veces difuminada en el lenguaje barroco, tienda a velarnos esa responsabilidad. Al maestro debelador de estilos muertos y prejuicios deformadores, madrileño infatigable de Madrid y trabajador copioso y fecundo como pocos, le dedicamos hoy esta pequeña prueba de agradecimiento y admiración.

Enrique Tierno Galván, Alcalde de Madrid.

35 años, fue ayer. El odio y el resentimiento ha crecido aún más deprisa, como un tumor maligno en el cuerpo de un joven sano. Antonio Carmena, actual portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, tendrá que revisitar a sus clásicos.

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