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Comic-Con 2018: el futuro fue ayer

El evento, este año, ha estado marcado por la multitud de importantes efemérides, antes que por cualquier estreno reciente

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Reparte de 'Sharknado' | Rafael Bardají

Para un español, con un presidente sin el apoyo de la mayoría de españoles, saludo de un proceso parlamentario frankenstiniano, con un nuevo líder del PP elegido de la manera menos tradicional de ese partido, con una Cataluña en permanente golpe de Estado, pocas cosas pueden llamar al asombro. Excepto la convención anual del Cómic en la apacible ciudad de San Diego. Apacible menos en esos 4 largos días que dura el Comic-Con, con sus cerca de 150 mil asistentes. Todos dispuestos a conseguir autógrafos y selfies con sus adorados ídolos del espectáculo, pagar lo que sea por ese preciado coleccionable, sea figura, carta o libro y, sobre todo, a disfrutar y pasárselo bien. La imagen de miles de personas disfrazadas de su personaje favorito, de Batman al padre de Indiana Jones, pasando por todo tipo de caracteres ficticios, no tiene forma de plasmarse en palabras. Sinceramente.

Y eso que en esta edición, tengo que admitirlo, las sorpresas tal vez hayan sido mejores a otros años. En parte porque 2018 ha sido un año de recordatorios, notables pero, al fin y al cabo, con una mirada anclada en el pasado. Por ejemplo, se cumplían 200 años de la creación de Frankenstein, 80 de Superman, 60 de Lego, 25 de Jurassic Park, de Hell boy y de X-Files, 10 de Marvel Cinematic Universe, por no hablar de los 36 de la La Cosa, la increíble película de John Carpenter o los 60 años de la creación de la NASA. Demasiadas efemérides como para no mirar hacia atrás. Pero también en parte por la ausencia de una gran producción a estrenarse en los meses que viene. En otras ediciones, el anuncio de una nueva entrega de Star Wars, bastaba para animar a la audiencia. Lo que viene de cara al otoño está muy relacionado con la animación, pero no tiene la misma fuerza.

Excepto por una pequeña película realizada por Weta, el estudio de efectos especiales neozelandés y que, en mi humilde opinión, va ser un gran 'hit' cuando llegue a las salas en algún momento de este otoño. Me refiero a I Am Mother, la historia de una robot (aunque el género aquí esté determinado por la función que cumple), responsable de criar y cuidar de la única superviviente de la especie humana. Hasta que en su universo aparece súbitamente una extraña (encarnada por Hillary Swank) y con ella comienza el caos. Dos cosas a destacar a parte de la buena imagen y realización (de la parte que se nos adelantó a una sala entusiasmada): la primera, el detallado trabajo de ingeniería que se ha puesto en la Madre, un robot expresivo y capaz de mostrar todos los matices de la afectividad entre una madre y la hija con un mero juego de luces en su faz; la segunda, la paradoja de que la madre robot pudiera ser funcional al llevar dentro a un ingeniero metido a actor, a Luke Hawker. Tuve la oportunidad de hablar con él y le pregunté si un robot que actuaba como una madre pero que era, en su interior, un hombre, no planteaba serios problemas de transgénero, pero sólo pudo reírse. Lo que si quedó claro durante la proyección es que el Amir controlador de una madre puede llegar a ser altamente destructivo. Y no voy a hacer aquí más spoiler.

El siguiente gran anuncio, triste, pero grande, fue hecho por el director y el productor de la serie Sharknado, quienes, junto a los protagonistas de esta alocada historia donde los tiburones viajan a lomos de tornados para caer sobre cualquier parte del mundo y causar riadas de sangre (y carcajadas en el público) anunciaron formalmente lo que será la última y definitiva entrega de la serie: Sharknado 6, About time. Será un gran final donde los actores viajarán en el tiempo, pasado y futuro, para luchar contra los tornados asesinos. Si no recuerdo mal, el cruce de la máquina del tiempo y Sharknado fue una propuesta que un asistente avezado del Cómic-Con de 2017 le planteó al director. No fue en vano por lo que pudimos ver de la película, aún sin montar del todo. De las 2 horas y pico acabarán por dejar únicamente 86 minutos. Una pena que fue sonoramente expresada por los 5 mil asistente al panel. En compensación, se anunció la aparición inminente de un juego para VR con lo mejorcito de la saga. Con todo, vamos a echar mucho de menos a Finn, Nova, Celeste y demás. Sin hablar de los tiburones, desde luego.

Este año no ha habido muchos zombies entre el público. De hecho, el stand de The Walking Dead se podría definir de minimalista, más orientado al juego que también van a sacar (Overkill) que a la nueva entrega de este otoño. Apenas un par de actores caracterizados de muertes andantes asustaban al público. Mucho más espectacular era el novelón de Resident Evil 2, donde además de una impactante experiencia te podías reponer con una cómica foto a bordo de un coche de policía asaltado por mutantes infectados.

Quienes si siguen atrayendo a las masas son los protagonistas de Big Bang Theory. Aunque la sesión prevista era solamente con los guionistas, para encanto de la audiencia hicieron acto de presencia Raj Koothrappali y Amy Farra Fowler. La sala, el famoso hall 20, con cerca de 7 mil asistentes rebosaba de entusiasmo. La nueva temporada, con todo, es un misterio habida cuenta de que los capítulos se preparan sobre la marcha. Solo supimos que el primero arranca con la luna de miel entre Sheldon y Amy. Nada más, pero tampoco nada menos.

Había mucho Trekkie en el público como siempre, pocos Darth Vather, residuales Indianas Jones, muchísimo disfraz de manga, un Tintín despistado y un par de Wallies. Batman, Wonder Woman y el Joker caminaban también en menor número en contraste con las Harley Quinn del momento. En cualquier caso, este año no había ningún disfraz que dominara.

En cuanto a las series televisivas, plato fuerte de esta Convención, destacar tres llamativas novedades y una segunda temporada. Las novedades: Manifesto, o sea, la lista del pasaje de un avión que desaparece con 191 personas a bordo en 2013 y reaparece misteriosamente ahora, en 2018. Producida por Robert Zemeckis y Jeff Rake promete, a pesar de no aparentar nada especial. Más llamativa a primera vista es la nueva serie Jack Ryan, basada en el célebre personaje del escritor ya fallecido Tom Clancy. Aventuras promete. Y desde luego, el montaje en el Cómic-Con no podía ser más espectacular. En un parking cercano al centro de convenciones (donde no cabía) habían montado todo un poblado árabe, con su desierto, desde donde quienes pacientemente aguantaran las largas colas, podían correr en pleno juego de guerra y hasta hacer rappel desde un helicóptero debidamente anclado del tejado de una de las casas. Acción pura a chorros de adrenalina es lo que se nos avecina. La tercera gran novedad es Roswell. No creo que sea necesario explicar qué significa y representa esa pequeña localidad de Nuevo México, sólo diré que la serie gira en torno a una imposible relación amorosa entre dos seres de distintas especies. No hay que añadir mucho más para anticipar intrigas, encubrimientos, y un largo etc.

De las continuaciones sólo me referiré a la segunda temporada de Midnight Texas. Tras ver el primer episodio creo que cabe esperar más seres paranormales, más peso en las relaciones de los personajes y, desde luego, más sexo. Y hasta un cameo brillante de la madre de la idea, la ancianita escritora Charlain Harris, madre también de la truculenta y vampírica True Blood. Esperemos que a medida que avanza la serie no acabe en un alocado desmadre como pasó con True Blood.

Un punto a tomar en cuenta es la irrupción con fuerza de la NASA en el Cómic-Con. Presente ya el año pasado, en esta edición, además de su stand, contaba con varios paneles con científicos, ingenieros y astronautas. Tanto tirón tenían estas charlas y discusiones que las salas, de en torno a 500 personas de aforo, se han quedado bien pequeñas, con público que hacía colas de hasta dos horas para asegurarse de tener un sitio. Es de esperar que el año que viene las instalaciones sean más grandes.

Y para acabar, Trump. En el 'exhibition hall', Esa enorme sala repleta de expositores de todo tipo, había un único panel, a modo de fotocall, donde hacerse un selfie entre un apocalíptico Donal Trump y una zombie Hillary Clinton. Nunca he visto menos interés de los asistentes a perder un solo segundo alli. Igualmente, sólo dos jóvenes mexicanos enseñaban encantados su obra, una especie de fanzine, donde descargaba su sátira contra el actual presidente. Tampoco les vi muy exitosos. Y, desde luego, Johnny Depp, que sigue en su cruzada contra Trump, consiguió más abucheos que aplausos cuando, en su intervención sorpresa para hablar de su actuación en la saga de Harry Potter, Los crímenes de Grindenwald, pidió el impeachment del Presidente.

Y es que Hollywood no entiende a los fans del Comic-Con y la ciencia ficción. No sólo prefieren mantener alejada la política de sus mundos fantásticos, sino que saben que Trump es a Marte lo que JFK fue a la Luna. Tras un Obama que ignoró la NASA, dejándola sin recursos y personal, Trump está impulsado el suelo de ir más allá, desde el sector público y empujando al privado.

En fin, ha habida muchas cosas y momentos buenos en esta edición del 2018. Lo peor, que se ha acabado. Quizá sea un respiro para los habitantes de San Diego, que vuelven a la normalidad y pueden caminar por sus calles. Para mi, significa una nueva espera de 13 meses entre sorayos, pedrunos, casados, Albertos y pablenines. Algo que me eriza mucho más los pelos de horror que todos los muertos vivientes con lo que he luchado en el Comic-Con.

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