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Escohotado: "Al fin entra en crisis la monstruosidad que se aceptó permitiendo la inmersión lingüística"

El filósofo recibe el premio Libertad 1812 del Club Liberal de Málaga.

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Ayer por la noche, apenas pasadas las 20:30, pudimos asistir por streaming desde el Canal de You Tube del propio galardonado - aunque brevemente porque la emisión se cortó a las 20:55 -, al acto del Club Liberal de Málaga en el que se entregó el premio Libertad 1812 al pensador español Antonio Escohotado.

Hace dos años, en su primera edición, el poeta y periodista malagueño, Manuel Alcántara, inauguró la galería de premiados. El año pasado el "Libertad 2012" recayó en un ilustre heterodoxo del pensamiento único y políticamente correcto para los hoy sectores dominantes del panorama nacional, Albert Boadella, cabeza visible de Tabarnia, la Cataluña insurrecta contra el separatismo.

Esta edición ha distinguido muy merecidamente a Escohotado. No sabemos por qué, pero no se oía bien y la cámara temblaba como los barcos en las marejadas. Perdonados quedan por su limitación de medios los forofos de La Emboscadura, que se han propuesto la difusión del pensamiento de Escohotado. Menos mal que tras finalizar el acto han subido una grabación del mismo al canal You Tube del propio premiado, lo que nos ha permitido ver el acto en su totalidad. El sonido no ha mejorado, eso no.


Y ya que hablamos de barcos, hay que decir que, precisamente, era la reproducción de un barco antiguo, tradicional del litoral malagueño nos pareció entender, el símbolo del premio que recibió el filósofo y que debía pesar lo suyo porque cuando lo recibió lo hizo constar ante el jolgorio del público. "Pesa mucho, Dios mío. Es de plomo. Pesa un quintal", dijo.

Desde el principio, sin embargo, pareció que el premio que agradó más a Escohotado fue estar en Málaga delante de quienes admiran su obra. Es más, cuando una coordinadora del acto, cuyo nombre no supimos, insistía en que era el momento de la entrega del premio, el galardonado estaba empeñado en que subiera a hablar alguien del público que se levantó para hacerlo. Seguramente intervino después, pero la transmisión del acto había finalizado.

Este premio, que es bien joven con sólo dos años de andadura, pretende continuar aquella tradición liberal de la Málaga decimonónica y se inscribe en el liberalismo condensado en la Constitución de 1812, La Pepa. Dedicado a homenajear a personas destacadas en defensa de la libertad, era natural que recayera, antes o después, en Antonio Escohotado, uno de los más importantes intelectuales españoles, por su obra en sí que no por lealtades "orgánicas", y uno de los pocos que se ha enfrentado intelectualmente al comunismo como doctrina y a todo tipo de autoritarismo, socialista o no.

Será por eso por lo que aplaudió ayer en Málaga la iniciativa de Podemos de legalizar la marihuana. Según Escohotado, de no haberlo hecho, Pablo Iglesias "habría sido un cagón", insistiendo en que "hay que poner toda la carne en el asador" para lograr que, como en Canadá recientemente, la marihuana quede legalizada.

En rueda de prensa previa que recogió el diario Sur, el distinguido expresó su convicción de la inconveniencia de la prohibición y aludió a las amplias extensiones de terreno de España que podría utilizarse para el cultivo de la marihuana y la creación de decenas de miles de puestos de trabajo.

Refugiándonos en esta comparecencia debido a la casi ininteligibilidad del vídeo en el que se recoge la intervención de Escohotado durante la entrega del premio, añadamos que insistió en un nuevo mandamiento: No perder el tiempo. "No se puede optar por la libertad sin cambiar radicalmente nuestro empleo del tiempo. No podemos perder el tiempo. El hombre y la mujer que ama la libertad tiene que dedicar el 99,9 por ciento de sus horas, sus minutos, sus segundos a la empresa de ser libre, que es bastante jorobada, pero está llena de recompensas, y en mi caso, de reconocimientos".

Como ya es habitual, subrayó que en política no vale ni puede valer todo. Al contrario "es el sitio donde más debemos extremar la elegancia y el sentido crítico antes que la vulgaridad, pero desgraciadamente estamos en una etapa histórica muy determinada y al fin ha llegado la democracia, una democracia liberal, lo que significa que llega con una infinita vulgaridad".

Se refirió también a Cataluña explicando que la situación que se está viviendo es "estimulante, porque al fin entra en crisis la monstruosidad que se aceptó permitiendo la inmersión lingüística". Era sabido su oposición a la independencia de Cataluña, pero ayer matizó que nos había faltado "verle las caras, quiénes eran sus protagonistas y ya se las hemos visto. Con su pan se lo coman. Se les ve muy clarito el plumero. Que vengan las elecciones y verán donde se ponen con las primeras generales que haya", dijo.

Poco antes del acto, añadió que la "sabiduría es la única fuente de placer sostenido", por lo que hay que aprender, estar abierto y ser diligente. Y comenzó su intervención de agradecimiento por la concesión de la distinción diciendo que lo que había querido ser, sencillamente, era ser un hombre libre, educarse por sí mismo, buscarse a sí mismo como dijo Heráclito o expresó Sócrates, más tarde, subrayando que para encontrarse a uno mismo se debía ser uno mismo. Esto es, ser responsable de uno, lo que une su discurso a la defensa de la individualidad responsable frente a toda tiranía o poder.

Como ya es costumbre, y tiene que ver con su última y gran obra, Los enemigos del comercio I, II y III, una antítesis elaborada, puede considerarse, de El Capital de Karl Marx, dedicó buena parte de su intervención durante el acto a la figura y las ideas de Marx sobre las clases sociales, como fundamento de los enemigos de la libertad de los siglos XIX, XX y comienzos del XXI.

Escohotado, pudimos entender, se refirió al Manifiesto Comunista de 1848, año revolucionario en toda Europa, En él, se sentaron las bases del programa comunista de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado. Recordó su ya conocida crítica a la inexistente definición de su categoría fundamental por parte de Marx. Un autor que basó toda su teoría en la oposición de las clases, nunca definió qué eran.

Escohotado explicó que Marx confunde clase con casta o estamento, como en la India, una situación social de la que no se puede salir. Pero la movilidad existió siempre en las sociedades anteriores, pero eso "se le olvida a Marx" como se le olvidó que la mayoría del proletariado estaba compuesto por el campesinado arruinado en favor de la emergente burguesía industrial que tuvo que moverse a las ciudades y al trabajo asalariado. Marx, era de todo "menos un tonto del culo" por lo que esta omisión tuvo que ser fruto de la mala voluntad, consideró.

En tal descubrimiento hizo residir Escohotado uno de los méritos de su trabajo. Marx resume la sociedad de su tiempo en dos clases, habiendo como había muchas más, miles dijo nuestro autor, pero no justificó racionalmente tal afirmación. A pesar de lo cual, defendió ante el mundo que el único socialismo científico era el suyo y que suya era la única manera científica de comprender el desarrollo histórico. Tal teoría fue el comienzo del calvario totalitario de buena parte de siglo XX.

Escohotado, otro que dejó de ser de izquierdas

Hace unos años Javier Somalo y Mario Noya dieron a luz un libro titulado Por qué deje de ser de izquierdas, que fue un éxito editorial. Desgraciadamente, el flamante premio Libertad 1812 no estuvo incluido en aquella primera relación, de la que, tal vez, convendría hacer una edición ampliada.

Antonio Escohotado es alguien que no podría faltar en esa nueva edición porque, como todos los que aparecieron en aquella primera, comenzó siendo de izquierdas, muy de izquierdas, concretamente abducido por la ilusión comunista, y luego desilusionado por las prácticas reales que convirtieron su sueño en pesadilla.

Es ya clásico presentar a Antonio Escohotado como un referente anticomunista, pero es mucho más que ello. Nuestro intelectual tal vez fuera simpatizante del comunismo en buena medida por ardor juvenil, pero no dejó de serlo por razones sentimentales, sino que ha dedicado buena parte de la segunda fase de su vida a mostrar con pulcritud racional y con argumentos bien sólidos por qué Marx y Lenin, por fijar a los responsables básicos, no llevaban razón e incluso fueron malas personas.

Por el contrario, Escohotado siempre se refiere a Eduard Bernstein, llamado por Lenin despectivamente "revisionista" como al "renegado" Karl Kautsky, como fundador del socialismo democrático o evolucionario, opuesto al comunismo y asumidor sin complejos de los ideales esenciales del liberalismo.

Está claro que nuestro autor está lejos de todo dogmatismo, como filósofo cabal que quiso ser, aunque prefirió inicialmente la carrera de Derecho y el Instituto de Crédito Oficial a la tarea del logos. De hecho, podría decirse que defiende la convergencia entre liberalismo y socialdemocracia o socialismo democrático, que considera dos caras de la misma moneda. Es más, con el ya citado Bernstein, cree que la socialdemocracia, con acento en la democracia, es la consecuencia natural del liberalismo.

En otras ocasiones, Escohotado ha insistido en el dolor que le produjo abandonar sus primeras ideas que le llevaron a militar en el comunismo y pasar por las cárceles de Franco, un pequeño dictador si lo comparamos con los grandes monstruos del siglo XX, de Stalin a Hitler. Nunca es fácil comprender que uno ha estado en un error durante muchos años y rehacer la vida a partir de esa conclusión. Siempre cabe la pregunta, claro, de si ahora, nuevamente, puede estarse en un error, como malévolamente le espetó el podemita Juan Carlos Monedero en una entrevista.

De todos modos, reducir la figura de nuestro ilustre colaborador a la política cotidiana, o meramente a la cuestión política en general, es un error y una injusticia. En realidad, Escohotado no ha temido enfrentarse a la filosofía, especialmente al más abstruso de sus cultivadores, el mismo Hegel, de donde bebe en sus nociones de libertad y necesidad, tema para futuros tratamientos.

En sus libros no económico-políticos, Escohotado siempre está atento a la cuestión de la realidad y de la libertad. En sus palabras, la libertad consiste en ser realistas, en reconocer el peso inmenso de la realidad por lo que el liberalismo, consecuentemente, es realista, e incluso pragmático. Lo que ocurre es que la realidad, no sólo se percibe y se dice de muchas maneras como el ser de Aristóteles, sino que cambia a partir de sí misma y de nuestras percepciones además de ser pasto, por ello mismo, de las más atrevidas demagogias.

Por haberse enfrentado a tan grandes cuestiones y haber optado, tras su examen, por un posicionamiento liberal, en su sentido más general, merece naturalmente este premio malagueño y muchos otros. Y, además, lo ha hecho y lo hace todo desde una modestia que hacer parecer que años de estudio y reflexión son fáciles, que no lo son. Créanlo.

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