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Juan Manuel González

Crítica: 'Historia de un matrimonio', con Scarlett Johansson y Adam Driver

Scarlett Johansson y Adam Driver protagonizan Historia de un matrimonio, una película cuyo título engaña.

Juan Manuel González
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Scarlett Johansson y Adam Driver protagonizan Historia de un matrimonio, una película cuyo título engaña.
Historia de un matrimonio | Netflix

Lleva Noah Baumbach un par de películas (The Meyerowitz Stories y la aquí presente) ejercitando un músculo notable que solo se logra cuando la madurez golpea a un cineasta asentado. Y no, no nos referimos a que tanto una como la otra hayan sido producidas (al igual que El Irlandés de Scorsese) por Netflix, la plataforma de streaming que está jugando al juego de los grandes estudios concitando un notable número de talentos cinematográficos a su alrededor, estrenando películas de manera testimonial para, dos semanas después, retirarlas de las carteleras para aprovechar el tirón de su estreno doméstico. Cineasta de la generación, tono (y círculo) de las a menudo temibles Greta Gerwig (su esposa) o Sofía Coppola, así como de otros niños traviesos del indie de los grandes estudios como Wes Anderson, el cine de Baumbach, a quien podríamos definir con total irresponsabilidad como un "joven Woody Allen", lleva sin embargo camino de trascender su propia etiqueta sin a la vez traicionar sus postulados: el retrato de las irresolubles dificultades que plantea la vida civilizada, en esta ocasión el final del matrimonio interpretado por dos artistas bohemios como los interpretados por Adam Driver y Scarlett Johansson.

Historia de un matrimonio podría titularse perfectamente Historia de un divorcio. Tras un prólogo cándido y divertido, pero que enciende todas las alarmas cursis, Baumbach nos introduce en la dialéctica de una ruptura matrimonial casi consumada. Nicole y Charlie, una actriz y un dramaturgo de prestigio, deciden que ya basta y que cada uno vivirá el resto de su vida por su lado: ella interpretando una serie en Los Angeles y él representando sus obras en Nueva York. La película va creciendo y creciendo, haciéndose progresivamente más dura pero sin perder un sentido del humor en ocasiones muy negro, sin resultar condescendiente ni cargar las tintas allí donde podría hacerlo (uno de los mejores y más generosos gestos de Baumbach es convertir a los abogados en alivios cómicos y no en villanos, cuando toda la fuerza motriz de la película empuja a ello). El autor ofrece a sus dos estrellas la mejor oportunidad para reivindicarse que han tenido en una larga temporada de blockbusters... y tanto Driver como Johansson cumplen con creces, aunque sea el primero el que, como un verdadero demonio, se acabe llevando la victoria en esa inexistente competición de quién está mejor. Una nominación al Oscar para cada uno de ellos sería el premio ideal.

Historias de un matrimonio empieza donde acabó La La Land. Es una obra madura, cálida pero incómoda. Incluso las escenas más abiertamente cómicas en su acepción más mema (afortunadamente Baumbach no va de subido) nacen de una tensión latente. El director organiza su narración en largos capítulos que 1) permiten profundizar en el punto de vista de cada personaje, y 2) ver a cada uno a través de los ojos del otro. El resultado es un combate entre dos personas que saben que van a perder por un bien mayor, su hijo; que ven cómo se desdibuja su figura y sus aspiraciones una vez el sistema depredador entra en escena para gestionar la separación. Solo en sus ocasiones arrebatos románticos, Baumbach se permite apelar al melodrama lacrimógeno pero, cuando llega, casi supone un respiro, una liberación arrebatadora (ver la lágrima furtiva de ella en la cama o aquel momento en el que él descubre la carta con la que se inicia la película). Esta nueva Kramer contra Kramer, o si quieren Escenas de un matrimonio, por situar esa referencia a Bergman con la que también jugó Woody Allen, evita todo cinismo en la descripción de los roles de este fallido matrimonio, pero a la vez apela al sentido común en ese cambio en las corrientes de convección de los roles masculinos y femeninos que atravesamos ahora. Todo se resume en un bello fundido tras una de las conversaciones telefónicas de la pareja, que nos lleva de la invernal pero cordial Nueva York a la cálida pero impersonal Los Angeles. Historias de un matrimonio es una de esas películas que marcan el fin del sueño de un bohemio intelectual, que deja a los personajes (y al espectador) en una posición de vulnerabilidad extrema para después impulsarlos hacia su propio futuro... y todo ello sin perder el sentido del humor. Excelente.

Historia de un matrimonio se estrena en cines limitados el 21 de noviembre, y en Netflix el 6 de diciembre.

Redactor de Chic. Colaborador de Es la Mañana de Federico y Es la mañana de fin de semana.

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