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Francisco de Miranda, el constructor de utopías

Miranda fue un ingeniero social. Creía que se podía aplicar la razón para ordenar la sociedad, y evitar tanto la opresión como la anarquía combinando con éxito el orden y la libertad

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La integración de las provincias liberadas en una sola nación independiente, Colombia, fue la gran utopía creada por Miranda. Ese fue el afán de aquel caraqueño nacido en 1750 que acabó siendo el Dictador Plenipotenciario y Jefe Supremo de los Estados de Venezuela. Y es que aquel convulso final del siglo XVIII le permitió a Miranda vivir el proceso de independencia de las Trece Colonias inglesas en América del Norte, y luego marchar a Francia, donde llegó a ser mariscal con los girondinos, y vivir su Revolución. ¿Cómo no querer la incorporación de la patria a ese movimiento de ideas que entonces se vinculaba al progreso y al humanitarismo?

Miranda fue el primero en exponer la tesis de la unidad política y cultural del continente americano, que fue desde el principio una utopía. Para ello, y como hombre de su tiempo, repitió algunas de las ideas básicas de la Ilustración, como la preeminencia de las virtudes de la razón, el orden como fuente de bienestar, y la fe en el progreso ilimitado del hombre. La base de sus planes de gobierno y de sus proyectos constitucionales fue la noción de "libertad racional". Era un ingeniero social. Creía que se podía aplicar la razón para ordenar la sociedad, y evitar tanto la opresión como la anarquía combinando con éxito el orden y la libertad. Para ello era preciso, decía Miranda, ajustarse a las condiciones particulares del territorio, a las necesidades y costumbres de sus gentes, y concentrar ese poder creador en manos de unos pocos. Roussoniano, como muchos otros, creía que era el Estado el que confería y delimitaba los derechos a los individuos para construir una Comunidad de iguales, a lo Babeuf.

De su experiencia en la América inglesa, en Gran Bretaña y Francia, Miranda llegó a plantearse la creación de la utopía de cuatro formas distintas entre 1790 y 1808, pasando de una idea monarquía parlamentaria para la América meridional, de corte británico con elementos de las instituciones romanas, a un sistema republicano. De esta manera, Miranda propuso la creación de una monarquía hereditaria a cuyo frente estaría el llamado "Inca" o Emperador, que dominaría el territorio que se extiende desde la ribera sur del Mississippi hasta Cabo de Hornos. El Inca asumiría gran poder: elegiría una Cámara de Caciques, como senadores vitalicios, y nombraría a su gusto a los jueces. Junto a estas instituciones, situaba una Cámara de Diputados de elección popular.

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Francisco de Miranda

Miranda concibió luego, en su Proyecto de Gobierno Federal de 1801, un poder ejecutivo restringido a "uno o dos hombres de bien" que estuvieran "apoyados por seis ministros" para gobernar el "Continente Colombiano". Pasó así de una monarquía hereditaria a una república electiva bicéfala, en la que dos Incas serían elegidos por una Dieta Imperial que los convertiría en personas “sagradas e inviolables el tiempo de su magistratura”. Cuando llevó este proyecto en 1812 a una comisión encargada de elaborar la Constitución de la nueva República de Venezuela, fue rechazado. Los criollos de Caracas no quisieron saber nada de sus planteamientos, y prefirieron una federación de provincias similar a la de EEUU, en lugar de la centralización propuesta por Miranda.

La tesis de la unidad cultura y política de la América meridional para crear un solo Estado sudamericano independiente fue la obsesión de Miranda. Se dirigió al Cabildo de Buenos Aires, al Perú, Quito y Chile, para la unión de "nuestra América" en una "sola patria". El objetivo era crear un "gran potencia" que asegurara la libertad y la independencia: “Colombia”, un término que inventó en honor a Colón. La argumentación para la unidad era simple. A todos les unía la opresión de la “monstruosa tiranía” española. Todos habían sido “injuriados del mismo modo”. A esta concepción victimista que llamaba a la identificación del enemigo para la creación de una nación imaginada, sumaba las virtudes típicas del republicanismo del XVIII –honestidad, laboriosidad, sacrificio, modestia…- como constituyentes de la naturaleza americana. Además, decía Miranda, les unía la comunidad de lengua, religión y costumbres, heredadas de los españoles, sin duda, y que en sensu stricto solo tenían los criollos. En esa construcción imaginaria y utópica del movimiento político escribió en 1813:

Llegó el tiempo ya de echar a los bárbaros que nos oprimen, y de romper el cetro de un Gobierno ultramarino. Acordaos de que sois los descendientes de aquellos ilustres indios, que no queriendo sobrevivir a la esclavitud de su patria, prefirieron una muerte gloriosa a una vida deshonrosa. (…) Muriendo víctimas de la libertad pública.

El mecanismo para la utópica Colombia que ideó Miranda estaba copiado de la revolución norteamericana: la convocatoria de un Congreso continental, con representantes de todas las provincias, y como órgano supremo constitutivo. De esta manera, fue Miranda el primero en proponer Panamá como sede de Congreso, en 1809, esperando la derrota de los españoles en la metrópoli frente a los franceses. De hecho, fue quien sugirió que la capital de Colombia se llamara "Colombo" y se construyera en el Istmo. Y al igual que los republicanos franceses quería que se iniciara una nueva era: la "Era Colombiana". La idea "panameña" fue retomada por Bolívar en 1815, en su “Carta de Jamaica”, y que se concretó en 1826, aunque no para constituir una sola república, sino para establecer alianzas entre Estados independientes.

Miranda fue elegido diputado en el congreso constituyente venezolano de 1811, y firmó el Acta de la Declaración de Independencia. Pero el fácil avance de las tropas realistas, la impopularidad del proceso independentista, la rebelión de los esclavos, y las continuas deserciones, hicieron que el Triunvirato ejecutivo le nombrara Dictador Plenipotenciario y Jefe Supremo, con el cargo de Generalísimo. Sin embargo, capituló ante el ejército español, lo que fue tomado como una traición, y Bolívar lo apresó cuando estaba a punto de embarcarse en La Guaira. Quiso fusilarlo, pero los venezolanos fieles a la metrópoli lo entregaron a los españoles para salvar su vida. Pasó por varias cárceles, pero ya no salió.

La construcción utópica de la Colombia de Miranda, fundada en la transformación de una realidad geográfica y social determinada en una comunidad perfecta, armoniosa, libre y feliz, fue hija de su tiempo sin reflejo en la realidad. La frustración de la utopía incumplida aún perdura, como sigue la lucha por la libertad que animó a Miranda, aunque su enemigo de hoy, Maduro, haya nacido en la "Gran Colombia".

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