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Ficción Sonora: Vivian Maier, 100 años de la misteriosa niñera fotógrafa

El Teatro de la Mañana de Es La Mañana de Fin de Semana ofreció una nueva ficción sonora sobre Vivian Maier, la fotógrafa niñera o niñera fotógrafa

Vivian Maier, la misteriosa niñera fotógrafa | Vivian Maier

Con la fantástica compañía de actores de esRadio, El Teatro de la Mañana de Es La Mañana de Fin de Semana abrió su tupido telón para interpretar un nuevo teatro radiófonico sobre la misteriosa niñera fotógrafa Vivian Maier. ¡Dale al play!

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Vivian Maier, la misteriosa niñera fotógrafa

Vivian Maier, la desconocida niñera fotógrafa

Vivian Maier es ahora reconocida como uno de los grandes nombres de la fotografía callejera estadounidense del siglo XX, pero dicha popularidad le vino tras fallecer el 21 de abril del año 2009. ¡Al más puro estilo Van Gogh!

En vida, para los suyos Vivian Maier no fue más que una peculiar niñera apasionada por la fotografía. Con su cámara Rolleiflex siempre colgando del cuello, Vivian retrató la vida urbana estadounidense de mediados y finales de siglo XX sumando miles y miles de carretes, algunos revelados y otros sin revelar.

Descubrir a una artista

Alrededor del año 2005 un joven documentalista de Chicago, John Maloof, encontró en una subasta de almacenes varios carretes sin revelar que, a priori, parecían ser de calidad. Sin pensarlo demasiado, apostó y, por poco más de 400 dólares, se hizo con sus primeros Maier originales.

Cientos de carretes sin revelar de Vivian Maier

Pasaron los meses, los años y en 2007 comenzó a procesar las fotografías. El resultado le dejó totalmente sorprendido, las impresiones eran de tal calidad. El encuadre, los contrastes, los temas, ¡eran estupendos! Entonces, se interesó por el autor. ¿Quién sería? Investigó e investigó y dio con un nombre: Vivian Maier.

Enseguida buscó en Internet: "Vivian Maier". Nada. Sin resultados. Al tiempo, tras adquirir mucho más de su material en subastas volvió a intentarlo: "Vivian Maier", escribió. Y un resultado, su obituario:

"Vivian Maier, nativa orgullosa de Francia y residente en Chicago los últimos 50 años, falleció en paz el pasado lunes. Segunda madre para John, Lane y Matthew. Un espíritu libre y cándido que tocó mágicamente las vidas de todos los que la conocieron. Siempre dispuesta a dar su consejo, opinión y mano amiga. Crítica cinematográfica y fotógrafa extraordinaria. Una persona realmente especial cuya pérdida será muy sentida, pero cuya larga y maravillosa vida todos celebramos y siempre recordaremos".

John Maloof logró un número de teléfono. Marcó y, tras unos toques de señal:

—¿Sí? —contestaron al otro lado.

—Buenos días. Pregunto por Vivian Maier.

— ¿Vivian Maier? Fue mi niñera.

Vivian Maier autorretratándose con una de las niñas a su cargo

Este fue el comienzo de un largo proceso de investigación que llevó a Vivian Maier del más absoluto desconocimiento a un hueco entre la idiosincrasia de la fotografía callejera estadounidense. Ahora bien, ¿quién fue Vivian Maier?

Unos inicios turbulentos

El 1 de febrero de 1926, 100 años atrás, nacía en Nueva York un bebé llamado Vivian Maier. Descendiente de inmigrantes franceses y alemanes, Vivian apenas conoció a su padre, Charles Maier, un alcohólico y apostador. La joven creció con su familia materna, los franceses Jaussaud, acompañada por su abuela Eugénie y su madre Marie.

A finales del siglo XIX, la entonces joven abuela quedó embarazada por un mozo de cuadras del pueblo Saint-Bonnet y dio a luz a una hija ilegítima que traería vergüenza a su familia y a sí misma. Expuesta, vulnerable y apartada, Eugénie emigró a los Estados Unidos en busca del porvenir y dejó atrás a su recién nacida, que crecería y conviviría siempre con el estigma de ser una hija bastarda.

A los años, Eugénie se labró un colchón económico que le permitió llevarse consigo a las Américas a su joven descendiente. Y es así cómo se fraguó el inicio de un trauma generacional cuyo impacto afectaría a nuestra protagonista, Vivian Maier.

Marie Jaussaud, madre de Vivian Maier en 1951

Muchos son los aspectos desconocidos de la vida de Vivian, pero de lo que no hay duda es de que sus años infantiles fueron felices y, a su vez, muy impactantes. Al poco de nacer, su madre recibió una ansiada carta. Por fin, su padre (el abuelo de Vivian) reconoció la legitimidad de su nacimiento y, sin dudarlo, Marie Jaussaud hizo las maletas y embarcó en un viaje a su Saint-Bonnet natal, en los Alpes franceses, acompañada por su hija.

Con 6 años, en 1932 la pequeña Vivian cambió los altos rascacielos por las bellas montañas y el bullicio neoyorquino por el agradable canto de los pájaros. Hasta 1938, la jovencilla pasaría su infancia rodeada por naturaleza, parientes, niños y juegos. Y todo apunta a que fue entonces, en el pequeño pueblo de Saint-Bonnet, donde entró en contacto con la fotografía por primera vez, gracias a su madre.

La región francesa de Champsaur por Vivian Maier

En aquella época, las cámaras salían a relucir cuando acontecían importantes eventos en la vida de las gentes. Bodas, comuniones, funerales y nacimientos y fue precisamente esto último lo que impulsó a Marie Jaussaud, madre de Vivian, a sacar su pequeña cámara de cajón. Este pudo ser el inicio de un interés que duraría toda una vida.

Fin de la niñez y regreso a Nueva York

Vivian Maier siempre sostuvo que su regreso de Francia en agosto de 1938 significó el final de su niñez e inicio de la edad adulta.

Con 12 años, Vivian retornó a un país que ahora le era extraño y a un idioma que había olvidado. Todo apunta a que su familia la ignoraba y fue nuestra protagonista la que tomó entonces las riendas de su educación Cines, teatros, revistas, libros, programas. Todo le servía a Vivian para culturizarse y labrarse una educación mucho más formada que la de tantos niños escolarizados.

Con 16 años comenzó a trabajar en una fábrica clandestina de muñecas, aprendió allí a coser y zurcir. Comprendió la importancia de la calidad de las telas y supo también que nunca jamás querría emplearse en un trabajo semejante. Opaco, oscuro y apretado, estos años debieron de ser duros para nuestra pronto fotógrafa... Que esa es otra pregunta, ¿cuándo inició su aventura fotográfica?

Vivian Maier con 24 años iniciando su carrera fotográfica en Francia

El nacimiento de una fotógrafa

Tras el fallecimiento de su abuela y haber heredado un sólido colchón económico, Vivian Maier, con 24 años, tomó la decisión de cruzar el Atlántico en barco y volver a Saint-Bonnet, Francia, en abril de 1950, ¡con una cámara de cajón!

De dónde salió esa cámara, eso es un misterio por resolver como tantos otros en la biografía de Vivian Maier. Lo que se sabe con certeza es que fue en los Hautes-Alpes donde inició sus aventuras fotográficas y, durante un año, realizó más de mil negativos de paisajes, viandantes, escenas familiares... Todo ello con una personalidad visual marcada desde el inicio.

Una de las primeras fotografías tomadas por Vivian en su carrera

En Saint-Bonnet se fraguó una bella amistad con el dueño de la tienda de fotografía del pueblo, Amédée Simon, y es precisamente en su correspondencia con el tendero donde encontramos que la joven Vivian Maier sí tenía intención y deseo de profesionalizarse.

Al regresar en la primavera de 1951 a los Estados Unidos, Vivian apenas se separaría de su cámara. La duda es... ¿Por qué nunca llegó a materializarse dicho deseo?

Los niños y su vitalidad fueron uno de los temas más recurrentes de su fotografía

Una niñera de lo más peculiar

A su regreso de Francia, Vivian comenzó a emplearse como niñera por los barrios de Manhattan. En sus inicios, dichos trabajos eran breves, de un año o dos, pero le daban a Vivian una fantástica oportunidad de ganar dinero y tener tiempo para sí. En los paseos con los pequeños, que eran mucho, la niñera fotógrafa estaba siempre ojo avizor... A la caza del retrato.

Los niños, ahora mayores, relatan que, la niñera de pronto se paraba, caminaba un poco, observaba y ¡CLAC! Foto al canto.

Retrato de dos tortolitos en Nueva York, 1953

Aún enlazando trabajos, niños y familias, Vivian no dejaba de fotografiar. Pero, ¿por qué no se profesionalizó?

Cabe destacar que las duras vicisitudes que la pobre Vivian sufrió en su infancia – y tantas otras que nunca conoceremos – la hicieron fraguarse un temperamento algo extraño. Distante, fría, andrógina y misteriosa, Vivian erigía entre sí y los demás un muro infranqueable que ni los amigos más íntimos podían atravesar. Cambiaba su nombre, su acento, su historia, todo para ocultar una identidad que, sin embargo, en las fotografías reluce con todo esplendor.

El contraste siempre fue una de sus máximas como fotógrafa

En 1956 Vivian se trasladó a Chicago y se empleó con la familia Gensburg, con la que estaría once años en total. Durante más de una década Vivian retrató la vida suburbana de las familias estadounidenses con el mismo acierto y gracejo que en sus años anteriores, pero, en 1967, cuando tocó partir, algo cambió dentro de Vivian.

Vivian Maier a color

Una salud mental comprometida

A lo largo de la década de los 60, Vivian empezó a mostrar comportamientos de acumulación compulsiva. Poco a poco, los objetos comenzaron a significar cada vez más para ella. Era reacia a compartir sus fotografías y le obsesionaba coleccionar periódicos en todos los rincones de la casa para revisar y recortar.

Los psicólogos que han analizado la figura de Vivian coinciden en que la fotógrafa pudo haber sufrido un trastorno esquizoide que, al contrario que la esquizofrenia, no rompe con la realidad, sino con las personas. También argumentan que, sus comportamientos esquivos y su profundo temor al contacto físico de los hombres son consistentes con la presencia de abusos físicos y sexuales en su vida.

A través de los autorretratos, Vivian Maier exploraba su identidad

Insisto, son muchos los aspectos de la biografía de Vivian Maier que se desconocen, pero sí se sabe que, a partir de 1967, estos desequilibrios de salud mental se agravaron progresivamente. Cada vez su acumulación era mayor y, de vez en cuando, sus comportamientos eran erráticos e, incluso, agresivos. Son varios los niños que recuerdan los agresivos castigos de su niñera que, aún pocos, impactaron en su joven psique.

Se comprende entonces que, la de Vivian, era una personalidad particular que escondía un cúmulo de traumas y graves acontecimientos que nos son desconocidos.

La cámara como anclaje

Contrasta sin duda su dificultad de conexión con las personas de su entorno con la profunda humanidad, sentimiento y compresión de la esencia humana que se revela en sus fotografías. Era, por tanto, a través del obturador por dónde la niñera fotógrafa podía aproximarse al mundo y a los demás guardando una prudente distancia de seguridad.

Los admiradores de su obra destacan la notable habilidad de la fotógrafa para transmitir la universalidad de la condición humana. Y solo una persona con un profundo sentimiento puede lograr tal hazaña, aunque su racionalidad y conciencia le impidan conectar en otro plano.

A través de la cámara, Vivian Maier era capaz de conectar con el mundo que le rodeaba

Como digo, la salud mental de Vivian empeoraba año a año. En la década de los 70 y 80 encadenó trabajos más breves como niñera e institutriz en los que duraba poco ya sea por las consecuencias de su trastorno de acumulación o porque los niños se hacían mayores. En los 90 cuidó ancianos y, finalmente, en 1996 Vivian Maier se jubiló a regañadientes con 70 años de edad.

En 1999 dejaría la fotografía para siempre y, diez años después, el 21 de abril de 2009 con 83 años Vivian Maier falleció. Como saben, la historia de la misteriosa niñera fotógrafa no terminaría entonces. Más bien, empezó para nosotros pues, siete meses tras su muerte, John Maloof viralizó por todos los rincones de Internet su obra. Un interés desmesurado que dura hasta el día de hoy.

La compañía de actores de El Teatro de la Mañana

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