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Hemingway y Bach, el tesón y la soledad del viejo y la gaviota

No hay que rendirse jamás. Dos de los personajes marítimos más famosos de la historia de la literatura llevan el tesón en la sangre.

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Hemingway y Bach, el tesón y la soledad del viejo y la gaviota
Hemingway y Bach | Libertad Digital

El mar de la orilla al horizonte es hábitat y país. Es patria. Los escritores norteamericanos, ambos de Illinois, Ernest Hemingway (1899-1961), con El viejo y el mar, y Richard Bach (1936) y su Juan Salvador Gaviota, nos nacionalizaron ciudadanos de la arena, la sal y el viento. Fuimos anciano pescador y tozuda gaviota. A los dos personajes les une la soledad, el diálogo interior y su camino personal. Inolvidables y emocionales novelas para leer recostados en roca porosa, con el ruido ensordecedor e incansable de fondo.

El viejo y el mar

Hemingway con un pez como el de la novela

El viejo y el mar (1952) fue el último texto de ficción que escribió Hemingway. En 1953 recibió el Premio Pulitzer y en 1954 el Nobel de Literatura. La historia es la de un pescador que busca desesperadamente su presa, "—No soy religioso —dijo—, pero rezaría diez padrenuestros y diez avemarías por pescar este pez, y prometo hacer una peregrinación a la Virgen del Cobre si lo pesco. Lo prometo".

Así describe Hemingway al protagonista: "Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos".

"Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes, los que usaban boyas y flotadores para sus sedales y tenían botes de motor comprados cuando los hígados de tiburón se cotizaban alto, empleaban el artículo masculino, le llamaban el mar. Hablaban del mar como de un contendiente o un lugar, o un enemigo. Pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer".

Hemingway con el pescador canario Gregorio Fuentes, inspiración del protagonista

Y otro de los momentos más hermosos del libro: "Miró por sobre el mar y ahora se dio cuenta de cuán solo se encontraba. Pero veía los prismas en el agua profunda y oscura, el sedal estirado adelante y la extraña ondulación de la calma. Las nubes se estaban acumulando ahora para la brisa y miró adelante y vio una bandada de patos salvajes que se proyectaban contra el cielo sobre el agua, luego formaban un borrón y volvían a destacarse como un aguafuerte; y se dio cuenta de que nadie está jamás solo en el mar."

Juan Salvador Gaviota: prácticas de vuelo sobre el mar negro

Juan Salvador Gaviota (Jonathan Livingston Seagull), (1970) del escritor norteamericano Richard Bach es una fábula sobre la libre albedrío, el control mental, la comunión entre mente y cuerpo o el esfuerzo por lograr la perfección. Su mar hace daño, es "duro como un ladrillo". Juan Salvador Gaviota estuvo 38 semanas en el primer puesto en la lista New York Times de bestsellers. Bach, piloto aun con casi 80 años, solo admite una religión, la de volar.

Richard Bach

Hacemos las presentaciones con permiso de Bach:

"-Para comenzar -dijo pesadamente-, tenéis que comprender que una gaviota es una idea ilimitada de la libertad, una imagen de la Gran Gaviota, y todo vuestro cuerpo, de extremo a extremo del ala, no es más que vuestro propio pensamiento."

El día a día para Salvador Gaviota:

"Amanecía, y el nuevo Sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos".

Caer, levantarse. Volver a caer y de nuevo en pié:

"Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un… sólo… centímetro… más… Se encresparon sus plumas, se atascó y cayó".

Bach y el director Hall Bartlett en el set de 'Juan Salvador Gaviota'

"Subió a setecientos metros sobre el negro mar, y sin pensar por un momento en el fracaso o en la muerte, pegó fuertemente las antealas a su cuerpo, dejó solamente los afilados extremos asomados como dagas al viento, y cayó en picado vertical".

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