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Lucía Megías rompe el mito en 'La Juventud de Cervantes'

El catedrático y cervantista presenta una biografía centrada en los primeros 33 años de la vida del autor de El Quijote.

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Lucía Megías rompe el mito en 'La Juventud de Cervantes'
Retrato de Cervantes | Corbis

Miguel de Cervantes, antes de ser el español más universal y el padre de la literatura moderna, fue sólo un muchacho, procedente de una familia humilde, con una vida "por construir". José Manuel Lucía Megías presenta La juventud de Cervantes, una vida en construcción (Editorial EDAF), que trata de poner cordura a la disparidad de datos sobre los primeros años del escritor, quien a día de hoy, sigue siendo un gran desconocido. Se centra en los primeros 33 años de la vida del autor de las Novelas Ejemplares, desde su nacimiento en 1547 a su vuelta del cautiverio en Argel en 1580.

José Manuel Lucía "desnuda" al mito de Cervantes para "descubrir" al hombre, quitándole la capa de personaje que el propio escritor se diseñó. Primero, sitúa al autor en su época, y a partir de ahí, desarrolla cómo se ha ido construyendo un personaje y un mito a lo largo de los siglos. Y todo parte de muchos "por qué". "Me fui preguntando ¿Por qué quiso estudiar con Lope de Hoyos? ¿Por qué quería entrar en la corte? ¿Por qué va a los tercios italianos? ¿Por qué quiere regresar a Madrid? Quería ver, no el ser excepcional, sino a la persona concreta que fue", explicó el autor en su presentación. A partir de ahí, desgrana los primeros años del autor de El Quijote, desde su infancia, sus estudios, su etapa de soldado, el cautiverio en Argel y su regreso a España solicitando "su merced".

Dice Lucía Megías, en una primera carta al lector con la que arranca el libro, que ha indagado "en el joven Miguel que va en busca de un trabajo que ha de vincularse al nuevo espacio que los letrados están conquistado día a día en la corte", para seguir por la "carrera militar que comienza en 1570 y que se estrena en una de las batallas más recordadas, la de Lepanto, en la que recibió tres arcabuzazos". Y todo, desde una propuesta "para todos los públicos por su lenguaje, su tono y sus imágenes". De hecho, el libro cuenta con numerosas ilustraciones, incluso algunas desplegables, muy cuidadas y didácticas, que dotan al libro de un valor añadido.

Lucía Megías ha hecho un trabajo "policíaco" para situar a Cervantes en su época, sin perder en carácter científico y teniendo en cuenta las cientos de biografías que se han escrito desde 1738. "Algunos cervantistas dejarán de hablarme después de esta biografía", bromeó. Porque no habla del Cervantes heroico de la batalla de Lepanto, por ejemplo, sino que habla del hombre que tuvo "la suerte de sobrevivir como otros tantos miles de soldados".

Su estancia en Argel

El cautiverio de Cervantes comenzó en septiembre de 1575. Cuando llegó a aquellas tierras procedente de Napóles, no podía esperar que esa estancia se convirtiera en un eje principal en su vida. El escritor sacó su vena de estratega y se dedicó a ser un "superviviente". Argel era la ciudad más cosmopolita del momento, con 120 mil habitantes, 50 por ciento de ellos renegados, cristianos convertidos al Islam. "Era un lugar de oportunidades". En este escenario, Cervantes "se aprovechó de los medios a su alcance para conseguir dinero e influencias. Hizo del cautiverio una profesión", describe Lucía Megías.

La juventud de Cervantes revela cómo, entre los muchos trabajos que tuvo mientras esperaba a que su familia recabase el montante necesario para pagar su rescate, fue passeur, es decir, la persona que ayuda por dinero a otros cautivos a conseguir su libertad. "Sabemos que hubo cuatro intentos de fuga y en todos siguió el mismo patrón. Nunca ayuda a gente normal, sino a gente con posibles; y cuando fracasa, siempre se hace responsable de la fuga pero nunca recibe castigo por ello", cuenta el autor de esta biografía.

Esto le proporcionó a su vuelta a España un rico repertorio de experiencias y aventuras vividas, muy útiles para su labor literaria, pero también contactos entre personas muy influyentes que de seguro estarían agradecidas, una ayuda extra para su propósito de entrar en la corte de Felipe II.

¿Qué aspecto tenía Cervantes?

A pesar de que todos hemos visto alguna vez un retrato del creador de La Galatea, resulta que "no conocemos nada de su aspecto". Según recoge La Juventud de Cervantes, solo contamos con dos descripciones físicas de Miguel de Cervantes. Una de 1580, que aparece en el Libro de redención de los padres trinitarios (bien barbado, mediano de cuerpo y estropeado del brazo y mano izquierda); y la que hace Lope de Vega: "Reveló que llevaba gafas, es un dato objetivo, pero así nunca aparece en el imaginario que conocemos".

"Las Academias están furiosas; en la pasada se tiraron dos bonetes dos licenciados; yo leí unos versos con unos anteojos de Cervantes que parecían huevos estrellados mal hechos". Lope de Vega.

La búsqueda de sus restos

El libro termina con un episodio polémico que demuestra que "Cervantes sigue más vivo que nunca", la búsqueda de sus huesos, una operación con la que José Manuel Lucía Megías es bastante crítico. Cree que se hizo mal desde un principio por no contar con expertos cervantistas y que fue "la gran oportunidad perdida de hacerle el verdadero homenaje". Se refiere a recuperar el Barrio de las Letras, algo parecido a lo que los ingleses hicieron con Shakespeare en Stratford-upon-Avon, y no sólo a limitarse a poner una placa en el Convento de las Trinitarias. "Es una parte esencial de nuestra cultura, es el barrio donde se fraguó el Siglo de Oro", admite con determinación. Precisamente, Lucía Megías quiso presentar su libro en el restaurante Casa Alberto, en la calle Huertas, que se levanta en el mismo lugar donde Cervantes escribió Viaje del Parnaso.

Catedrático, escritor, presidente honorario de la Asociación de Cervantistas, José Manuel Lucía Megías es además el Comisario de la exposición "Miguel de Cervantes. De la vida al mito" que inaugurará la BNE a partir del 3 de marzo, uno de los principales reclamos del programa IV Centenario de la muerte de Cervantes. Ha trabajado sobre la iconografía quijotesca y es el autor de dos monografías: Los primeros ilustradores del Quijote (2004) y Leer el Quijote en imágenes (2007).

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