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Los misterios de Barcelona

El jueves 17 de noviembre se publicó El laberinto de los espíritus, el último tomo de la saga de Carlos Ruiz Zafón. 

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Los Libros: 'El laberinto de los espíritus' Es la Mañana de Federico

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El jueves 17 de noviembre se publicó El laberinto de los espíritus, el último tomo de la saga El cementerio de los libros olvidados, de Carlos Ruiz Zafón. Resumo algunas claves.

La saga: Comprende cuatro volúmenes: La sombra del viento (2001); El juego del ángel (2008); El prisionero del cielo (2011) y El laberinto de los espíritus (2016). Este último ha aparecido con una tirada inicial de 700.000 ejemplares: un caso único, en el mercado editorial español.

El autor: Publicó primero novelas juveniles; luego, guiones, en Estados Unidos, donde reside. Al presentar este libro, ha declarado: "Lo que está ocurriendo en Estados Unidos (la elección de Donald Trump) me preocupa más porque afectará globalmente a muchas personas. El procés, en cambio, es un problema político que se puede solucionar con el diálogo". Un buen deseo.

El género: Encaja claramente en el best-seller de qualité, como las novelas de Umberto Eco y Pérez Reverte, por ejemplo. Posee una dignidad literaria.

Los modelos: Sigue el modelo clásico del folletín de misterio: Dumas, Sue, la novela "de peseta"; también, los grandes autores en los que esto influye (Dickens). En la tercera, se divierte reescribiendo Los Miserables. En la cuarta, cita Los misterios de París (p. 621). Podría haberse titulado "Los misterios de Barcelona".

Como en el folletín clásico, se encadenan con ritmo vivo las aventuras y se utilizan ciertos recursos narrativos: niños robados, falsas identidades, reconocimientos gracias a marcas ocultas…

A la vez, abundan las referencias culturales. Al cine clásico: Johnny Guitar, La mujer pantera; aquí, a Kim Novak. A la canción: boleros, Juan Manuel Serrat. Y a la literatura clásica: Bécquer. Curiosamente, ahora asoman dos ideas típicas de Unamuno: tú eres el que quieres ser; "existimos mientras alguien nos recuerda" (p. 915).

El cementerio de los libros olvidados

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Es un hallazgo, que da título a la serie: "Salas, bifurcaciones y puentes, que conducían a cámaras ocultas atravesadas por escaleras en espiral o pasarelas suspendidas que trazaban arcos y contrafuertes. Por el camino, los cientos de miles de libros que esperaban hallar su lector" (p. 709).

La idea tiene claros ecos de Borges (el mundo como biblioteca) y de Umberto Eco (la biblioteca de El nombre de la rosa); la imagen, de los grabados de Piranesi. Resulta atractivo para muchos lectores.

Un mar de historias

Como en tantos folletines, se encadenan las historias melodramáticas. Los personajes son tantos que recomiendo al lector que se haga un cuadro con las relaciones (verdaderas o falsas) entre ellos: en realidad, un mapamundi de este universo.

Se recorren muchos lugares atractivos de Barcelona (la calle Petritxol, Casa Leopoldo, la Barceloneta… ) de una ciudad elevada a mito literario: "Barcelona perdonaba muchas cosas pero nunca el mal gusto" (p. 319). "Barcelona es una casa embrujada" (p. 383). "Esta ciudad es bruja, ¿sabe usted? Se le mete a uno en la piel y nunca le deja ir" (p. 851).

El tiempo

La saga cubre desde 1917 (segunda novela) hasta 1992 (final de ésta). La visión de la inmediata posguerra recuerda algo a Juan Marsé. Suena artificial que un malvado predique la necesidad del posfranquismo. Y la Olimpiada significa el final de una época.

Aparecen personajes reales, como el fotógrafo Catalá-Roca (cuyas fotos se utilizan); se menciona al editor François Maspero, a la agencia literaria de Michi Strausfeld. Se juega con el nombre de un periodista de La Vanguardia, Sergio Vilajuana. Y el potentado Ubach, que quiere publicar las Memorias de un financiero español, alude claramente a Juan March.

Este cuarto tomo parte del secuestro de un personaje lamentable, Mauricio Valls, que, de director de cárcel, ha llegado a Ministro de Educación. La trama se enreda muchísimo y desemboca en la denuncia de un truculento tráfico de niños, en la inmediata posguerra.

Conduce la trama una joven que trabaja como agente secreto, Alicia Gris, a mitad de camino entre el demonio y la bondad sentimental: parece hermana de otras investigadoras, en novelas recientes. La diversión mayor la aporta un personaje secundario, Fermín Romero de Torres: se eleva casi a protagonista por su humorística retórica, que evoca el lenguaje quijotesco y el Mendoza más paródico.

La entrega más extensa

Este cuarto tomo tiene 925 páginas. No pesan demasiado, por la acumulación de intrigas y misterios. Está claro que el folletín clásico posee un ritmo y una duración; dentro de eso, no creo que el libro perdiera mucho si se hubieran aligerado algunos episodios y se quedara en 500 páginas.

Abundan los juegos literarios, para divertir al lector curioso. Un solo ejemplo: la primera novela de la serie se atribuye a uno de sus personajes, Julián Carax.

Al final, todo se resuelve en una atractiva reflexión sobre el poder de la literatura (metaliteratura, suele hoy decirse, con ciderta pedantería): "Cada libro tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él" (p. 875). "Escribir es reescribir. Se escribe para uno mismo y se reescribe para los demás" (p. 909).

Final cerrado

Todo el "laberinto" de historias (si somos capaces de recordarlas) encuentran, al final, su encaje. Lo que va a escribir un personaje es lo que nosotros hemos leído. La saga queda cerrada.

La novela está bien escrita y la estructura, muy calculada. Maneja la intriga como los folletinistas (o los guionistas de cine). Para bien y para mal, se trata de una obra de género, basada en literatura y cine previos. Mantiene la atención del lector con juegos y recursos clásicos. Aunque nos sorprendan algunos datos que antes ignorábamos, la obra, en conjunto, apenas sorprende: posee ese calculado mecanismo que el autor defiende (p. 880). Tendrá éxito.

Carlos Ruiz Zafón: El laberinto de los Espíritus, Barcelona, ed. Planeta, 925 págs., 23’90 euros. ISBN: 978-84-08-16338-1

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