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Ares González: "No debemos reprimir las emociones de los niños, sea llanto, ruido o rabia"

Maestro y formador, publica Educar sin GPS, un manual que defiende que se puede disfrutar de la crianza y educar con éxito.

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Maestro y formador, publica Educar sin GPS, un manual que defiende que se puede disfrutar de la crianza y educar con éxito.
Ares González, maestro y escritor de 'Educar sin GPS' | Carlos Ruiz

"Es necesario disfrutar la crianza y para ello siempre hay que tener una visión global de lo que ello conlleva". Estos son los dos pilares en los que se sostiene Educar sin GPS (Planeta), el libro del maestro y formador Ares González en el que trata de echar una mano a los padres—que no decirles lo que tienen que hacer, insiste— para que puedan disfrutar de los niños mientras les ofrecen los cuidados que necesitan, fomentan su autonomía, establecen unos límites claros y garantizan su bienestar.

"Es un libro basado en la práctica y fundamentado en las evidencias científicas. Soy padre de tres hijos y llevo doce años en las aulas. Hay que aprender muchas cosas, es normal equivocarse, pero el objetivo es estar bien. Yo no te digo cómo tienes que educar a tus hijos, sino que te doy la brújula para educar, para saber cuáles son los seis puntos clave que necesitáis y te doy las herramientas y técnicas para llevarlos a cabo. Cada familia es diferente".

El autor de este manual insiste en desechar la idea de padres perfectos. "Basta de juzgar, cada familia hace lo que puede", reivindica. "Hoy en día tenemos una gran exposición, están las redes sociales, blogs, podcast, libros, manuales, la abuela, el padre de Pepito que se las da de experto en crianza… Todo esto nos genera la sensación de que no lo estamos haciendo bien. Abogo por dejar de juzgar a las familias y solo dar ayuda a quien realmente te la está pidiendo".

Reconoce que la llegada de un niño puede poner la vida de cualquiera patas arriba, pero defiende que nunca hay que perder la esencia de cada uno y, por ello, hay que aprender a combinar la educación del niño con nuestra propia vida: "Es normal que el comienzo de la crianza sea tan absorbente que solo seas padre, pero hay que darse cuenta de que tenemos otras muchas facetas que nos hacen ser la persona que somos. Hay que combinar la crianza con nuestras propias necesidades".

Rabietas

"El llanto tiene una función vital de protección, de desahogo emocional y de liberación de toxinas en el cerebro. Deberíamos permitirles llorar con toda nuestra dedicación y apoyo, y no evitar su lloro (una práctica muy extendida)", dice González en este libro. "No debemos reprimir las emociones de los niños, ya tengan forma de llanto, de ruido o de rabia. Son diamantes en bruto, vienen con todas sus emociones, y esto nos sirve para acompañarles y darles herramientas emocionales. Hay que permitir que lloren si tienen necesidad de llorar, pero estando nosotros cerca. Hay que diferenciar el tipo de llanto, si es de abandono o de frustración, y ver qué necesitan".

Esto nos conduce a las rabietas: "Es la herramienta que usan para expresar que no les gusta algo. Hay que ponerse las gafas de niño para ver por qué está teniendo esa rabieta y cómo acompañarle, y eso no quiere decir que dejemos de ser firmes. Para poner un límite necesitamos un cincuenta por ciento de amor y otro cincuenta por ciento de firmeza".

Ares González considera que nunca es tarde para poner límites, aunque hay que integrarlos y los cambios no se verán de la noche a la mañana. Lo ideal, defiende, es comenzar a poner límites a los cinco meses de edad, "cuando empiezan a desplazarse". "Cogerán algo que no deben o irán a la comida del perro y se la intentarán comer, y ya hay que decirles que no".

Los niños necesitan "amor y estructura" –horarios, rutinas, límites–. Para educar hay que ajustarse al niño. "Los límites no son los mismos para unos que para otros, unos necesitan más libertad y otros más regulación externa", explica. "Los horarios fijos, tanto a la hora de dormir como a la hora de comer, ayudan al sueño", defiende y aclara que "fijo" no quiere decir "estricto", sino estable y constante. "Las rutinas son muy importantes para los niños. Les da la seguridad de que las cosas van a ocurrir al día siguiente de la misma manera. Si cada día cambiamos, tendremos más peleas por bañarnos, hacer los deberes o irse a la cama. Si no existe esa estructura sólida que se repite en el tiempo, los niños no la van a poder adquirir".

Ares González. Educar sin GPS. Planeta, 2021. 294 páginas.

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