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¿Coronel tiene quien le escriba?

En la edición de esta semana hemos hablado de Joubert, aforista de pro; de los sobrecogedores diarios postreros de Sándor Márai (sobre los que volveré este jueves en el suplemento de libros); de La prima Phillis y La casa del páramo, de Miss Gaskell; y, mal, de Derechos torcidos, de Esteban Beltrán, progre de pro. La entrevista ha corrido a cargo de la Carbo y el menda lerenda y la ha padecido Fernando Iwasaki, un peruano de Sevilla descendiente de japos e italianos que lo mismo te habla de rePublicanos que de la polla de Cervantes: versátil que es uno que además en su día descubrió España (así que igual también es del mismo centro de Bilbao, oyesh).

Los comentarios, en Comentarios. Ahí van las gracias por adelantado.

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Lecturas

Huxley, Aldous Huxley:

Cuando digo que hay demasiados libros, quiero decir que hay demasiados para cada individuo. Con el fin de alcanzar la categoría de ciudadano del mundo contemporáneo bien informado y actualizado, un hombre debe leer tantos libros que es casi imposible que pueda haber leído alguno de ellos apropiadamente.

Estamos en peligro de sacrificar la calidad de la lectura a la cantidad, en peligro de leer demasiado y demasiado rápido como para estar en posición de juzgar lo que leemos.

("Demasiados libros", Hearst, 22-IV-1932; reproducido en A. Huxley, Si mi biblioteca ardiera esta noche, Edhasa, 2009. Me da a mí que un día de estos voy a reproducir el artículo de marras al completo, sin encomendarme a Dios ni a Sindescargas, porque tiene mucha chicha).

El maestro Montaner:

Hubo una época ––la del Dante–– en que ser culto era leer a Virgilio. Después, ser culto era leer a Dante. Más tarde le tocó el turno a Víctor Hugo. Cada vez se fue acercando más el tiempo del lector al del autor. Hoy ser culto ––¡al fin!–– es leer a los contemporáneos, pero eso, al mismo tiempo, anula el fetiche de la posteridad.

Los autores ––¡al fin!–– se mueren con sus lectores. Mala noticia para los aspirantes a clásicos; han llegado muy tarde a un mundo muy viejo. La fama eterna ––como el manatí–– se agotó. La cultura perece ––casi–– con cada generación.

(C. A. Montaner, "Lengua: cinco ángulos", De la literatura considerada como una forma de urticaria, Playor, 1980. Gratis et amore, aquí).

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¿Qué libro(s) recomendaríais a los barandas de la Cope, si se puede saber? ¿Coronel tiene quien le escriba?

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