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Por qué Bowie era importante (y no sólo) para mí

Más allá de las loas habituales a los que se van, todo el mundo coincide en la tremenda importancia y la influencia de David Bowie.

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Más allá de las loas habituales a los que se van, todo el mundo coincide en la tremenda importancia y la influencia de David Bowie.
Homenaje de los fans en la estación de metro de Brixton | Cordon Press

No puedo decir que me haya conmocionado la muerte de David Bowie porque, además de un poco ridículo, no sería cierto del todo. Pero también mentiría si dijese que no me ha afectado un poco; para empezar, por supuesto, me ha sorprendido, pero más allá de eso desde que me he enterado tengo una sensación extraña y un tanto estúpida, como de soledad, de abandono, algo así como si me hubiese peleado con un amigo, en fin, que cómo me haces esto David.

Llevo escuchando –y viendo- a Bowie desde hace casi 30 años. No recuerdo exactamente la fecha en que me hice con mi primer disco suyo pero sí el momento: tenía unos 15 o 16 años, me había comprando un reproductor de CDs no hacía mucho y los de Bowie, remasterizados y no sé qué –siempre fue un genio también para el negocio- costaban un dineral para la época: unas 2.400 pesetazas.

Aún así finalmente me pude hacer con el Ziggy Stardust –creo que me lo pagó mi madre y recuerdo la emoción de tenerlo en mis manos y saberlo mío- y desde entonces no he dejado de escuchar tanto ese disco como otros muchos, varios de ellos incluso con mayor intensidad y frecuencia que su encuentro con las arañas de Marte.

Son tres décadas disfrutando de Bowie, de su música y del personaje, de aquellos de sus discos que pasan por ser los "malos", verle cuando tocaba vestirse o travestirse de pirado sideral y también ver su elegancia insuperable, de auténtico gentleman inglés, cuando tocaba ser elegante.

Probablemente la razón por la que he podido pasarme tanto tiempo escuchando tanto su música es porque había un Bowie que descubrir en cada una de las etapas de mi vida y, casi, en cada uno de mis momentos de ánimo. Hay canciones que te euforizan, otras que te emocionan, algunas que suenan a nostalgia y muchas, realmente muchas, que son siempre un placer intelectual, complejo, como seguir un mapa que cada día te llevase a un lugar diferente… y todo con el deleite que proporciona el trabajo bien hecho, sea en el campo que sea.

Esa dos son las características que hacen de Bowie lo que es: la primera es la capacidad de sintonizar con nosotros en diferentes momentos de nuestra vida, de hablarnos con una cercanía que sólo puede nacer de la sinceridad, sobre todo de la gran sinceridad a la que puede aspirar un artista, que no es otra que hablar de sí mismo, la única forma de hablar del universo entero.

Y la segunda es la profesionalidad absoluta para desarrollar un trabajo cuidado hasta el extremo, con un nivel de exigencia total e incansable, cambiando de fórmula cuando sentía que debía hacerlo, sin preocuparse de que la senda abandonada le estuviese reportando un éxito masivo.

Además, Bowie era, por supuesto, un excelente compositor y un gran intérprete, y fue el conjunto de todas esas cosas lo que le permitió imprimir un sello en la historia del pop y el rock con un peso que muy pocos han podido siquiera soñar. Como apuntaba David Sylvian –otro de los grandes- en un breve mensaje de condolencias en Facebook: "Cambió completamente el paisaje de la música popular. ¿Quién había logrado hacer eso desde los Beatles? ¿Quién lo ha hecho después?". La repuesta es sencilla: nadie.

Este once de enero se ha ido uno de esos extraños genios que ponen de acuerdo a todo el mundo, llegado de una época en la que muchos superventas eran músicos atrevidos y geniales y no los fantoches danzarines que llenan hoy las listas de éxitos. De hecho, Bowie se va a despedir con un último milagro: convertir un trabajo difícil y denso como Blackstar en un superéxito.

En cualquier caso, dentro de muchos años recordaremos este y otros discos del genio inglés, y habremos olvidados a las ladys, los justins y otras atrocidades actuales que, entre otras muchas cosas, no han sabido hacer algo que es otro de los mayores méritos de Bowie si no el más grande: ganar mucho dinero haciendo música de calidad.

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