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El medio siglo de Kurt Cobain

El músico habría cumplido hoy 50 años.

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El medio siglo de Kurt Cobain
Concierto Kurt Cobain | Archivo

A Kurt Cobain le bastaron 27 años para convertirse en leyenda, con tan solo tres discos de estudio y un puñado de canciones tan definitivas como incrustadas en la memoria colectiva de una época. Irónicamente, se han escrito sobre su legado muchas más palabras de las que él mismo llegó a plasmar en su corta vida, y en estas fechas, se elucubra con esa línea de tiempo alternativa en la que Kurt seguiría vivo, imaginando qué habría sido de él en lo musical y en lo personal. Pero no tiene mucho sentido hacerse esas preguntas: en primer lugar, porque la expresión artística no se puede acotar más que desde el propio artista, y además, hay que tener en cuenta que cada mito establece su final, y el de Kurt es el que todos conocemos. No hay más que regresar al unplugged que grabó a finales de 1993, en el que, para cerrar, eligió rendir homenaje a su adorado Leadbelly, interpretando con una intensidad perfecta "Where did you Sleep Last NIght". Al terminarla, le pidieron que volviera a salir para hacer un par de temas, pero se negó: sabía que ese final era lo máximo que el espectáculo podía ofrecer, y no se equivocaba: aún a día de hoy, te estremeces al escucharla.

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Como todos los mitos, el de Kurt tiene un origen en una infancia llena de actividad interior, respuesta a un mundo en el que se siente ignorado, ante el que parece encontrarse derrotado y hacia el que intenta proyectar su alma a través de la música. Con una historia familiar complicada, el chico intenta escapar de sus problemas con una guitarra y una voz, que han crecido educadas a partes desiguales por los Beatles, Neil Young, los Melvins, los Stooges, los Pixies y otros artistas que Kurt selecciona con un filtro escrupuloso y crítico. Esa es una de las claves de su historia, a menudo ignorada a favor de otros aspectos más sensacionalistas que circulan por ella: desde el comienzo, Kurt es metódico en su formación y su planificación musical, quizá porque la expresión de su arte es su válvula de escape ante la vida, su tabla de salvación frente a su angustia… o tal vez porque es un chaval al que le apasiona la música y se la toma muy en serio. No hay más que comprobar sus cartas y apuntes, cómo define en ellas hasta el último detalle del proyecto, la organización de los primeros viajes de la banda y la revisión periódica de su catálogo de canciones.

Con ese espíritu, y junto a su amigo Kirst Novoselic, se prepara para ser un músico profesional, sin sospechar que su estallido en la industria iba a ser tan relevante como opresivo. Tras muchos esfuerzos, y no pocas peleas con el sello Sub Pop, verdadero manantial del sonido Seattle de la época, consiguen sacar su primer disco, Bleach, en 1989, y despiertan el interés del gigante Geffen, que alumbrará su álbum Nevermind, con un tal Dave Grohl en la batería. Y el impacto es tremendo: Nirvana se convierte en un fenómeno mundial, marcando un momento clave en el relevo musical de una generación. No es casualidad que sustituyan como número 1 en las listas americanas a Michael Jackson y su Dangerous, como tampoco es casualidad que el público caiga a los pies de la banda.

Pensemos que, por primera vez en muchos años, la rabia y la incomprensión de Kurt tiene su eco en la multitud que le escucha, gente que le escucha mientras airea pesadillas y vomita demonios, y siente que su voz también está, de algún modo, presente en esas canciones. "Smells Like Teen Spirit" se convierte en un himno generacional, "Come As You Are" y "Lithium" se revelan como universales, y así se obra el milagro del grunge, en el que uno de los grupos menos exportables a los grandes mercados se convierte en El Grupo (así, con mayúsculas) del momento.

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Por supuesto, con el éxito llegan problemas para Kurt, convertido muy a su pesar en portavoz de una generación; y es que él quería ser músico y triunfar con su arte de algún modo, pero no se siente cómodo cuando le colocan como el letrista de la juventud mundial, dictando las acciones a tomar por chicos y chicas de todo el planeta. Salvando las distancias, recuerda al primer Dylan en algunas entrevistas, rechazando de plano hablar por boca de nadie más que de sí mismo, y en ocasiones, pasándose de vueltas con esa misma boca. Comienza así a reabrirse una herida que nunca parece cerrarse del todo: como en su infancia, como en su adolescencia, vuelve a ser Kurt contra el mundo y ni siquiera el nacimiento de su hija Frances Bean puede alejarle de ello. Tengamos en cuenta que ahora, por mucho que disfrute de su familia, se siente obligado a protegerla a cualquier precio, aún a riesgo de seguir cultivando su propia destrucción.

Kurt decidió pues llevar su experiencia más al límite, desafiando el oído del consumidor medio del mercado musical: su disco In Utero, editado en 1993, constituye un esfuerzo por sonar más sucios que nunca, hecho que consiguió maquillar el gran Steve Albini en la producción. Aún así, la censura les ataca también por incluir temas y títulos como "Rape Me", tan cargados de toxicidad como el propio Kurt en aquellos días. Eso sí, la calidad no baja y el álbum merece al menos tantas escuchas como su predecesor. Y aquí comienza la parte más trágica, pero sobre eso leerán mucho en estos días. Sobre eso, siempre correrán ríos de tinta y no estamos aquí para eso. No, sólo serviría para glorificar todo aquello que no es, en realidad, Kurt Cobain. Hoy habría cumplido 50 años y no importa en qué se hubiese convertido, o qué habría llegado a ser con medio siglo de edad. Importa su música y también la sensación, perenne y clara, de que escuchamos algo especial, único, singular y excelente. Como decía un poco más arriba, muchas son las palabras que se han escrito sobre él, pero las suyas son las únicas que cuentan a la hora de la verdad.

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