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Muere Jesús Gluck, el último organista de Los Bravos

Fue autor de las bandas sonoras de las mejores películas de José Luis Garci y  compuso la sintonía del Telecupón y otras de carácter publicitario.

Muere Jesús Gluck, el último organista de Los Bravos
Jesús Gluck | Academia de Cine

En la noche del pasado martes, 23 de enero, ha muerto en Madrid Jesús Gluck, un músico de gran talento, acreditado compositor también, que fue el último organista que tuvieron Los Bravos, mítico conjunto de los años 60, y autor de las bandas sonoras de las mejores películas de José Luis Garci, amén de muy eficaz y brillante arreglista. Había nacido en Valencia en 1945 y su muerte ha constituido una inesperada noticia en los ambientes musicales madrileños. Le descubrieron un cáncer hace escasas semanas y los médicos le dieron un mes de vida. Por desgracia, acertaron en su diagnóstico.

Jesús Gluck era un músico de gran vocación, con estudios en su ciudad natal, que amplió durante unas temporadas en Alemania. Tocaba el piano maravillosamente. No le supuso desdoro alguno, pese a su formación académica clásica entrar a formar parte del grupo pop rock Los Bravos. Lo hizo en unas difíciles circunstancias, un par de años después de que "Black is black" se convirtiera en una especie de himno juvenil tras ocupar el número 1 de las más importantes listas europeas, sobre todo en Inglaterra.

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Su organista, Manolo Fernández, se quitó la vida, pocos días después de haber salido ileso de un trágico accidente de automóvil, conducido por él, en Palma de Mallorca, en el que perdió la vida su bellísima y joven esposa, de nacionalidad suiza, con la que había contraído matrimonio apenas un mes antes. Recuerdo perfectamente el suceso, pues fui uno de los pocos periodistas invitados a la boda de uno de los miembros de Los Bravos. Yo mismo, cuando concluía el almuerzo nupcial reuní a todos los componentes del grupo y sus mujeres, entre ellos Manolo y Low. Una hora más tarde me enteré del mortal accidente. Y unas semanas después tuve que informar del entierro de Manolo, que se disparó con una escopeta en su casa madrileña de la zona de Arturo Soria, falleciendo en el acto, porque se seguía creyendo culpable del accidente donde había perdido la vida su flamante esposa, enlace del que ambos me habían contado fechas atrás los detalles que precisaba, amén de cederme unas fotografías, puesto que la ceremonia fue de carácter íntimo y yo me ocupé luego de la exclusiva periodística.

Los Bravos estaban en su mejor momento. Habían rodado un par de películas. Y necesitaban un nuevo organista. El sustituto de Manolo Fernández fue un músico inglés, al que presentaron publicitariamente en la prensa cubierto con una capucha, y así comenzó a actuar con el grupo. La idea no parecía muy acertada, y con cierto morbo, los seguidores del conjunto se hacían cábalas sobre si en realidad Manolo continuaba vivo y se escondía bajo aquel absurdo disfraz. El caso es que Peter Shelley, que así se llamaba el músico británico, no aguantó mucho y se las piró al poco tiempo. Su puesto lo ocupó el ahora infortunado Jesús Gluck, que llegaba avalado por su excelente curriculum musical.

Aquello ocurría en 1968. Los Bravos duraron apenas veinte años más, los últimos ya en cierta decadencia. Jesús Gluck destacaba por sus habilidades pianísticas, aunque el vocalista, Mike Kogel, fuera el más reclamado por las fans. Desaparecidos Los Bravos (que luego continuaron con otra formación, espaciadamente) Jesús Gluck fue reclamado por varias casas discográficas, que lo contrataron como arreglista de canciones grabadas por Raphael, Nino Bravo y otras figuras. En el cine desarrolló una densa producción como autor de bandas sonoras de películas que ya son historia del mejor cine español, como las siguientes dirigidas por nuestro querido y admirado José Luis Garci: Solos en la madrugada, Asignatura aprobada, El crack y El crack II. Compuso asimismo la sintonía del Telecupón y otras de carácter publicitario. Si profesionalmente era un virtuoso, en el plano personal cuantos tuvimos la suerte de conocerlo advertimos su sencillez, educación y enorme simpatía. Estaba casado y era padre de Virginia, que se ha dedicado a la canción.

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