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'Agonía y éxtasis de Steve Jobs' es al teatro lo que Michael Moore al cine

Las indudables virtudes escénicas de esta obra se ven empañadas por su intento de pasar como reales unas escenas completamente inventadas.

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Las indudables virtudes escénicas de esta obra se ven empañadas por su intento de pasar como reales unas escenas completamente inventadas.
Momento de la función

Una obra con el nombre de un empresario en el título. Con un empresario de la tecnología, encima. Como para que alguien como yo no vaya a verla. Este monólogo lleva más de dos años representándose en varios teatros y se podrá ver a final de esta semana en el Teatro Lara. Si pueden, vayan a verla. Es un excelente ejemplo de la facilidad con la que se nos puede manipular, sobre todo si es con mentiras que nos confirmen nuestra visión del mundo. Pero no nos enseña, como pretendía el autor, descubrirnos a la verdadera y monstruosa Apple, sino su propia desvergüenza.

Pero lo primero es lo primero. El texto de este monólogo es en su mayor parte muy divertido y está extraordinariamente bien construido. Va introduciendo al espectador en el amor del protagonista por la tecnología y en concreto por Apple a través de historias personales y poco a poco, casi sin que nos demos cuenta, va cambiando el tono para pasar a la denuncia social y acabar en una soflama. Detalle, este del final, que resulta irritante: una cosa es que te quieran meter un mensaje disimulado en la historia, pero otra muy distinta es gritártelo a la cara como sucede al final de esta obra; estés o no de acuerdo, eso es tomarte por idiota.

El protagonista, Daniel Muriel, al que conocimos por Escenas de Matrimonio, es la clave para que aceptemos sin pensar todo lo que se nos cuenta. Con un talento extraordinario logra meterse al público en el bolsillo desde el principio y hacer con él lo que quiere. Ni siquiera algún detalle extraño de la adaptación, como que un señor asturiano se hiciera pasar por empresario estadounidense, logra romper el hechizo.

La razón por la que Muriel se hace pasar por un empresario yanqui es que la obra original fue escrita por el muy yanqui Mike Daisey. Estrenada en 2010, recibió algo de atención en Estados Unidos cuando comenzó la campaña contra Foxconn y sus clientes por los suicidios en su fábrica de Shenzen, pese a que su tasa de suicidios era notablemente inferior a la media nacional. En enero de 2012 se convirtió en un éxito enorme después de que un programa de la radio pública emitiera partes del monólogo, convirtiéndose en el más descargado de su historia, pero dos meses después retiró el episodio al descubrir que muchas de las afirmaciones que se hacían en él eran falsas o exageradas. La respuesta de Daisey tras ser pillado fue que había mentido para comunicar una verdad superior, y que al fin y al cabo él no era periodista y quería enviar un mensaje.

¿Y en qué mintió? No en la historia de Apple o en lo que cuenta de Jobs, que aunque algo novelado es básicamente cierto. Mintió en el núcleo de la obra, en su denuncia social sobre las condiciones en las que trabajan en las fábricas chinas que ensamblan los productos de Apple, en la parte de la obra hecha para ponerte los pelos de punta y levantar el puño con indignación. Daisey describe cómo con ayuda de su traductora china visita la fábrica de Foxconn en Shenzen y encuentra guardias armados en la puerta y habla con trabajadores menores de edad. Cómo el miembro de un sindicato con una mano inutilizada por su trabajo en Foxconn prueba por primera vez un iPad y reacciona diciendo que es mágico. Cómo conoció a trabajadores intoxicados con hexano. Cómo fingiendo ser un empresario vio unas condiciones leoninas en las fábricas. Incluso miente por omisión cuando detalla la reacción de Foxconn a los suicidios: habla de que pusieron redes en el edificio y que incluyeron cláusulas contra el suicidio en los contratos, pero no que también subieron el sueldo a sus trabajadores.

Cuando fue pillado, Daisey se defiendió argumentando que todas las cosas que cuenta han sucedido en realidad. Y es cierto. Pero en la obra nos cuenta que todo esto saltaba a la vista, tanto que un pringao como él necesitó de tres visitas durante un viaje de pocos días para enterarse, y por tanto no había forma de que la muy perfeccionista Apple no lo supiera. Pero él no se enteró en su viaje, sino a través de noticias y en algún caso por las propias auditorías de la compañía de la manzana, convirtiendo excepciones en práctica habitual. E intentó ocultarlo mintiendo a los productores del programa de radio sobre la identidad de su traductora china, que cuando por fin fue localizada negó que nada de lo dicho por Daisey fuera cierto.

Todo esto se sabía en marzo de 2012. La obra se estrenó en mayo, cuando ya sabía que era mentira todo el mundo que tuviera interés en ella, e imagino que los responsables de su adaptación al castellano lo tenían. Pero cabe suponer que ellos también prefirieron mentir en nombre de una verdad superior. Y sin duda resulta instructivo ver esta obra y escuchar los comentarios indignados con Apple de los espectadores al salir.

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