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España supera a Polonia y ya espera rival en las semifinales del Mundial de baloncesto (90-78)

Los de Scariolo se medirán el viernes (10:00 horas) al vencedor del Australia-República Checa por un puesto en la gran final.

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Los de Scariolo se medirán el viernes (10:00 horas) al vencedor del Australia-República Checa por un puesto en la gran final.
Marc Gasol y Pau Ribas, durante el partido ante Polonia. | EFE

Quizá parezca extraño decir esto, pero España ha superado ante Polonia quizá el partido más difícil de jugar en lo que lleva de Copa del Mundo. Probablemente no lo haya hecho con la nota más alta en lo estético, pero sí desde luego en lo práctico. Un triunfo finalmente holgado (90-78) que le sitúa en una semifinal que, dadas las bajas de los Scariolo este verano, supone un notable éxito. Porque para España afrontar a los de Mike Taylor no resultaba sencillo. Obviamente el premio de una semifinal bien valía por sí solo una alta dosis de motivación, pero era, junto al de Italia, el duelo con más presión del torneo.

En la primera fase, frente a Túnez, Irán y Puerto Rico, España sabía que en cuanto apretara de verdad conseguiría el triunfo. Ante los italianos era el ‘día D’, prácticamente el cruce de octavos, aunque no fuera tal. Y frente a Serbia se partía claramente como víctima, como si nadie contara con un triunfo labrado en una defensa excelsa. Empero, ante Polonia era otra historia. Acaso el único partido en lo que queda de torneo donde España será favorita, ante un rival históricamente menor en el ámbito europeo, qué decir a nivel mundial. Un partido de los que hay que saber jugar. Y sobre todo hay que saber ganar, pues el nivel de crítica en caso contrario se dispara. Para mayor presión si cabe, pesaba en el ambiente el batacazo serbio ante una Argentina fantástica a lomos de Campazzo. A este mundial, en el que Estados Unidos sudó tinta china y necesitó un milagro para apear a Turquía, se le ha caído quizá su principal favorito, en una de las sorpresas de todos los tiempos, comparable a aquel triunfo de Grecia ante los americanos en 2006 al que España estará toda la vida enormemente agradecida.

Así las cosas, este de Polonia era un partido difícil de desatascar. Enfrente, un rival sin nada que perder y que pase lo que pase hasta el domingo ya será recibido en su país con el calificativo de sobresaliente. España, consciente de que necesitaba al menos un paso más para rubricar el notable, se apoyó en dos tiros frontales de Ricky Rubio para calmar el buen inicio rival. En todo caso, y usando un argot ciclista, el juego arrancó a un ritmo pestoso, lejísimos de la velocidad con la que Argentina había masacrado al favorito serbio. España quería mantener el duelo bajo control y los polacos, sencillamente, no tenían una marcha superior. En ese escenario, el triunfo hispano fue de cocción lenta.

Liberada de carga alguna en la mochila, Polonia se mostró muy acertada en el perímetro desde el inicio. Cuatro triples en el primer cuarto evitaron el pronto despegue español, por más que Willy Hernangómez cuajó uno de sus mejores arranques de partido en el torneo, produciendo puntos con fluidez. Fue con la llegada del segundo cuarto cuando vino la primera cornada española. A partir de un giro de tuerca defensivo, los de Scariolo llegaron al acierto en ataque, liderado por un inspirado Juancho Hernangómez, cuatro triples sin fallo al descanso, y un Rudy Fernández omnipresente. Un triple del balear dio por primera vez una ventaja de dos dígitos (38-28) mediado el segundo periodo, si bien el desacierto Llull y Gasol en la primera parte y alguna imprecisión de Ricky Rubio permitió a los polacos darle un bocado a la diferencia en el ecuador (46-41).

España volvió del vestuario empezando a pisar el acelerador, con Rubio y Rudy Fernández tocando a rebato, como en los mejores tiempos de aquel DKV Joventut de Aíto García Reneses. La dirección del primero y el acierto del segundo fue la mejor herramienta para el segundo estirón español, que amenazó con finiquitar el duelo (58-44). Sin embargo, la cara de Scariolo en el banquillo reflejaba cierta insatisfacción con la defensa de los suyos, que rápidamente cedieron parte del camino ganado ante una Polonia colosal desde el triple, con un 9 de 17 (53%) mediado el tercer parcial, un porcentaje difícilmente asumible para España ante un equipo con pocos tiradores de alto nivel. Ahí era donde le dolía al seleccionador nacional, que parecía prever un atasco ofensivo que llevaría a los polacos a ponerse a solo siete puntos, justo antes de que un rápido contraataque, de los escasos de España en el encuentro, permitiera a Oriola poner el 67-58 con el que se encararon los diez minutos finales.

Ahí llegó uno de esos momentos paradójicos con Willy Hernangómez en la cancha. El pívot madrileño es una máquina de producir puntos en el aro ajeno. Pero, casualidad o no, probablemente no, la defensa española es mucho más asequible cuando él juega. En su hoja estadística aparecen 18 puntos con un notable 7 de 11 en tiros de campo en apenas 16 minutos, pero igualmente un balance de -6 en el tiempo que él estuvo en cancha. Algo hay de paradójico en que uno de los mejores atacantes del equipo, que promedia casi diez puntos en solo 13 minutos en la cancha, tenga uno de los peores ‘+/’ del equipo. Su inicio de cuarto periodo resultó brillante en la ofensiva.

Una cesta tras otra, inabordable para los interiores polacos, cuando nadie más parecía atinado en España. Sin embargo, ello coincidió con los mejores minutos del ataque centroeuropeo. Polonia llegó a verse a cuatro y soñar con lo impensable (76-72), aunque fue el propio Hernangómez quien rápidamente anotó una canasta con falta adicional para dar oxígeno, justo antes de coger el camino al banquillo. Ahí comenzó un parcial de 11-0 que cercenó cualquier aspiración polaca (87-72), cimentado en dos triples de un Ricky Rubio con la muñeca más inspirada que nunca y culminado con un mate de Víctor Claver que ya supo a semifinal, con Polonia ya lejos de su pretérita inspiración en el triple. Los de Taylor acabaron con un 10 de 29, uno de doce en los últimos quince minutos.

De modo que España hizo bueno el pronóstico que la situaba por encima de Polonia, como 48 horas antes había destrozado el que la colocaba muy lejos de una Serbia ya eliminada de la competición. Una victoria de postín y enorme relevancia, que devuelve a la selección a una fase que no alcanzaba desde 2006, cuando tocó el cielo en Japón. Y además, prácticamente asegura plaza olímpica, pues salvo que República Checa sorprenda mañana a Australia y además Francia haga lo propio ante Estados Unidos, la selección no necesitará más para estar en Tokio el próximo verano, en lo que debería ser la gran despedida de esa leyenda llamada Pau Gasol. España, que llegó con esa misión olímpica a China, está punto de rubricarla. A partir de ahora, por qué no, este equipo se ha ganado el derecho a soñar. Porque además le tocará hacerlo en el papel de víctima propiciatoria en casi cualquier partido que tenga por delante. Y ahí Sergio Scariolo, otro al que el libro de oro del baloncesto patrio le tiene reservado un sitio indiscutible, se mueve como los ángeles.

Ficha técnica

España, 90 (22+24+21+23): Ricky Rubio (19), Rudy Fernández (16), Juancho Hernangómez (14), Víctor Claver (6) y Marc Gasol (10) -cinco inicial-, Pau Ribas (1), Pierre Oriola (2), Willy Hernangómez (18) y Sergio Llull (4), Javier Beirán (-), Xavi Rabaseda (-) y Quino Colom (-)
Polonia, 78 (18+23+17+20): Slaughter (19), Hrycaniuk (8), Cel (3), Ponitka (9), Waczynski (15) -equipo titular-, Balcerowski (-), Sokolowski (11), Olejniczak (-), Laczynski (-), Gruszecky (-) Koszarek (3) y Kulig (10)

Árbitros: Jorge Vázquez (Puerto Rico), Yohan Rosso (Francia) y Takaki Kato (Japón). Sin eliminados
Incidencias: Segundo partido de cuartos de final disputado en el Oriental Sports Center de Shanghái ante unos 10.000 espectadores

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