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Las ocho claves para entender las particularidades la Fase Final de la Liga Endesa de baloncesto

El novedoso sistema de competición y la incertidumbre sobre el estado de los jugadores aseguran emociones fuertes en Valencia.

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El novedoso sistema de competición y la incertidumbre sobre el estado de los jugadores aseguran emociones fuertes en Valencia.
Rubén Guerrero, pívot de Unicaja, accede con mascarilla a L'Alquería del Basket | ACB Photo - JM Casares

El baloncesto vuelve definitivamente a nuestras vidas este miércoles 17 de junio. Lo hace con la disputa de la Fase Final de la Liga Endesa, que disputarán los doce primeros clasificados de la competición justo antes del parón por el coronavirus, divididos en dos grupos de seis y en una fase única en Valencia. En el cóctel que unía la capacidad logística y la situación sanitaria, la capital del Turia fue la mejor candidatura de las diez propuestas que recibió la ACB para alojar esta fase. La cercanía del pabellón de La Fonteta, donde se jugarán todos los partidos, y L'Alquería del Basket, la espectacular ciudad deportiva del Valencia Basket, unida a la burbuja sanitaria establecida en la ciudad para garantizar el menor número de contagios y la seguridad de todos los participantes —incluyendo un hospital de campaña—, terminó por hacer ganadora a la propuesta levantina.

Será este un baloncesto diferente, en los que los jugadores estarán aislados del mundo una vez que salgan de la cancha. Los test serológicos y de PCR estarán a la orden del día y en el que desde luego no habrá público en las gradas. Días extraños que permitirán a la ACB salvar el contrato televisivo con Movistar en pos de garantizar la viabilidad futura de la competición y que darán al público treinta y tres partidos en catorce días para volver a engancharse a la pelota naranja con un atractivo sistema de competición que permitirá una alta dosis de emoción, al jugarse tanto las semifinales como la final a partido único.

En todo caso, antes de sentarse ante el televisor a disfrutar de la competición, es necesario reseñar algunas de las claves que harán a este baloncesto distinto al que hemos conocido hasta ahora, y que desde luego tendrán un peso notable en lo que suceda en Valencia.

Miedo a las lesiones

A estas alturas, los jugadores temen mucho más un percance físico que el riesgo de infectarse por el coronavirus. Afrontar una intensa competición oficial tras más de tres meses sin jugar un partido y sin amistosos de preparación es una situación a la que ninguno se ha enfrentado nunca en su carrera. Así lo admitía el pasado domingo el ala-pívot del Herbalife Gran Canaria Beqa Burjanadze en Tirando a Fallar, el programa de baloncesto de esRadio. Una vez que se produzca el salto inicial, y mucho más conforme pasen los partidos y la relevancia de los mismos aumente, el gen competitivo de los jugadores no les dejará pisar el freno. Y será entonces cuando habrá que valorar si la preparación física con la que han llegado a Valencia es la óptima para evitar lesiones que hipotequen su futuro.

¿Dos grupos desiguales?

Aunque es una incógnita el nivel con el que llegan los equipos, la mayoría de análisis previos indican que el grupo A (Barcelona, Joventut, Iberostar Tenerife, Unicaja, Kirolbet Baskonia y Retabet Bilbao) es de un nivel superior al B, formado por Real Madrid, Valencia Basket, Morabanc Andorra, Herbalife Gran Canaria, San Pablo Burgos y Casademont Zaragoza. Ciertamente, todo lo que no sea que merengues y taronjas se metan en semifinales sería una gran sorpresa en el grupo B. Sin embargo, y pese a la obvia posición de favorito de los azulgrana, en el A hay serios aspirantes a complicar la vida a los de Pesic: Iberostar Tenerife, Kirolbet Baskonia y Unicaja de Málaga tienen plantilla de sobra para dar algún susto o, en su defecto, aspirar al menos a la segunda plaza junto a los catalanes.

Jugar sin amistosos previos

Prevención de lesiones aparte, esta inusual situación genera muchas preguntas: ¿Cómo están los equipos? ¿Qué jugadores están en un buen o mal momento de forma? ¿Cómo trabajaran el scouting del rival los equipos? ¿Cómo será la adaptación de aquellos jugadores que estaban lesionados antes del coronavirus? Y sobre todo, ¿cuál será el efecto de ir de 0 (no poder ni tocar un balón hace unas semanas) a 100 (jugarse el título liguero) en apenas unos días?

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El contacto físico será inevitable en los partidos. | ACB Photo

El lenguaje no verbal

En el baloncesto moderno existe una obsesión gigante por minimizar la cantidad de información que llega al rival. Entrenadores que no quieren ser grabados en los tiempos muertos, sesiones de trabajo a puerta cerrada, comunicación en clave en pleno partido… Pero en estas dos semanas todo estará mucho más expuesto; sin público, megafonía o ambiente en las gradas, no hará falta tener un espía en casa enviando información al banquillo de lo que se escuche en el bando rival. Sólo hará falta agudizar un poco el oído y ampliar el campo de visión. Por ello, muchos equipos han trabajado en nuevas estrategias comunicativas entre el entrenador y los jugadores, a fin de evitar que todo sea evidente y fácil de recibir para el rival. El uso de gestos y signos tomará relevancia incluso por encima de los gritos y conversaciones audibles para los pocos presentes en el pabellón. Un factor nuevo y muy a tener en cuenta.

Jugadores que cambiarán de equipo

No es nada habitual que haya hasta doce equipos compitiendo a finales de junio. Y eso, con el mercado para la próxima temporada moviéndose a toda velocidad, generará que algunos de los protagonistas ya sepan que no defenderán la misma camiseta la próxima temporada. Hay varios casos así entre los doce clubes participantes. Su entrega en las dos próximas semanas será una prueba de fuego sobre su profesionalidad y su compromiso con quien actualmente les paga pero dejará de hacerlo el 30 de junio. Y de no rendir en su mejor versión, algo que podría suceder, supondrá una lacra importante para el nivel de su club actual.

Las bajas

Si alguien ha seguido la temporada en la Liga Endesa y luego ha desconectado completamente, se sorprenderá con algunas de las plantillas que verá compitiendo en Valencia. La incertidumbre económica hizo que varios equipos cancelaran contratos, muy especialmente con jugadores extranjeros, temerosos de volver a España. El más significativo es el del base Malcolm Delaney, que no estará en el Barcelona. De ahí que haya algunas caras nuevas en la competición, como el internacional español Pablo Aguilar, fichado por San Pablo Burgos para paliar la baja de Earl Clark.

Probablemente los dos equipos más mermados por esta situación sean el Joventut de Badalona, que jugará sin los estadounidenses Luke Harangody y Tony Wroten, y la revelación de la temporada, Casademont Zaragoza, tercer clasificado antes del parón y en el que no estarán DJ Seeley, Jason Thompson y el retirado Fran Vázquez. Porfirio Fisac deberá reinventar a un equipo maño que llegará a Valencia con sabor a cantera pero con una plantilla a priori muy limitada para competir con los grandes. También llega maltrecho a la cita Morabanc Andorra, aunque en este caso por las lesiones, pues las ausencias de Moussa Diagne y Dejan Musli le dejan en cuadro en la pintura, reforzada con la llegada del poderoso Babatunde Olumuyiwa, de notable rendimiento en LEB pero sin experiencia en ACB. Unicaja, sin Jaime Fernández y el francés Toupane, tendrá dudas en el exterior, pero los fichajes justo antes del parón de Axel Bouteille y Marko Simonovic afianzarán su amenaza desde el perímetro.

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Pablo Laso dirige un entrenamiento del Real Madrid en Valencia. | ACB Photo

Una oportunidad única y una presión desnivelada

El hecho de que se jueguen las semifinales y la final a un solo partido hace creer a la mayoría de equipos en que sus opciones de hacer algo importante son mayores de lo que serían en otra circunstancia, especialmente con play offs a tres o cinco partidos de por medio. Además, ni Madrid ni Barça llegan rodados y eso igualará algo las fuerzas a priori. Por ello, la fe en los menos poderosos de poder estar ante una oportunidad casi irrepetible es grande. Por otro lado, la presión la tendrán por supuesto madrileños y catalanes, pero es cierto que será mayor en el bando blaugrana. Tras la cancelación de la Euroliga, el Madrid puede presumir de haber ganado los dos títulos en juego hasta ahora, Supercopa y Copa del Rey. Sin embargo, el Barça, pese a su gigantesco desembolso en verano, no ha levantado ningún trofeo, por lo que se hace casi imperioso para los de Pesic ganar la Liga Endesa si no quieren que la temporada se califique como fracaso.

Sin ambición por las plazas europeas

Este es quizá el gran borrón en lo que se refiere al aspecto puramente competitivo. El sistema del baloncesto actual y la competencia entre Euroliga y FIBA hacen que ya se sepa qué equipos jugarán la próxima temporada en competiciones europeas y en cuál lo hará cada uno. Real Madrid, Barça, Baskonia y Valencia Basket repetirán en Euroliga, como Morabanc Andorra, Joventut y Unicaja lo harán en una Eurocup a la que se sumará el Herbalife Gran Canaria el próximo curso. Mientras, en la FIBA Champions League estarán Iberostar Tenerife, Casademont Zaragoza, San Pablo Burgos y un nuevo invitado: Retabet Bilbao Basket. De ese modo, si un equipo pierde sus opciones de meterse en semifinales corre el riesgo de dejar de competir y adulterar en cierto modo la competición, al no tener nada en juego realmente. La situación es desde luego excepcional, pero el modelo del baloncesto europeo bien haría en mirar este tipo de circunstancias que en nada favorecen a las competiciones.

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