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Fernando Serena, el héroe inesperado de la Sexta del Real Madrid

Cuadragésimo cuarto artículo de Historias de Fútbol, recordando al autor del gol del 2-1 con el que el Madrid remontó ante el Partizán en 1966.

Cuadragésimo cuarto artículo de Historias de Fútbol, recordando al autor del gol del 2-1 con el que el Madrid remontó ante el Partizán en 1966.
Fernando Serena, autor del gol que dio al Real Madrid su sexta Copa de Europa en Heysel. | CIHEFE

La reciente semifinal de la Liga de Campeones entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich, superada por los blancos gracias a un par de goles marcados in extremis por Joselu Mato, ha puesto una vez más de manifiesto que en el fútbol no es raro que los actores secundarios suplanten el papel de protagonistas, eclipsando a las grandes estrellas y conduciendo a sus equipos hacia el éxito.

En la larga y brillantísima historia del Real Madrid ya ha sucedido en más de una ocasión, pero tal vez el caso más llamativo sea el de la sexta Copa de Europa conquistada por los merengues, en 1966, en el tristemente célebre Estadio Heysel de Bruselas y frente al Partizán de Belgrado, representante de la ya desaparecida Yugoslavia en el principal torneo continental. Aquella tarde-noche de mayo la victoria madridista por 2 a 1 tuvo como autor del tanto definitivo que deshacía la momentánea igualada a Serena, un futbolista que no formaba parte habitualmente de la alineación titular, pero a quien el destino tenía reservado un rol absolutamente trascendental en el encuentro decisivo.

Internacional... en Osasuna

Fernando Rodríguez Serena, conocido deportivamente como ‘Serena’, nace en la capital de España un 28 de enero de 1941. Con un físico menudo pero muy apropiado para la que sería su única demarcación, la de extremo derecho (1,65 y 64 kilos), va a formarse en las categorías inferiores del Real Madrid, y en la temporada 60-61, con 19 años, pasa al Plus Ultra, de Segunda División, club que entonces hacía las veces de filial madridista. Ahí va a cuajar una buena campaña —24 partidos disputados y cuatro goles—, junto a un selecto grupo de futbolistas entre los que se encontraban dos futuros ilustrísimos como el magnífico Juan Manuel Villa y Luis Aragonés, secundados por elementos de la talla del exmerengue Marsal, Gento III (Racing de Santander, Real Oviedo), Santos Bedoya (Español, R.Madrid, Deportivo y Sevilla), Casado ( R.Madrid y Sabadell), Aparicio (Betis), Lorenzo (Granada), Calleja (Pontevedra) o Conesa (Mallorca).

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De cara al curso 61-62 el Madrid le cede a un Primera, Osasuna, para que vaya fogueándose en la élite. En el viejo San Juan jugará en compañía de otro destacado ramillete de peloteros (Miche, Salvador, Zubiaurre, Zoco, Carlos, Sertucha, Silvestre, Sabino, Ribada, Fusté…). Permanecerá en Pamplona por espacio de dos temporadas, interviniendo en 51 partidos de Liga y consiguiendo 9 goles, y el 9 de enero de 1963 va a debutar con la selección absoluta en un encuentro amistoso contra la de Francia disputado en el Camp Nou y ante la mirada de 72-000 espectadores. El choque, que resultó malo de solemnidad, terminará con un insulso 0 a 0 y gritos de ¡fuera, fuera! por parte del publico catalán, y en él Pepe Villalonga, el seleccionador español, puso en liza el siguiente once: Sadurní; Rivilla, Echeberría, Calleja; Glaría, Paquito; Collar (Serena en el segundo tiempo), Adelardo, Morollón, Guillot y Gento. Esos 45 minutos representarían su debut y despedida en el combinado nacional.

De vuelta al Bernabéu y decisivo en Heysel

El Real Madrid va a repescarlo con vistas a la Liga 63-64. En su primera campaña jugará poco —sólo siete partidos de Liga, con dos goles en su haber— aunque se coronará por vez primera campeón liguero. Al año siguiente puede considerársele titular en la banda derecha (18 encuentros y 6 tantos), y repite nuevamente como vencedor del Torneo de la Regularidad, pero ya estaba acercándose su momento de gloria…

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Contra todo pronóstico el Real Madrid va a conquistar su sexta Copa de Europa en 1966, con el denominado equipo de los Ye-yés, tras dejar en la cuneta en semifinales al gran favorito, el todopoderoso ínter de Milán de Helenio Herrera y Luís Suárez, un binomio aparentemente invencible. La final frente al Partizan de Belgrado se disputó en el Estadio Heysel de Bruselas, a la vera del Atomium, un escenario que 19 años más tarde se teñiría de luto en otra final continental, en esa ocasión entre la Juventus y el Liverpool.

Los merengues formaron aquel día con once jugadores nacidos en España: Araquistáin; Pachín, De Felipe, Sanchis; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso Velázquez y Gento. Ya no estaba Di Stefano en el club, dando sus últimas boqueadas en el Español, y los veteranos Santamaría y Puskas tampoco contaban para el técnico Miguel Muñoz. Iniciada la segunda mitad los yugoslavos se adelantaron en el marcador, pero el Madrid no tardó en igualar gracias a un magnífico gol de Amancio, rompiendo con dos quiebros marca de la casa la cintura a su par, y muy poco después desequilibraría definitivamente el choque merced a un lejano y potente disparo de Serena, que controló el balón con el pecho fuera del área rival, lo dejó botar un par de veces, y empalmó un duro derechazo que entró por alto en el marco balcánico.

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Franjiverde y cuatribarrado

Sin embargo, la posición que ocupaba Serena, como exterior derecho con el dorsal número 7, va a ser la más reñida del equipo titular, sin un propietario fijo. Durante la década de los 60 pasarán por ahí infinidad de futbolistas: el malogrado Chus Herrera, el brasileño Canario, el ex barcelonista JustoTejada, el propio Amancio, Agüero, Veloso, Miguel Pérez, De Diego, José Luís Peinado…Con tanta competencia, Serena no tendrá más remedio que cambiar de aires en 1968, después de disputar la famosa final de Copa que se llamó ‘de las botellas’, por la lluvia de envases de cristal incívicamente lanzados al terreno de juego como protesta por el arbitraje del colegiado balear Antonio Rigo Sureda, que según la parroquia local se comió un penalti sobre el mismo Serena (ganó el Barça 0-1, con autogol del merengue Zunzunegui). Su nuevo destino va a ser el Elche, a donde se irá en unión de un compañero de equipo, el guardameta Araquistáin, tras 86 partidos oficiales y 15 goles vestido de blanco, con 4 Ligas y una Copa de Europa en su palmarés. Era aquel un gran conjunto, con los Ballester, Iborra, Canós, Llompart, Lezcano, Vavá o Asensi, que a las órdenes del técnico uruguayo Roque Máspoli llegará a la final de Copa —la segunda consecutiva para nuestro personaje—, que caerá de nuevo derrotado por 1 a 0, en esta ocasión ante el entonces rey de Copas, el Athletic de Bilbao.

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Serena permanecerá en el viejo Altabix otra temporada más, para fichar en 1970 por un equipo de barrio de Barcelona, el San Andrés —hoy Sant Andreu—, en Segunda División, la categoría en la que había hecho su debut en el fútbol profesional una década atrás. Va a ser su estancia más prolongada, pues vestirá la zamarra cuatribarrada durante seis temporadas, con muy buen rendimiento y al lado de los Mur —futuro masajista del Barça—, Bergara I, Riera, Martín, Feliu, Pepín o Martí Filosía. En 1976, ya con 35 años, abandona el fútbol, y se establece en Pamplona.

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Casado con una navarra, y padre de dos hijos, será un asiduo a El Sadar y miembro de las Asociaciones de Veteranos del Real Madrid y Osasuna hasta el momento de su fallecimiento, el 15 de octubre de 2018, víctima de una rápida enfermedad. Para entonces el Real Madrid ya sumaba 13 Copas de Europa en su haber, pero al menos una oreja de La Sexta siempre será suya.

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