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Entrevista LD con Miguel Ángel Lotina: "En mi mochila están mis éxitos y mis fracasos, y la llevo con total dignidad"

El actual técnico del Tokyo Verdy repasa para LD su carrera, tras más de 6 años alejado de un fútbol español al que no añora.

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El actual técnico del Tokyo Verdy repasa para LD su carrera, tras más de 6 años alejado de un fútbol español al que no añora.
Miguel Ángel Lotina, durante la entrevista con LD en Tokio. | LD

La de Miguel Ángel Lotina (Meñaca, Vizcaya, 1957) es probablemente una de las mayores relaciones de amor-odio con el fútbol de elite nacional. Pase a la sensación de que hubiera pasado un mundo desde su último descenso con el Villarreal, de eso hace solo seis temporadas. Un hecho que pareció cerrarle definitivamente las puertas de La Liga, al unirse a la caída a segunda de Logroñés (1997), Real Sociedad (2007), y Deportivo de la Coruña (2011), además del Celta del que había sido prematuramente despedido en 2004. Sin embargo, lo que pocos recuerdan del técnico vasco son sus años de éxito, como aquel Numancia al que hizo grande en la Copa del Rey estando en 2ªB para luego ascenderlo a primera, sus tres años en Pamplona salvando al Osasuna, la histórica clasificación del Celta para la Champions o el último ‘Dépor’ europeo, así como la cuarta, y última hasta hoy, Copa del Rey que se guarda en las vitrinas del Espanyol (2006). Desde Japón, donde actualmente dirige al Tokyo Verdy, uno de los grandes del fútbol nipón, Lotina atiende a Libertad Digital con una clarividencia facilitada por el descanso mental que le ha supuesto alejarse del fútbol español.

¿Cómo es su vida en Japón?

Está muy bien, por varias razones. Primero, la seguridad es increíble. Estás seguro en cualquier parte, puedes dejar el móvil o el portátil en un sitio y cuando vuelvas sabes que estará allí. Y también el respeto de la gente en la calle, cómo te atienden en cualquier parte, siempre con una sonrisa. Y eso hace que te sientas bien, te envuelve y a mí por lo menos me gusta mucho.

Desde España se percibe el crecimiento de la liga japonesa y el fútbol en general en el país.

Japón es un país muy deportivo, hay mucho practicante. Y aunque es verdad que el béisbol es el deporte nacional, es cierto que las cifras del fútbol ya están muy parejas. Y además los japoneses están todo el día en la calle, donde hay muchos niños. Hay un tema importante, que es la salida de jugadores a ligas internacionales, porque al japonés, por su educación, le falta un punto de competitividad. Técnica y físicamente son buenos, fuertes, y además muy trabajadores. Y cuando van a Europa evolucionan, por eso es tan importante. De hecho, en la selección absoluta solo hay dos jugadores jugando aún en Japón, el resto están ya en Europa. Y luego está la televisión, donde recientemente ha aparecido un patrocinador importante. Además, se van a ampliar de tres a cinco extranjeros para el año que viene, lo que va a aumentar el nivel de la liga.

¿Qué influencias nota en el fútbol japonés? ¿Europeas, americanas, quizá por el crecimiento de China, o ninguna de ellas por los bloqueos que a veces hay en este país?

Aquí siempre ha habido mucha relación con Brasil. Han venido muchos jugadores y entrenadores de allí. Pero son muy tradicionales, les cuestan los cambios, y hay que convencerles muy poco a poco. No hay demasiadas influencias realmente. Nosotros intentamos, pero sin hacer grandes cambios, hacerles ver cosas nuevas, sin perder lo bueno que tiene el fútbol aquí y su manera de ver las cosas. Hay que convencerles con hechos porque ellos son tradicionales de por sí.

Durante el Mundial, tuvo mucho eco aquella imagen del vestuario japonés tras la dura derrota ante Bélgica, ¿Es así el día a día aquí?

Sí. A nivel de limpieza, vas a cualquier baño en cualquier estación y está impoluto. El reciclaje aquí es increíble, yo siempre lo he hecho como lo hacemos en España, pero aquí directamente tienen diez o doce tipos de contenedores. Los yogures, por ejemplo, hay que limpiarlos antes de tirarlos a la basura. Y se hace con tanta naturalidad que al final te acostumbras. En nuestro equipo cada dos o tres meses sale la plantilla a barrer la calle, y no crean que se queja nadie, es algo cultural que tienen que hacer por su sociedad y que hacen desde pequeños. Así es su educación.

El Tokyo Verdy es uno de los equipos más reconocibles de Japón, ¿Por qué está en segunda?

Aquí se vive mucho de la esponsorización, y el del Tokyo Verdy hace unos años se fue al béisbol. Se quedaron con patrocinadores pequeños solo y hasta que no llegue uno más fuerte va a ser difícil. El apoyo ahora de la televisión es importante, aunque las cantidades están muy alejadas obviamente de lo que se mueve en España. Pero sí, el Tokyo Verdy va a ser el primer equipo japonés en cumplir 50 años, lo hará el año que viene, y es todavía el equipo con mejor palmarés, pero lleva doce años sin ganar un título.

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Lotina atiende a LD en Tokio.

¿Cómo es la masa social del equipo, en una ciudad con 38 millones de habitantes?

Es algo similar a España, la mayoría son de la zona. Pero sí es cierto que aquí el aficionado es más de jugador. Es decir, si un equipo ficha a tres jugadores buenos, por ejemplo ahora con Iniesta, seguro que va a haber más gente que se haga de ese equipo. En España puede ir más gente a ver a ese equipo, pero no se hace de ese equipo. Para nosotros es impensable pero aquí es así.

Hablemos de España. ¿Se ha sido injusto con usted?

Hubo una época en que me molestaba. En mi mochila están mis éxitos y mis fracasos, y la llevo con total dignidad. Claro que no me gustaría tener los fracasos, pero están ahí y son míos. En España somos especialistas en recordar lo malo, pero bueno, no pienso demasiado en el pasado. Lo bueno, y fueron muchos momentos, los viví muy bien. Lo malo lo viví con la familia, que es lo que suele pasar.

¿Y en el futuro piensa?

No demasiado. En los últimos años, antes de venir a Japón, me reuní con tres equipos, uno de primera y dos de segunda, algo que no salió en prensa. A los tres les dije que no, que no lo veía claro. No sé lo que pasará en el futuro, porque soy una persona que duda mucho y cambio bastante. Pero ahora estoy bien, a gusto. No estoy pensando en hacer algo bien para volver a España.

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Lotina celebra el título de Copa con el Espanyol en 2006. | Cordon Press

¿Le alivia el haber salido de España aunque haya tenido que ser en una liga menor?

Le tengo que reconocer que nunca había disfrutado tanto de ser entrenador como ahora. Entrenar en España te da prestigio, es indudable, pero da otras muchas cosas que son complicadas de llevar, como que tu familia sufra mucho. Entrenar en España es importante pero hay que pagar un precio.

Una vez en el mercado asiático, ¿Se plantea otras opciones por aquí?

Yo tengo amigos en China. Y hablamos de ello. Allí se gana mucho dinero, más que Japón. Pero yo prefiero Japón, por la organización de la liga y cómo es la afición. Le pongo un ejemplo: aquí la liga es en año natural. Mi primer año llegue el 12 de enero, y el día 25 me dieron ya todo el calendario de la liga con días y horas. Y al segundo día me dice el mánager: "Míster, ponme los entrenamientos de los dos próximos meses". Yo pensé "¿Qué broma es esta?" (risas). En España pones los entrenamientos cada semana, y puedes quitar o poner uno de un día para otro, según las sensaciones del equipo. Eso es difícil de entender aquí. Me quedé un poco en blanco, y empecé a pensar en cómo solucionarlo. Aquí hay que dejarlo cerrado. Así que como anular un entrenamiento era más fácil que ponerlo, puse sesiones dobles de mañana y tarde. Pero siempre tengo que poner los entrenamientos dos meses antes, no crea que fue porque quería conocerme el club. Y cambiar eso es muy complicado.

Ahondemos en eso. Si en España quita usted un entrenamiento de mañana, hay fiesta en el vestuario, ¿Qué ocurre en Japón?

Les choca mucho. Preguntan por qué cambiamos y eso. Ellos basan todo en el trabajo. Verán, yo llego hora y media o dos horas antes del entrenamiento, y siempre hay siete u ocho jugadores ya allí. Y cuando acaba el entrenamiento, si pasas por el vestuario dos horas después, hay media plantilla ahí. Estirando, con masajes, cosas así. Para ellos el entrenamiento no es de 10 a 11:30h, por ejemplo, sino que su trabajo empieza las 8h. La primera vez que les di dos días de descanso, los asistentes japoneses me miraban y preguntaban, ¿Por qué? Y claro, a veces hay que descansar, y eso es importante para el entrenamiento, pero les cuesta entenderlo.

¿Y cómo son las jerarquías en el vestuario?

Eso es algo tremendo. Se hace siempre lo que dicen los veteranos.

¿Le afecta en su toma de decisiones, puede sentar a quien quiera sin jugarse el puesto?

Sí, eso sin problema. Aquí la sociedad ayuda mucho a los veteranos, pero yo por ejemplo tengo tres titulares con 19, 20 y 21 años, los tres en la selección que jugará los próximos Juegos Olímpicos. Pero en la liga pasan cosas como que hay un jugador con 50 años, Kazuyoshi Miura. Apenas juega, claro, pero está ahí y le respetan mucho. Y hay muchos con 37 o 38 años. A la leyenda se la respeta mucho más que en España. Y luego, mis jóvenes, que ya le digo que juegan en la selección olímpica tienen que ir hora y media antes cada día a hinchar los balones. Y si un veterano les dice que le limpien las botas, pues lo harán. Más cosas: cada día al acabar los entrenamientos deshinchan los balones para que no se estropeen. Y al día siguiente volver a hincharlos, claro. Los jóvenes respetan muchísimo a los veteranos. Y además es sorprendente lo poco que hablan. Es tal el respeto al veterano que el joven apenas abre la boca en el vestuario, aunque sea internacional o juegue muchos más minutos en el equipo.

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