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Lilí Álvarez, ¿la mujer más influyente del deporte español?

Tenista, patinadora, motorista, periodista, escritora... todo eso, y mucho más, fue Lilí Álvarez, pionera en el deporte y en la sociedad española.

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Imagen de archivo de Lilí Álvarez. | Archivo

Fue una avanzada a su tiempo. Pero decir sólo eso sería quedarse demasiado corto. Tenista, patinadora, motorista, periodista, escritora, feminista... todo eso, y mucho más, fue Lilí Álvarez, pionera en el deporte y en la sociedad española. Toda una referencia para las siguientes generaciones. Una figura sin la cual todo hubiera ido mucho más despacio...

Ante todo, deportista

Elia María González-Álvarez y López-Chicheri, más conocida como Lilí Álvarez, nacía en Roma el 9 de mayo de 1905, en el seno de una familia española de la alta burguesía. Su formación se forjó, además de en Italia, en Suiza, Alemania o Francia. Y fue en esa época cuando fue adquiriendo su amor por el deporte.

Equitación, alpinismo, esquí, baile de salón, billar... todo se le daba bien. Pero fueron tres los deportes en los que profundizó más. Por un lado, el automovilismo, llegando a destacar como una magnífica piloto en el Real Moto Club de Cataluña de 1924 a mandos de un Peugeot, con tan sólo 19 años, convirtiéndose en la primera mujer que se imponía en una prueba masculina –no había femeninas- hasta la fecha.

Por otro, el patinaje sobre hielo. En 1921 conseguía la medalla de oro en el Mundial de patinaje. Y sólo tres años después, en 1924, se erigía en la primera deportista española que conseguía participar en unos Juegos Olímpicos, al hacerlo en los de Invierno de Chamonix de 1924. Pero una lesión le hizo tener que cambiar de deporte, hallando en el tenis su catapulta a nivel internacional.

"La señorita" del tenis

Porque fue, por juego y resultados, una de las mejores tenistas españolas de la historia. Ganó un Roland Garros en dobles (1929). Perdió otra final en el dobles mixtos (1927). Y se plantó hasta en tres ocasiones en la final de Wimbledon, donde cayó ante la anfitriona Godfree (1926) y ante la enorme tenista norteamericana, ganadora de ocho Wimbledon, Helen Wills (1927, 1928).

Además, conquistó 16 campeonatos importantes, como el Campeonato de España por partida doble, el Torneo de Montecarlo –en tres ocasiones- , el Masters de Roma, el de Buenos Aires, o el de Rio de Janeiro.

Tras sus grandes resultados en suelo británico, fue apodada "La señorita". Por su imagen, muy femenina para el tenis de aquellos años; por su juego fino y elegante; y por su carácter y entrega. Fue la referencia para muchas generaciones que estaban por venir.

Pero no fue sólo sobre la pista donde brilló Lilí Álvarez. Fue uno de los mayores exponentes de una corriente dirigida por Suzanne Lenglen, que pretendía desmarcar al tenis femenino como un mero entretenimiento para mujeres aburridas. Ellas podían jugar como los hombres, podían luchar como los hombres, y podían vestir como los hombres.

Por eso, llamó especialmente la atención la aparición de Lilí Álvarez en el Wimbledon de 1931, vestida con una falda de tenis dividida en dos mitades, diseñada por la prestigiosa modista Elsa Schiaparelli. En aquel momento el mundo se asustó, puso el grito en el cielo. Poco después, todas llevaban esa falda.

Paso a su otra pasión

Es en 1941, con 36 años, cuando decide retirarse del tenis. No deja el deporte, siendo aún campeona en automovilismo o en esquí. Ni tampoco la escritura, la rebeldía, su feminismo...

Comenzó a trabajar como periodista en Argentina, para La Nación de Buenos Aires, con varios artículos ("El gran enemigo de la estrella del tenis, el admirador" y "El tenis y la mujer").

En realidad, sin embargo, su afición por la escritura ya había comenzado mucho antes. En 1927 escribió un libro en inglés, publicado en Londres, bajo el título Modern lawn tennis. En 1931, escribió algunos artículos políticos para el diario británico Daily Mail sobre la creación de las Cortes Constituyentes, siempre, con su feminismo convencido, prestando especial interés a los cambios que se estaban produciendo en la mujer española. Incluso llegó a hablar para el mismo periódico sobre la Guerra Civil Española.

Cartas de amor con Laforet

Además, Lilí fue una mujer activa en la defensa del femenismo. No sólo desde la pista, como lo demostrara su imagen de Wimbledon de 1931, sino también con sus escritos y presencias. No en vano, en 1951 realizó la charla "La batalla de la femenidad" en el Congreso Hispano-Americano femenino.

Afincada en España tras su retirada tenística, su carácter chocó con el régimen franquista, lo que quizá le impidió ser reconocida como la deportista que fue. Continuó escribiendo libros, sobre feminismo, religiosidad y deporte.

Y de ahí se desprenden unas supuestas cartas de amor con otra gran y muy influyente figura femenina de la España del Siglo XX: Carmen Laforet. En aquellos años es obvio que ciertos tipos de amores debían disfrazarse de sinceras amistades. Pero algunas de las palabras que se cruzaron Álvarez y Laforet dejan traslucir algo más.

"Antes pensaba que esta confianza espiritual se debería tener sólo con el marido. Ahora estoy totalmente segura de que ningún hombre la merece ni la quiere ni sabe qué hacer con ella", le escribiría Carmen Laforet a Lili Álvarez meses después de conocerse.

Un embarazo de la escritora provocó el enfado y tristeza de la deportista, enfado que le mostró mediante otra correspondencia, a la que Laforet contestó: "¿Sería cristiano que yo ahora que comulgo todos los días limitase la natalidad de mis hijos por miedo a todos los inconvenientes prácticos y afectivos? Dime, querida mía, ¿cuál es la lógica de nuestra conducta? Yo sé –continúa Laforet– que me tienes que seguir queriendo aunque siga mi camino de Cristo, con todos sus inconvenientes, con todas sus espinas, con todas sus tormentos físicos... y, añado, espirituales".

La respuesta de Lili Álvarez fue escueta, pero contundente. Una nota manuscrita en la que decía: "No me verás más. Adiós", a lo que Laforet respondió "Yo, en cambio, te espero con los brazos tendidos... Tengo que esperarte. O bien tirarme al surco y marcharme contigo todo recto, caminito del infierno, cosa que tú eres la primera en prohibir... como es natural".

Reconocimientos póstumos

Lili Álvarez fallecería en Madrid, el 8 de julio 1998, a la edad de 93 años. 17 días después recibiría, durante un encuentro España-Estados Unidos de la Copa Federación, la medalla de oro al mérito deportivo.

Era un reconocimiento tardío, pues siempre fue incómodo en una sociedad española marcadamente machista. Aquella época ensombreció sus éxitos. Pero Lilí trascendió. Hoy se la sigue recordando. Y aún, casi un siglo después de sus primeros éxitos, su reconocimiento radica en las generaciones de deporte femenino que llegaron más tarde, sin complejos, con un referente.

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