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"La quiebra del sistema financiero podría evitarse con capital privado"

¿Cómo evitar la quiebra de la banca sin capital público? El Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (OCE) señala que, tras la quiebra de Lehman Brothers, la banca se habría salvado si sus acreedores hubiesen convertido, como mucho, el 8,5% de sus créditos en acciones.

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¿Cómo evitar la quiebra de la banca sin capital público? El Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (OCE) señala que, tras la quiebra de Lehman Brothers, la banca se habría salvado si sus acreedores hubiesen convertido, como mucho, el 8,5% de sus créditos en acciones.

Este martes se cumple un año de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó un punto de inflexión en la actual crisis financiera y crediticia. Dicha bancarrota supuso el punto y final a la banca de inversión en EEUU y generó un pánico financiero a nivel mundial que sirvió de excusa al Gobierno de EEUU para lanzar un plan de rescate financiero (TARP), y así recapitalizar a las grandes entidades con problemas de solvencia.

Pero, ¿existía alguna alternativa a la quiebra de Lehman y el rescate público de la banca? Ésta es, precisamente, la pregunta que plantea el quinto boletín sobre la crisis subprime. correspondiente al tercer trimestre de 2008, que elabora el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana (OCE). El informe analiza las causas de la insolvencia bancaria, los efectos del TARP sobre la economía real y plantea una alternativa privada al rescate público de entidades.

Causas de la insolvencia bancaria

Así, según el OCE, "la insolvencia de la banca, sobre todo, la de inversión, radica en el descalce de plazos: las entidades destinaban una parte significativa de su deuda a corto plazo a la financiación de activos financieros a largo, cayendo en un esquema de iliquidez que, tarde o temprano, colapsaría".

Los expertos del OCE advierten de que "las expansiones crediticias no respaldadas por ahorro colocan a los agentes económicos en una situación de iliquidez". En este sentido, la responsabilidad recae en la política monetaria de la Reserva federal de EEUU (FED), presidida entonces por Alan Greesnpan, quien, a partir de 2003, situó los tipos de interés en niveles tan reducidos como el 1%, alentando el endeudamiento de los agentes privados. De hecho, la deuda de EEUU se disparó hasta alcanzar el 350% del PIB en 2007.

Sin embargo, dicha expansión crediticia fue posible, no sólo gracias a los tipos de interés reducidos, sino también "al propio funcionamiento de la banca". La operativa de las entidades, sobre todo la banca de inversión (shadow banking) consistía, básicamente, "en destinar una parte significativa de su deuda a corto plazo a la financiación de activos financieros a largo plazo (como titulizaciones hipotecarias o bonos corporativos, etc.), y en emplear esos activos como colateral para la refinanciación de esa deuda a corto". De esta manera, "se lucraban del diferencial de tipos de interés entre el corto y el largo plazo", indica el estudio.

De hecho, este arbitraje de tipos de interés permitió a estas entidades captar un ingente volumen de capital, especialmente vía deuda.

En el siguiente gráfico (los datos proceden del último balance disponible antes de su quiebra o reconversión), puede observarse el enorme grado de apalancamiento que asumieron los bancos de inversión y las agencias hipotecarias semipúblicas: en el mejor de los casos, sólo el 5% de todo el activo estaba financiado con fondos propios, lo que significaba que una depreciación del activo de ese importe los terminaría abocando a la quiebra.

 

"Lehman Brothers era el mayor suscriptor de titulizaciones hipotecarias de Estados Unidos. Su exposición a hipotecas y productos relacionados era de 65.000 millones de dólares, esto es, más de dos veces sus fondos propios".

Sin embargo, este particular esquema piramidal (Ponzi) se derrumbó con el estallido de la crisis subprime a mediados de 2007, debido al sustancial aumento de la morosidad hipotecaria. Y es que, "el grifo para financiar la deuda a corto se cerró por completo y llegaron las quiebras": Bear Stearns, Indymac, los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, Merril Lynch y Lehman Brothers.

Consecuencias de la quiebra

"La quiebra de Lehman Brothers provocó un pánico en el sistema financiero internacional, ya que la mayoría de bancos, tanto los más intensamente regulados como los no sometidos a regulaciones, se encontraban en una situación análoga a la de Lehman: una gran cantidad de pasivos a corto plazo que iban destinados a financiar activos a largo plazo que, en porciones significativas, estaban impagados (los más populares de los cuales han sido las hipotecas subprime)", alerta el OCE.

"El pánico se tradujo en que la mayoría de los acreedores a corto plazo se negaron a seguir refinanciando al sector bancario, que de esta manera se encontró al borde del colapso". Fue, precisamente, entonces cuando los gobiernos de medio mundo se lanzaron al rescate del sistema financiero mediante el uso de ingentes recursos públicos (emisión de deuda e impresión de billetes para inyectar capital en la banca).

¿Problema? Muchos, y muy graves, según el OCE. "A partir de mediados de septiembre, los mercados crediticios dejaron de financiar al sector privado y se concentraron en adquirir las enormes emisiones de deuda pública que fueron necesarias para recapitalizar la banca. De esta manera, los fondos monetarios cesan sus compras del papel comercial que emitía la banca y las empresas con la finalidad de financiar, por un lado, el crédito al consumo y, por otro, los fondos de maniobra de las compañías".

Es decir, el rescate bancario de los gobiernos disparó la restricción del crédito (credit crunch) al sector privado. El boletín señala que la intervención de los gobiernos "supuso un derrumbe del crédito destinado a la adquisición de bienes de consumo duradero y de las transacciones que realizan las empresas gracias al crédito comercial que les proporcionan los inversores".

De hecho, es a partir de octubre de 2008 cuando se produce el derrumbe del consumo con cargo al crédito en las economías occidentales, "lo que explica buena parte del desbocado crecimiento del desempleo a partir de entonces", añade el OCE.

Las recapitalizaciones estatales de la banca, por consiguiente, "no sirvieron para el objetivo con el que se ejecutaron: que el crédito volviera a fluir en la economía". Más bien todo lo contrario: "El enorme gasto público que supusieron agravó la contracción crediticia y trasladó la crisis desde el sector financiero a la economía real".

Alternativa privada al rescate público de la banca

En su último boletín, publicado este martes, el OCE advierte de que es "falso que no existieran alternativas" al rescate público del sistema financiero.

El OCE considera que "deberían haber sido los propios inversores y afectados quienes valoraran el coste del rescate" de una entidad insolvente. El rescate privado de un banco se podría llevar a cabo mediante dos mecanismos básicos:

En primer lugar, "muchos acreedores aceptarían convertirse en accionistas de la compañía, dando lugar automáticamente a su recapitalización. "Al fin y al cabo, aun cuando un banco se encuentre en situación de insolvencia, la manera que tienen sus acreedores de maximizar el capital que pueden recuperar de sus inversiones no es forzando una liquidación anticipada de los activos del banco, sino permitiendo que se vayan amortizando poco a poco según vayan madurando".

De este modo,, según el OCE, "la deuda de la entidad podría haberse convertido en fondos propios". No obstante, el informe señala que, en ningún caso, "los fondos aportados por el Estado superaban el 8,5% de los pasivos totales (deuda) de las entidades rescatadas; o dicho de otra manera, el banco habría salido de la quiebra y, a priori, todos los deudores habrían podido recuperar sus fondos transformando simplemente el 8,5% de sus deudas en acciones del banco".

De hecho, tal y como muestra el informe, "no deja de ser un tanto irónico que la banca de inversión, el máximo exponente del shadow banking que supuestamente había engendrado esta crisis frente, según decían los políticos, al modelo más honrado y tradicional de la banca comercial, sea el que un menor apoyo público haya necesitado, incluso cuando se la pone en relación con sus activos totales":

 

La segunda medida consiste en las "captaciones de capital". "Las entidades en problemas bien podrían haber sobrevivido emitiendo deuda o acciones, tal y como proponía el consejero delegado del banco estadounidense Wells Fargo". Y es que, "en ausencia de las enormes emisiones de deuda pública, los inversores tendrían que haber acudido a activos alternativos para invertir su dinero, y éstos habrían sido con mucha seguridad los bonos corporativos de alta calidad".

El papel comercial de mayor calidad "bien podría haberse empleado como mecanismo transitorio para responder a las necesidades de caja de los bancos ante las retiradas de fondos vinculadas a la deuda a corto plazo", indica.

El OCE concluye que si bien un rescate privado habría comprometido también "importantes inmovilizaciones de ahorro en la banca que deberían haberse extraído de otras partes de la economía", éstas habrían sido unas "inversiones basadas en el cálculo de rentabilidad que habría tendido a retirar el capital de allí donde fuera menos urgentemente demandado y, en todo caso, no habría supuesto un rescate indiscriminado de agentes y activos que impidiera la necesaria liquidación de muchos de ellos".

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