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Toy Story 3: ¿La mejor secuela de la historia del cine?

En Toy Story 3 los entrañables personajes que todos conocemos se ven envueltos en su última aventura, ya que se enfrentan al abandono definitivo. Una película genial, capaz de aunar comedia y drama, aventura y fantasía, con pasmosa naturalidad. ¿Conseguirán Woody, Buzz y compañía fugarse con Andy?

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En Toy Story 3 los entrañables personajes que todos conocemos se ven envueltos en su última aventura, ya que se enfrentan al abandono definitivo. Una película genial, capaz de aunar comedia y drama, aventura y fantasía, con pasmosa naturalidad. ¿Conseguirán Woody, Buzz y compañía fugarse con Andy?

Toy Story planteó a mitad de los años noventa un punto y aparte en la historia del cine. Y no sólo porque era una película familiar brillante (que, por cierto, no pierde con los años), sino porque su apuesta íntegra por la animación digital fue el comienzo de una revolución de consecuencias incalculables para el cine. En Toy Story 3 nos encontramos ante un raro caso de secuela que no sólo respeta al máximo la mitología de entregas previas, sino que consigue ese ideal casi nunca logrado de llevar hasta el siguiente nivel sus planteamientos con una lógica aplastante, convirtiéndose así en una tercera parte necesaria, una conclusión perfecta y un final absolutamente cerrado en el que los artistas de Pixar se han atrevido a llevar hasta las últimas consecuencias su propia creación con inesperado atrevimiento.

O quizá no tanto, ya que estamos hablando de los estudios que el año pasado y el anterior se sacaron de la manga Up y Wall-E, dos cintas familiares capaces de conciliar alegremente ingenuidad y angustia existencial con revolucionaria eficacia. Pero que nadie se lleve a error: Toy Story 3 es un entretenimiento trepidante de muchos kilates, alegre y cinéfilo a más no poder, pero que es capaz de combinar el chascarrillo referencial con sentimientos viscerales y comprensibles para edades de cero a cien años. En definitiva, una montaña rusa que empieza como comedia de enredo para después filtrar elementos del cine de terror de los suburbia americanos (con ese idílico jardín de infancia que alberga los peores castigos) y también drama carcelario, todo con pasmosa naturalidad. Por eso, por su animación exquisita y de vanguardia (fíjense en las texturas del oso Lotso) y su clasicismo bien entendido (la estructura del guión es perfecta y aguantará uno y mil visionados), Toy Story 3 se merece estar en el podio de las mejores película del año.

Pero es que además la película gana a medida que avanza, y es en su segunda mitad cuando se erige como una absoluta obra maestra. Los últimos cuarenta minutos de Toy Story 3 se presentan como una trepidante escapada que no sólo es puro cine, sino que remata algunos de los temas fundamentales que están en el código genético de la saga y de todas las películas Pixar. Tanto la huida del jardín de infancia como el espectacular y finalmente conmovedor episodio del vertedero, de ecos místicos y trascedentes (y que alberga dos momentos para la historia del cine, uno con todos los juguetes dándose la mano, y otro, el mejor Deus ex machina que podemos recordar), nos conducen al final más dramático y bello que un film de Disney puede ofrecer, y que nosotros podíamos imaginar. Una película enorme.

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