La decisión del Gobierno de establecer una paga de cien euros al mes a las trabajadoras con hijos pequeños, la caída casi del 5 por ciento en Bolsa del BBVA arrastrado por el caso de las cuentas y fondos opacos, la retirada de Israel de dos ciudades palestinas y su decisión de establecer zonas de seguridad, la toma del control por parte de la banca del grupo Kirch en la mayor suspensión de pagos desde 1945 en Alemania o la decisión del fiscal general de querellarse contra Otegi por dar vivas a ETA en un mitin en Francia son las noticias más destacadas en las portadas de prensa de este martes.
ABC dedica un editorial al progresivo envejecimiento de la población mundial que, especialmente en el caso de España, alcanza unos niveles alarmantes pues, de seguir esta tendencia, en 50 años nuestra nación será la más vieja del mundo. Este diario destaca la importancia de tener unas adecuadas proporciones entre la población activa y la pasiva, que en España es en la actualidad de 4 a 1, pero que según las previsiones, será de 2 a 1 en 2040. Por todo ello, ABC considera eficaces las medidas que el Gobierno quiere promover para impulsar la natalidad como la paga de 100 euros al mes para las madres trabajadoras con hijos menores de tres años o las desgravaciones progresivas a partir del segundo hijo, frente a las actuales a partir del tercero.
Aunque el editorial mete en el mismo saco las desgravaciones fiscales por hijo y la nueva paga por maternidad se tratan de medidas que merecen una consideración muy distinta. La primera no sufre pérdidas en el trasvase del contribuyente al Estado, sino que permite retener una mayor renta disponible en manos del contribuyente sin esperar a que el Estado le haga una transferencia en forma de paga. La primera es vista acertadamente por el ciudadano como una mayor capacidad de decisión sobre su propia renta, mientras que la segunda es erróneamente percibida como una “gracia” o un “favor” que se recibe del Estado, lo cual fomenta una nefasta cultura de la dependencia y del intervencionismo estatal.
En buena medida, la ONU y buena parte de los “expertos” en demografía han pasado en escasas décadas de sus funestos augurios sobre la “bomba poblacional” a alarmarse por la escasa natalidad y por el envejecimiento de la población. Tratando de establecer desde arriba las pautas que han de guiar la reproducción humana, la administración ha fomentado el intervencionismo estatal en un área, en principio tan privada, como es la del número de hijos que se quiere tener. Y lo cierto es que la necesidad de intervenir públicamente en esta área no lo provoca más que un excesivo intervencionismo estatal previo en otros campos como es la salud, la organización y tiempo de trabajo, edad de jubilación y, sobre todo, el sistema de pensiones. Aunque ABC cita de pasada estos factores, son de vital importancia a la hora de abordar los efectos del envejecimiento de la población. El concepto de “joven” y “viejo” es relativo. Los avances técnicos y sanitarios permiten alargar los años en que se considera joven y activa una persona y retrasar la edad en la que se ha de considerar vieja. En principio, el que se eleve la edad media de la población no es un motivo de preocupación, sino de orgullo para la civilización que ha permitido elevar la esperanza y calidad de vida.
Claro que si el Estado, a pesar de estos cambios, mantiene en la misma edad el “derecho” –no digamos ya la obligación– de jubilarse y persiste en un sistema de pensiones de reparto en el que la población pasiva ha de ser mantenida por la población activa, los problemas que genera el envejecimiento de la población son ciertamente preocupantes. Si en lugar de esa injerencia estatal, la decisión de jubilarse fuese individual, como el sistema de capitalización de pensiones, la estructura demográfica no acarrearía los peligros que ahora produce para la sociedad en su conjunto. Si además mantienen fluidas las corrientes migratorias –sin más obstáculos que los necesarios para garantizar su integración y conexión con el trabajo– estos flujos pueden también permitir reducir los desequilibrios poblacionales entre las distintas zonas del planeta.
En lugar de que el intervencionismo estatal presente “sus pagas” a la natalidad como la solución al problema que él mismo ha creado, el “envejecimiento” de la población puede ser visto como una posibilidad de alargar la etapa activa de los ciudadanos, de retrasar la edad en la que se vean en la necesidad de jubilarse y de contar con más ahorros acumulados para entonces. Y en lugar de “pagas”, menos impuestos. Lo demás son huidas hacia adelante.
El desplome bursátil del BBVA
Todos los periódicos se hacen eco de la caída en Bolsa del BBVA por el escándalo de las cuentas secretas. El Mundo, no obstante, prefiere destacar más la negativa de Ybarra y de su equipo a dimitir de los consejos de varias grandes empresas del grupo. Como el editorial de este diario señala, Ybarra, Uriarte y Ampuero deberían tomar buena nota de la caída bursátil que ha provocado la trama y en coherencia con la dimisión en la dirección del Banco que aquella provocó, dimitir también de la representación del BBVA que todavía ostentan en empresas de la importancia de Telefónica, Iberdrola y Repsol. “¿O acaso creen –se pregunta el diario– que aún inspiran confianza como administradores quienes utilizaron 3.300 millones en dinero negro para constituir fondos de pensiones a su nombre?”
ABC, por su parte, también se hace eco editorial de la caída bursátil, pero cree injustificado el fuerte castigo de los inversores. “La castigo hubiera sido más lógico si lo aflorado hubieran sido pérdidas, en lugar de beneficios. El caso no debería lastrar la evolución de una de las entidades financieras señeras de nuestro país, ejemplo de solvencia financiera”. ABC, está visto, sigue en la irresponsable línea abierta por Rato de quitar importancia al escándalo y considera que la existencia de beneficios basta para calmar la alarma que ha generado un escándalo de esta magnitud. Evidentemente un Banco como el BBVA, y más con su nueva dirección, podrá superar los efectos de esta noticia pero, en el mejor de los casos, es ingenuo pensar como hace ABC que “los problemas coyunturales de algunos consejeros y ex altos ejecutivos” –el diario sigue sin citar sus nombres– “y la posibilidad de la judicialización del caso en España no tendrían por qué repercutir en la evolución del Banco en el mercado”. Que un diario como ABC no sepa a priori porque los mercados son sensibles a este tipo de escándalos ya es grave. Pero lo peor es que se siga golpeando contra la realidad cuando ya es un hecho que la bolsa ha pasado factura.
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