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La Razón y su repentina inquina contra Palacio

A pesar de que son varios los diarios que llevan a portada la decisión del Gobierno de exigir a las Comunidades autónomas un mínimo de cuatro horas semanales de enseñanza del castellano, sólo El Mundo la comenta editorialmente. La segunda cuestión que queremos abordar en nuestra Revista de prensa hace referencia a un asunto que va perdiendo actualidad, aunque La Razón se empeña desde hace días en que no pase de largo. Nos referimos a las pasadas declaraciones de Ana Palacio en las que consideraba que la muerte del periodista José Couso “no tenía entidad como para condenar a un país” como Estados Unidos ante el Tribunal Penal Internacional.

Por tercer día consecutivo, el diario de Ansón arremete contra la ministra de Exteriores por estas ajustadísimas declaraciones de Palacio en la cadena COPE. El lunes, se denunciaba en su portadilla “la indignación en los medios por las declaraciones de Palacio”. Ayer, el diario situaba “en alza” a Rajoy —que dijo que la muerte de Couso era un incidente “gravísimo”— sólo para poner a la baja a Palacio cuando, en realidad, las declaraciones de ambos ministros sobre la muerte de Couso eran perfectamente compatibles.

Hoy La Razón vuelve a la carga contra la ministra nada menos que con un editorial, en el que se vuelve a criticar “la torpeza y falta de oportunidad” de la ministra por considerar que el “hecho de que un periodista español sea alcanzado por disparos intencionados de soldados estadounidenses no tiene entidad”.

La Razón miente respecto al “hecho” tanto como respecto a lo que dijo la ministra sobre el mismo. En primer lugar, una cosa es que todos consideremos que la muerte de Couso sea un error gravísimo de las tropas estadounidenses, por el que incluso se haya podido pedir explicaciones a sus mandos, y otra, muy distinta, adjudicar intenciones criminales a los soldados, como si estos, voluntaria y concientemente, se hubieran propuesto matar periodistas en Irak. Una cosa es pedir explicaciones por daños colaterales y, otra muy distinta, lanzar condenas por crímenes de guerra.

En segundo lugar, La Razón miente —no otra cosa es decir una media verdad— cuando dice que Palacio dijo que la muerte de Couso “no tenía entidad”. Palacio consideró esta muerte un hecho tan “gravísimo” como lo consideró Rajoy. Lo que sucedió es que, pese a ello, consideró —al igual que Rajoy— que “no tenía entidad como para condenar a un país” ante el Tribunal Penal Internacional. La “condena” de un país en términos diplomáticos ciertamente se limita a casos muy excepcionales como la invasión de un pais por otro o por la sistemática violación de derechos humanos en el seno del mismo.

Sería el colmo que nuestros diplomáticos que dedican estos días a Siria los más inmerecidos elogios se dedicaran ahora a condenar a un país como Estados Unidos por lo que no es otra cosa que un dolorísisimo daño colateral.

La repentina y ardorosa inquina de La Razón contra la ministra de Exteriores no se puede explicar completamente por corporativismo periodístico ante unas declaraciones que sólo la ceguera del dolor, la estupidez o la mala intención pueden ver en ellas una afrenta a la memoria de Couso. En Libertad digital no hemos dudado en criticar en otras ocasiones a esta ministra, pero ningún “corporativismo” puede llevarnos a mentir sobre la naturaleza de la muerte de nuestro compañero de profesión ni a mentir sobre lo que la ministra ha dicho de esa muerte.

En la inquina de La Razón también puede pesar ese antiamericanismo gagá de la vieja derecha de nuestro país que ese diario ha tenido que refrenar para no estar a mal con el Gobierno en el capítulo de Irak. Si ahora arremete contra de Palacio es porque sabe que esta ministra difícilmente sobrevivirá políticamente a una nueva remodelación del Gobierno. Decir a la ministra que “debe aprender que la de Rajoy, y no la suya, es la forma adecuada de comportarse públicamente un ministro del Gobierno de España” no deja de ser una injusta crítica a una ministra y, al tiempo, una forma servil de silenciar que Rajoy, Aznar y el resto del Gobierno comparten sus declaraciones.

Lo de La Razón contra Palacio por tercer día consecutivo es, por otra parte, una forma de echar fuego a un asunto que, como la muerte de los periodistas en Irak, se ha convertido en tema de controversia no sólo contra el Gobierno sino también contra otros diarios. Puestos a criticar las “formas”, las de La Razón no son las propias ni para enjuiciar al Ejecutivo ni para poner en la picota a los medios de la competencia.

La enseñanza del castellano

La decisión del Gobierno de exigir a las Comunidades autónomas un mínimo de cuatro horas semanales de enseñanza del castellano, sólo la comenta editorialmente El Mundo. Su editorialista dedica un oportuno respaldo a estas medidas al denunciar “la ambigüedad de la Logse, cuya farragosa redacción permitía a las comunidades no sólo dar prioridad a las lenguas oficiales distintas del castellano, sino relegar a dos horas a la semana la enseñanza del idioma común establecido por la Constitución”.

El Mundo pone de relieve un hecho largamente silenciado por la mayoría de los medios como es que “a lo largo de los últimos años han sido muchos los padres que han denunciado que en comunidades como el País vasco, Baleares y, sobretodo, Cataluña, los escolares tenían dificultades para aprender la lengua castellana, e incluso se daba la circunstancia de que algunos colegios impartían más clases de inglés o francés que de castellano. Es evidente —continúa El Mundo— que el Gobierno socialista se dejó llevar por la presión de los nacionalistas para no imponer un mínimo de horas lectivas de lengua castellana —otro error más de la LOGSE— y por ello cada comunidad autónoma ha podido hacer de su capa un sayo”.

No obstante, no nos debemos engañar. Si “el gobierno socialista se dejó llevar por la presión de los nacionalistas”, no mucho menos lo ha hecho respecto a los catalanes el gobierno del PP durante sus últimos siete años de gobierno. Tanto por la dejación del PP como por la de los medios periodísticos que desde hace años se la han dejado pasar, esta positiva reforma no sólo llega tarde sino que es, a todas luces, escasa. Y lo es porque muchos padres en Cataluña no sólo se quejan de las escasas horas que se imparten de castellano, sino también de la imposibilidad de aprender en castellano. La liberticida “inmersión lingüística” obliga la enseñanza en catalán de todas las asignaturas, lo que no sólo es un obstáculo para el deber constitucional de aprender la lengua oficial de España —que es la lengua materna de más de la mitad de los catalanes— sino que es una afrenta para su libertad.

Mucho menos puntualizable es el merecido elogio que El Mundo dirige al Gobierno por “la vuelta al sistema de calificaciones de toda la vida, el que trazaba una raya entre el suspenso y el aprobado” y por “restablecer incluso la escala que incluye el Bien, el Notable y el Sobresaliente”. Para El Mundo, “dichas notas vienen a sustituir a los términos Progresa Adecuadamente y Necesita mejorar que estableció la bienintencionada Logse”.

Con excesiva benevolencia, El Mundo considera, sin embargo, que esa eufemística escala ahora suprimida “pretendía aminorar el efecto psicológico de los suspensos en los escolares y evitar así que tuvieran la sensación de fracaso”. Lo que había también detrás de ella era un rechazo absurdo a la mera clasificación de los alumnos según sus resultados, una ocultación del valor del esfuerzo y de la superación, y un empobrecedor igualitarismo que, por no distinguir, permitía incluso el paso al curso siguiente sin importar el número de asignaturas en las que el alumno “no progresaba adecuadamente”. Vamos, una auténtica bomba de relojería pedagógica que explica perfectamente el lamentable estado de la calidad de nuestra enseñanza.

En cualquier caso, El Mundo es muy claro a la hora de considerar también este cambio en el sistema de calificaciones como “necesario y acertado, ya que con el sistema actual resultaba muy difícil para los padres discernir cual era el rendimiento de sus hijos en la escuela”.

Resumen de prensa

Hay escasa coincidencias en los principales titulares con los que los diarios abren sus portadas este miércoles. “Las autonomías obligadas a enseñar 4 horas de castellano a la semana” es la noticia más destacada en la primera página de El Mundo. ABC abre su portada señalando que “Rato reaparece tras la guerra y presenta sus credenciales para la sucesión”. El País dice que “cientos de miles de chiíes desafían a EE UU en Irak”. El principal titular de La Vanguardia también se refiere a la multitudinaria concentración en Karbala para recordar al nieto de Mahoma señalando que “el islam chiíta se desborda en Irak”. La Razón, finalmente, vuelve a dedicar el principal espacio de su portada a la represión en Cuba recordando que “Rodíguez Zapatero y Llamazares, invitados a manifestarse contra la dictadura cubana”.

El segundo titular más destacado de ABC dice que “Abu Mazen se planta ante Arafat y anuncia su dimisión si no retira su veto al Gobierno”. Este diario y El País destacan la destitución del encargado del censo en Nueva York por decir que “en España, hasta los moros tienen trabajo”. El País destaca que “el Gobierno se distancia de la reforma del Código Militar que planea Defensa” y que “cargos de Batasuna figuran en las listas de las principales instituciones vascas y navarras”. La Razón, por su parte, pone de relieve el “sospechoso espionaje informático al PP bilbaíno”. La Vanguardia da relieve al “manifiesto por una nueva política cultural catalana” a cargo de más de 30 escritores y creadores que piden que las instituciones catalanas cambien sus estrategias.

La neumonía atípica continúa haciéndose un hueco en la mayoría de las portadas. El Mundo señala que “la OMS estudia pedir que se cancelen todos los vuelos que vayan a Beijin”. “China, al borde del estado de excepción sanitario” es el titular de La Vanguardia. ABC señala que “las rápidas mutaciones del coronavirus de la neumonía atípica dificultan el diseño de una vacuna”. Finalmente, La Razón se limita a hablar de “alerta mundial ante el avance de la neumonía”.

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