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La intensa relación económica de Juan Carlos I con la vela

El rey ha tenido una intensa relación con el deporte náutico por excelencia, en buena parte con un fuerte componente económico.

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El rey ha tenido una intensa relación con el deporte náutico por excelencia, en buena parte con un fuerte componente económico.

Las imágenes de Juan Carlos I compitiendo en regatas de vela han sido una constante en su reinado. Todo el mundo conoce la afición del monarca por dicho deporte, más aún cuando la transmitió a sus tres hijos, que también han sido consumados regatistas.

De hecho, el propio Juan Carlos I participó en unos Juegos Olímpicos –Munich 72-, la infanta Cristina lo hizo en los de Seúl de 1988 y, sobre todo, el entonces príncipe Felipe lo hizo en Barcelona 92: todos recordamos el momento en que entraba en el Estadio de Montjuic como abanderado de la delegación española.

Pero hay otra vinculación de Juan Carlos I con el mundo de la vela que es menos conocida y, sin embargo, es muy importante: la económica. Hay varios elementos que recordar: el primero, probablemente, el famoso yate Fortuna que sufragó un grupo de empresarios baleares como regalo al Rey.

Fue un regalo de 22 millones de euros que la familia real usó hasta el 2013 y en 2014 Patrimonio Nacional lo devolvió a los donantes, agrupados en la Fundación Turística y Cultural de las Islas Baleares, que lo pusieron a la venta por bastante menos del dinero que había supuesto su compra.

Los "bribones"

Otros aspectos económicos de la relación de Juan Carlos I con la vela, en cambio, no han sido tan conocidos y probablemente son más relevantes. Tal y como se explica en el libro Urdangarín y la Copa América, un nombre clave en esto es Josep Cuní, el armador del barco –el Bribón- que patroneó el rey durante 30 años de participación en regatas.

Cuní es uno de los amigos más íntimos del Rey y durante las tres décadas pasadas le ha proporcionado hasta 15 "bribones" con los que competir. Para hacernos una idea de lo que significa esto lo mejor es mirar el coste del último de ellos, que según Ricardo Greenville costó un millón de euros.

Obviamente, el dinero para pagar esta flota y la participación en décadas de regatas, no ha salido del bolsillo de Cuní y tampoco del de Su Majestad: el Bribón ha tenido durante años el patrocinio de una gran empresa española que ha sido su patrocinador de referencia, pese a que la vela no es, desde luego, un deporte muy popular en España.

Pedro Campos

Un segundo personaje clave de la presencia del Rey en el mundo de la vela es Pedro Campos, empresario y regatista que ha liderado proyectos tan importante como la primera participación española en una Copa América, allá 1992.

Siempre según la versión de Ricardo Grenville en su libro, Campos es un empresario muy controvertido en el mundo de la vela: muchos dicen que utiliza su cercanía con el Rey para obtener patrocinios. De hecho, en el libro se desvela que directivos de una de las mayores multinacionales españolas intentaron que Urdangarín trasladara "sutilmente" al Rey el malestar que causaban las excesivas presiones que Campos ejercía para conseguir dinero para sus proyectos. Entre estos proyectos, por ejemplo, dos participaciones en la Volvo Ocean Race que le supusieron a esa empresa 30 millones de euros.

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