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La esperanza muerta de Susana Díaz

La socialista sólo puede aspirar a malmeter en las negociaciones entre el dúo de los Juanmas, Moreno y Marín, con Vox al fondo.

(Sevilla)
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Susana Díaz. | EFE

Ayer en un acto en Huelva, Susana Díaz se refirió a un texto de la obra dramática de Lorca, Doña Rosita la Soltera, que se refiere a la esperanza muerta como el peor de los sentimientos. La protagonista lorquiana lo expresa así: "Todo está acabado... y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía...".

Pero el mensaje que se lanza desde el PSOE andaluz es que no darán la batalla por perdida hasta que se consume la investidura de un presidente ajeno al socialismo tras casi cuarenta años de dominio casi absoluto y el control de instituciones, entidades y entes, además del dinero. No se olvide que en Andalucía uno de cada cuatro euros circulantes procede de la Junta de Andalucía, la mayor empresa contratante del Sur.

Naturalmente, no se refieren a la esperanza "viva" que es la esperanza legítima de quienes han aceptado democráticamente los resultados de sucesivas elecciones, han reconocido la legitimidad de sus gobiernos y han asumido la legalidad de todo lo acaecido durante dos generaciones. Todos esos andaluces, que han dado un enorme ejemplo de respeto a las reglas –Podemos se echó a la calle al día siguiente de conocerse los resultados–, y de amor a la democracia a pesar de perder una y otra vez, tienen ahora la "esperanza viva" de que un cambio esencial llegue por fin a una de las regiones más importantes y necesitadas de España.

Las opciones de Susana Díaz no son muchas porque la aritmética electoral, en este año 2018, no le ha favorecido. De haber conseguido Ciudadanos sólo un escaño más, 22, la trianera hubiera dispuesto de la oportunidad de convencer a Albert Rivera para continuar el tándem que tanto benefició a la socialista, que mantuvo el régimen, y al mismo Juan Marín que, a pesar de mirar para otro lado y no ver durante tres largos años lo que luego denunció en la campaña electoral, ha logrado 12 escaños más con sus promesas ahora sí, parece, de cambio.

Susana Díaz tenía la opción de ofrecer la presidencia de la Junta a Ciudadanos y apuntalar el acuerdo con el apoyo de Podemos, pero era imposible que Rivera aceptara tal apaño y que Podemos-IU, apaleados por los resultados hostiles, se implicaran en tal enjuague tras haber llamado de todo a Ciudadanos y a la propia Susana Díaz.

¿Cómo salvar los muebles de un régimen que abarca desde la administración paralela a Canal Sur pasando por la propia Junta, sus entresijos, sus secretos, sus subvenciones, sus pasadizos y sus archivos?

La otrora cabeza del cambio en el PSOE frente a un desbocado Pedro Sánchez sólo puede aspirar ahora a malmeter en las negociaciones entre el dúo de los Juanmas, Moreno y Marín, con Vox al fondo, con el fin de proyectar la imagen de que no se la deja presidir la Junta a pesar de haber ganado las elecciones –olvidando la cornada PSOE-IU a Javier Arenas en 2012–, y, en el caso extremo de provocar una hecatombe política, forzar la convocatoria de unas nuevas elecciones. Gravísimo riesgo para todos menos para Vox, al que le siguen haciendo campaña electoral permanente.

Juan Marín, que se resiste a perder el afecto y el apoyo de su antaño favorita, le ruega que acepte que el partido está perdido, que su esperanza está mayormente muerta, pero que le queda una luz en el horizonte: impedir la necesidad del voto de Vox para la investidura de Juan Manuel Moreno y de sí mimo como copresidentes de la Junta de Andalucía. Y en efecto, si el PP y Cs pactan un acuerdo ante el que se abstuviese el PSOE en segunda votación, la mayoría simple lo haría posible.

Tal opción conllevaría una factura que pagar y en esa factura podrían relacionarse conceptos que harían posible que el régimen del 82 no fuera desmontado del todo. Pero esta vez, si se consumase, Juan Marín y Albert Rivera, esta vez acompañados de Juan Manuel Moreno, habrán tomado por primos a los andaluces por segunda vez. La primera, en 2015, cuando prometieron regeneración y cambio y pactaron ominosamente con el régimen con la excusa de que Podemos era mucho peor. Y eso, con Vox en el tejado, ya no se hará sin graves daños regionales y nacionales.

O sea, que el sentimiento terrible por la esperanza muerta parece estar bien traído a colación por Susana Díaz. Mientras trabaja en la dirección que provoque unas nuevas elecciones, sólo puede aspirar a presidir el Parlamento andaluz, pero tampoco le cuadran las cuentas a menos que Juan Marín y Albert Rivera, u otros, pero es menos probable, cambien cromos poco transparentes.

Verán. Los puestos de la Mesa del Parlamento son siete: Presidencia, 3 vicepresidencias y 3 vocalías. A tenor de los resultados electorales, lo proporcional sería que se distribuyesen entre los 33 escaños del PSOE, los 26 del PP, los 21 de Ciudadanos, los 17 de Podemos y los 12 de Vox ya que todos, estatutariamente deben estar en la Mesa sin que quepa distinguir, texto en mano, la voz del voto.

El reparto, teniendo en cuenta la magnitud de los restos arroja el resultad siguiente: 2 para PSOE, 2 para PP y uno para Ciudadanos, Podemos y Vox respectivamente. Con esos miembros, la Presidencia, que debe ser elegido por mayoría absoluta en primera votación o simple en las siguientes, sólo puede ser del PSOE si Podemos y Ciudadanos votan a su favor. Pero si Ciudadanos, PP y Vox votan juntos, la presidencia podría ser de PP o de Ciudadanos, nunca del PSOE.

El pensador y compañero de columnata, Agapito Maestre, sufridor del régimen andaluz en primera persona por cuanto la Junta de Manuel Chaves lo humilló de manera inmisericorde, ha recordado ayer mismo que, si hay valentía y urgencia, al fin, habrá alternancia. El PSOE dejará de gobernar y se abre una puerta para la regeneración de la vida política y la rehabilitación del Estado en Andalucía. La tarea es hercúlea, entre otros motivos, porque en poco tiempo tiene que destruirse y rehacerse lo que otros necesitaron casi cuarenta años." Exacto.

Tómese nota de la lectura que hoy hace Mikel Buesa de lo ocurrido en su tierra vasca cuando el inane Francisco Javier López, con el tiempo devenido en Patxi, logró el gobierno vasco con el apoyo del PP en el año 2009:

"En aquel momento se abrió una ventana de oportunidad para desplazar por muchos años al PNV del control de las instituciones vascas, pero ésta no fue aprovechada, principalmente debido a la mediocridad del líder socialista –Patxi López– que ostentaba la Lehendakaritza, la inoperancia de su Gobierno y su incapacidad para arbitrar acuerdos en el seno del constitucionalismo. Los nacionalistas recuperaron su antigua posición al cabo de una legislatura". O sea.

Lorca escribió también: "La aurora llega y nadie la recibe en su boca/porque allí no hay mañana ni esperanza posible". Pero se refería a la de Nueva York. La de Andalucía puede ser esperanzadora si los que deben se ponen a ello. "Corazón sin esperanza/ que se lo trague la tierra", gritó su Mariana Pineda, la verdadera, la liberal.

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