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El descontrol de la inmigración ilegal atemoriza a los canarios: "Todo el mundo tiene mucho miedo"

Vecinos de las localidades afectadas aseguran que se saltan la cuarentena y se dedican a beber alcohol y a ofrecer drogas a los niños de un colegio.

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Vecinos de las localidades afectadas aseguran que se saltan la cuarentena y se dedican a beber alcohol y a ofrecer drogas a los niños de un colegio.
EFE

A la preocupación policial y empresarial ante la avalancha de inmigrantes ilegales que llegan a Gran Canaria, se suma la indignación de los habitantes de una isla totalmente desbordada se mire por dónde se mire. Los que viven en Arguineguín, cuyo pequeño muelle se ha convertido ya en la principal puerta de entrada de los sin papeles, se quejan de las condiciones inhumanas en las que se les recibe y que acaban afectando a todos los vecinos del municipio. En el resto de la isla, denuncian el comportamiento de los inmigrantes a los que el Gobierno ha alojado en hoteles de lujo.

Nada más pisar tierra firme, Salvamento Marítimo les deriva a las carpas instaladas en el puerto de Arguineguín, donde llegan a esperar hasta 72 horas hasta que les hacen una PCR y llegan los resultados. El goteo incesante de pateras hace que el campamento haya llegado a acoger a cerca de 1.700 personas en un solo día. "Están todos hacinados en el puerto, rodeados de basura e incluso de ratas", denuncia Adrián, uno de los portavoces de la Plataforma Vecinal de Arguineguín que el pasado fin de semana se echó a la calle para pedir el desmantelamiento de estas carpas. "No hay baños para todos. Son 1.000 y apenas hay 8 o 9 baños -explica indignado a Libertad Digital-. Son condiciones insalubres para ellos y para nosotros".

A la espera de que el Gobierno cumpla su promesa de trasladar este campamento al polvorín militar de Barranco seco, la preocupación entre los habitantes de esta pequeña localidad es más que evidente: "Esto es un pueblo pequeño, la gente hace la vida en el muelle y se siente muy insegura. No sabemos si tienen covid, si no tienen covid…". Los integrantes de esta plataforma vecinal son conscientes de que sus declaraciones pueden levantar ampollas, pero recuerdan que el suyo siempre ha sido un pueblo solidario, que lleva "26 años recibiendo pateras". Sin embargo, insisten en que esto es muy distinto a todo lo que habían vivido hasta ahora.

Su diagnóstico es el mismo que el de Ismael Guerra, portavoz de los vecinos de Tunte. Este otro pueblo acoge desde hace meses un centro de cuarentena para los inmigrantes que llegan a la isla, algo que sus habitantes han intentado impedir por todos los medios. Se quejan de que estas instalaciones están ubicadas justo al lado del colegio público de la localidad y carecen de seguridad. "Tienen las puertas abiertas todo el día y hay un monitor para 170 personas", denuncia Guerra, que asegura que este descontrol también ha hecho que mucha gente mayor que acudía a pasear y a hacer deporte por la zona esté dejando de hacerlo.

Además, este centro no es el único del pueblo que acoge inmigrantes. También lo hace un hotel local de 4 estrellas y, aunque los allí alojados son únicamente aquellos que cuentan con una PCR negativa, los vecinos aseguran que ni siquiera respetan el confinamiento obligado por haber estado en contacto con positivos: "Se escaparon del hotel cuando estaban en cuarentena y lo primero que hicieron fue venir al pueblo, comprar bebidas alcohólicas y tabaco". Según Ismael Guerra, esto es precisamente lo que está causando revuelo entre los habitantes de Tunte, ya que los inmigrantes que han llegado en los últimos meses están "ocupando las terrazas de los bares, tomando cervezas, alcohol… Y esa no es la imagen del inmigrante que viene huyendo de la pobreza". Además, el portavoz de los vecinos asegura que los que llegan ya tienen amigos en la isla, porque se les ha visto subir en el coche de otros magrebíes.

Guerra asegura que los más preocupados son aquellos que tienen hijos pequeños, ya que algunos han vuelto del colegio asegurando que les han ofrecido "cigarros raros". Esto ha hecho que los niños se hayan quedado incluso sin zonas para jugar, porque, según dice, los inmigrantes ocupan día tras día la cancha deportiva del pueblo y los padres tienen miedo a lo que pueda pasar. Tampoco ayudan noticias como la detención de un inmigrante que había llegado en patera en 2018 y que se dedicaba a captar mujeres en Mogán para tener hijos muyahidines: "Todo el mundo tiene mucho miedo, sobre todo porque no tenemos seguridad".

Declaraciones como éstas han hecho que los vecinos del pueblo hayan sido tachados de racistas. Sin embargo, ellos alegan que la localidad entera se volcó cuando hace tiempo les llevaron a un grupo de malienses. "Estuvieron con nosotros 9 meses conviviendo y adaptándose al pueblo de una manera normal —recuerda Guerra—. Ayudaban a la gente por aquí, pero eso no tiene nada que ver con lo que hay ahora. Lo que estamos viendo ahora son magrebíes bebiendo alcohol".

Con todo, los vecinos de Tunte aseguran sentirse incomprendidos y piden a la gente de otros lugares de España que, antes de juzgarles, vean con sus propios ojos cómo es su día a día: "Invitamos a todo el mundo a que nos visite y vea la realidad".

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