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Acaip-UGT denuncia que el sistema penitenciario "no tiene pulmón" para absorber la demanda

"Nuestras prisiones albergan una diversidad étnica, racial, cultural y religiosa sin precedentes".

Entrada de la prisión de Zaballa, en Álava | LD/Agencias

El sistema penitenciario español "no tiene pulmón" para absorber la demanda de encarcelados porque no se ha renovado en las últimas tres décadas, a pesar de que el Gobierno de Pedro Sánchez tuvo una oportunidad de oro con la pandemia.

Según ha denunciado el sindicato penitenciario Acaip-UGT mediante una nota de prensa, España ha cerrado 2025 con 62.522 personas privadas de libertad, una cifra que confirma un cambio de tendencia sostenido al alza en el sistema penitenciario y que supone 3.196 internos más que hace apenas un año, según los últimos datos oficiales. El incremento global se dispara así hasta el 5,39% y no se trata de algo puntual ni coyuntural, sino que es una tendencia que viene arrastrándose en los últimos años.

El grueso del aumento se concentra en los 80 centros dependientes de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (SGIP), que han pasado de 49.026 internos en 2024 a 51.559 al cierre de 2025, es decir, 2.533 presos más (+5,17%). A esta cifra hay que sumar la evolución de las comunidades con competencias transferidas: Cataluña terminó el año con 9.186 internos en sus 13 centros, lo que supone un incremento del 6,73%, mientras que el País Vasco alcanzó los 1.777 presos en sus tres cárceles, un 4,96% más.

Todo ello, según explicaron otras fuentes penitenciarias a Libertad Digital, teniendo en cuenta las demás dificultades que el Ministerio del Interior añade con su política buenista; lo que provoca un mayor número de internos en segundo y tercer grado que no están preparados para un menor grado de vigilancia.

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Además, como recuerda el comunicado de Acaip –sindicato mayoritario de prisiones— el problema no es solo cuantitativo. Los funcionarios alertan de la creciente heterogeneidad de la población reclusa, con una diversidad étnica, cultural y religiosa sin precedentes. En un contexto de sobreocupación, esta mezcla actúa como un multiplicador de la conflictividad, incrementando los incidentes y las agresiones.

Una oportunidad de oro desechada

Este sindicato sitúa el problema en una perspectiva más amplia. Recuerdan que en 2018, cuando el actual equipo de Gobierno liderado por Pedro Sánchez asumió la gestión penitenciaria, los centros dependientes de la SGIP albergaban 58.883 personas privadas de libertad. Durante los primeros años, la población continuó descendiendo hasta tocar suelo en 2021, en pleno contexto de la pandemia, con 55.097 internos, el nivel más bajo registrado en los 80 centros de competencia estatal.

Este era el momento perfecto para realizar una reforma del modelo penitenciario después de tres décadas sin ser reformado, pero, a partir de 2022, la curva se invirtió. Lo que comenzó como un repunte leve se ha transformado en una escalada continuada, con un incremento acumulado de más de 7.000 internos en apenas cuatro años. Para ACAIP-UGT, ese periodo previo de descenso supuso una oportunidad perdida para cumplir la Ley Orgánica General Penitenciaria y consolidar el modelo de una persona por celda. En lugar de ello, denuncian, la Administración optó por cerrar módulos de forma sistemática para paliar la falta de personal, reduciendo la capacidad real del sistema.

Ahora, con la población creciendo de nuevo, el sistema carece de "pulmón" para absorber la demanda. La consecuencia es que lo que debía ser excepcional se ha convertido en norma: la práctica totalidad de las celdas albergan dos internos, lo que dispara la tensión en los módulos y dificulta seriamente las tareas de tratamiento y reinserción.

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