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"Para salir de este bucle diabólico hay que reformar desde la base"

El vicepresidente del Parlamento Europeo pone sobre la mesa su análisis de los problemas y algunas soluciones para regenerar nuestra democracia.

Libertad Digital
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El vicepresidente del Parlamento Europeo pone sobre la mesa su análisis de los problemas y algunas soluciones para regenerar nuestra democracia.
Alejo Vidal-Quadras, en una reciente tertulia en Es la mañana de Federico | LD/Carmelo Jordá

La crisis económica mantiene a España en una situación crítica. Los datos de la última EPA reflejan un mercado laboral quebrado con una tasa de paro superior al 26%. La destrucción de empleo de los últimos informes de afiliación es preocupante. Tan sólo los datos de la balanza comercial española, el avanzado ajuste en el sector privado y las familias así como las reformas emprendidas permiten a los analistas ver luz al final de un túnel que aún se antoja muy oscuro.

Para rematar, la crisis económica avanza en paralelo con una crisis institucional que indigna cada día más a los ciudadanos y a los votantes de uno u otro partido. Los casos de corrupción que rodean a La Corona, vía Iñaki Urdangarín, o los que afectan a partidos como CIU, PSOE o PP, llenan portadas día sí día también.

Precisamente, entre los miembros de la clase política, algunos representantes comienzan a reclamar cambios importantes en el sistema actual. Uno de ellos, Alejo Vidal-Quadras, ya lanzaba desde la tertulia de Es la mañana de Federico, la propuesta de que el PP, ante los problemas que atraviesa en la actualidad, convocase un congreso extraordinario para dar voz y voto a todos los militantes.

Cuando Libertad Digital se puso en contacto con Vidal-Quadras para proponerle participar en un debate que centre el análisis en la regeneración democrática de España, su necesidad y la forma de articularla, no dudó ni un segundo. "¿Empezamos ya?" contestó de inmediato, dejando aparcadas el resto de tareas que en ese momento llenaban la mesa de su despacho. Este es el resultado de la entrevista.

Libertad Digital: Parece que no hay muchas dudas de que un porcentaje muy alto de la población española estima que la mayor parte de la gente que entra en política, lo hace para enriquecerse. ¿Por qué cree que es la opinión generalizada?

Alejo Vidal-Quadras: Decir que la imagen del político en España está deteriorada es una descripción amable de la situación. Nunca los políticos habían estado tan desprestigiados ante la sociedad española desde que recuperamos la democracia en 1978. El motivo es doble. Por un lado, la gente tiene la percepción de que muchos de los problemas que padecemos y que están relacionados con la crisis económica, no tiene solamente causas externas, sino que derivan de políticas equivocadas de sucesivos gobiernos en nuestro país.

Además, como para equilibrar el déficit tan disparado que tenemos lo que han hecho los gobiernos, tanto el anterior como el actual, ha sido subir los impuestos de una manera brutal y recortar los sueldos de los funcionarios y disminuir presupuestos en investigación y desarrollo, infraestructuras o en algunos servicios públicos, todo eso crea un clima de rechazo a los políticos. Por otro lado, se da otra circunstancia. En los últimos tiempos, la multiplicación de los casos de corrupción en los partidos ha aumentado este sentimiento de repulsa

Es decir, que la combinación, por un lado, de que muchos problemas de la crisis derivan de las decisiones de los gobierno y, por otro, de esa explosión de casos de corrupción tiene como resultado que la gente esté harta de los políticos.

LD ¿Es posible dar la vuelta a ese sentimiento generalizado?

AVQ: Para conseguir darle la vuelta sería necesario hacer reformas muy radicales del sistema. Estamos atrapados en un bucle diabólico. Para salir de este marasmo hemos de transformar el sistema desde la base: el Estado, la Administración y la estructura institucional. El problema es que, quienes deben hacerlo son los propios políticos, los partidos políticos que se han acostumbrado a vivir de este sistema. Por eso es muy difícil que acepten una reforma que empezaría por apartar del poder político al 90% de los actuales representantes públicos.

Yo creo que es posible salir de esta situación, pero las reformas que hay que hacer encuentran el obstáculo de que quienes las tienen que poner en marcha no lo quieren impulsar.

Cuando este Gobierno llegó al poder hace poco más de un año, sabía perfectamente que el problema de España es que se trata de un estado hipertrofiado y despilfarrador y que una prioridad absoluta del Gobierno era transformar y reformar ese estado. En cambio, llevamos más de un año y no han emprendido estas reformas y no lo han hecho porque esas reformas perjudican a los grandes partidos

LD ¿Está herida nuestra democracia?

Nuestro sistema institucional y político está en su fase final, no aguantará mucho tiempo. Son demasiadas vías de agua las que están abiertas. Estamos viviendo de la inercia de esta máquina pesada e ineficaz que sigue andando como un cadáver ambulante, pero no le doy demasiado recorrido.

Una de las cosas que hay que hacer es reformar la ley de partidos y la ley de financiación de los mismos para que sus miembros sean elegidos por todos los militantes, para que los candidatos sean elegidos por todos los militantes, para que exista un control permanente de las bases de los partidos sobre la cúpula que dirige esos partidos. También para que dentro de los partidos haya un instrumento de auditoría o control interno que evite la opacidad que nos ha llevado a la situación actual.

Los votantes deberían poder elegir en listas abiertas. Todo eso se puede hacer perfectamente, es simple legislación ordinaria. Pero los actuales partidos políticos no emprenderán estas reformas. Saben que un congreso extraordinario en cualquiera de los grandes partidos, donde se pudieran presentar distintos grupos y distintas personas y la elección estuviera en manos de los militantes, hoy sin duda alguna eliminaría a la clase política dirigente. Nunca harán esta reforma a no ser que dentro de los partidos surjan fuerzas internas que provoquen ese cambio, o que la presión social fuerce a una transformación del sistema, que también es posible. Todo depende del grado de malestar o descontento de la gente. Pero llegará un momento en que será incontrolable.

LD: ¿Qué crisis es más peligrosa para nuestro país, la económica, la crisis de valores, la institucional o la crisis de confianza?

AVQ: Vivimos inmersos en una tormenta perfecta donde por una parte la unidad nacional está sometida al ataque de separatismos muy agresivos sin que el Estado central reaccione.

Sin reformas dolorosas no recuperaremos la capacidad de volver al crecimiento. Tenemos instituciones colonizadas por partidos políticos, y no realizan sus funciones, un buen ejemplo de esto que digo es la Justicia. Sin ir más lejos, nuestros grandes partidos han llegado a un acuerdo para repartirse por cuotas el Consejo General del Poder Judicial.

La corrupción se ha vuelto sistémica. Eso hace que no podamos decir que hay una jerarquía de problemas. Todos son gravísimos. Cualquiera de ellos puede destruir la nación. Si no solucionamos el problema económico y pasamos a ser una sociedad miserable, una sociedad de pobres, eso terminará con España.

Si nuestras instituciones no funcionan, el país se va al abismo, y por supuesto si los políticos no son honrados, no podemos tener una democracia de calidad. De hecho no se puede decir que hay democracia si los políticos son corruptos. Y en la base de todo eso hay una crisis de valores, hay un deterioro tremendo de la moral colectiva.

Muchos españoles, afortunadamente no todos, quedan millones de personas con criterio, con seriedad, con honradez, pero muchos españoles han sido arrastrados por su clase política para tener una visión de la realidad que responde a que todo les tiene que ser dado. Una suerte de visión en la que no hace falta el esfuerzo, que el trabajo tiene que llegar fácilmente, que no hay deberes, que solo hay derechos, que lo mejor de la vida es vivir en un hedonismo facilón donde palabras como sacrificio, esfuerzo o patriotismo han perdido su significados.

LD ¿Cuál sería el primer paso que habría que dar para regenerar nuestra democracia?

Si tuviera que señalar una sola medida que deberíamos poner en marcha inmediatamente, y ya sólo eso nos facilitaría probablemente el resto de la reforma del sistema y su saneamiento sería la democratización interna de los partidos. Si en los grandes partidos se obligase por ley a que los dirigentes fuesen elegidos por todos los militantes, que las estrategias políticas y las líneas programáticas fueran escogidas por las bases y fueran las bases las que decidieran, si los candidatos fueran elegidos por todos los militantes por votación secreta, yo creo que habríamos dado un gran paso adelante. 

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