Resultado catastrófico de Pilar Alegría que se queda más cerca de Vox que del PP
En la sede socialista de Ferraz, antes incluso de que comenzara el escrutinio, la derrota ya se daba por asumida.
El PSOE se desploma en Aragón y repite su peor resultado histórico. Ni el llamamiento de la candidata socialista y exministra del Gobierno de Pedro Sánchez a la militancia de las formaciones situadas a su izquierda para concentrar el voto ha logrado contener el descalabro. El hundimiento del bloque progresista es un hecho y el desgaste del partido socialista, inocultable.
A diferencia de lo sucedido en 2015, cuando el PSOE de Javier Lambán, con el mismo resultado de 18 escaños, logró articular un Gobierno en minoría junto a Chunta Aragonesista y con el apoyo de Podemos, un hito al convertirse en el primer presidente aragonés sin mayoría absoluta, en esta ocasión el escenario es radicalmente distinto. El PSOE carece de cualquier margen de maniobra porque la suma de PP y Vox supera holgadamente la mitad de los votos.
Tras la debacle en Extremadura, Ferraz trató de esquivar cualquier lectura en clave nacional de los resultados. Sin embargo, en esta ocasión resulta prácticamente imposible evitarla, por más que Pilar Alegría haya intentado durante la campaña construir una imagen de 'chica de pueblo' para marcar distancias con su etapa como portavoz del Ejecutivo. Una estrategia que apenas encuentra respaldo más allá de su localidad natal, La Zaida, donde el PSOE ha obtenido el 66 % de los votos, un oasis aislado en medio del naufragio general.
Alegría, tras felicitar al líder del PP en Aragón, Jorge Azcón, ha reconocido que "no es un buen resultado" y ha anunciado que liderará una "oposición vigilante, seria y responsable". Asimismo, ha avanzado que "desde ya" el partido comenzará a trabajar con la vista puesta en las próximas elecciones municipales de mayo de 2027. "El PSOE va a llegar a esas elecciones fuertes, con esa voluntad para recuperar la confianza de los aragoneses", ha asegurado.
En la sede socialista de Ferraz, antes incluso de que comenzara el escrutinio, la derrota ya se daba por asumida, amparándose en la recurrente excusa de la "falta de tiempo". Durante la campaña, el PSOE ha contenido la respiración, plenamente consciente de que Pedro Sánchez se jugaba algo más que un mal resultado autonómico. Estaba en juego frenar una tendencia de cambio de ciclo político iniciada tras el varapalo extremeño y, sobre todo, validar la estrategia de convertir a ministros en candidatos territoriales, una fórmula que el presidente pretende reeditar en Andalucía con María Jesús Montero.
Resulta evidente que la financiación singular concedida a Cataluña, pactada entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el líder de ERC, Oriol Junqueras, ha dejado a Aragón en una posición de clara debilidad. Una realidad que ha pesado en la campaña. También ha afectado cómo el Ejecutivo acabó reculando con la revalorización de las pensiones, ante el temor a un descalabro electoral en la comunidad. El PSOE ha criticado "el ruido" y la "campaña sucia" de las derechas mientras han hecho uso de llamadas telefónicas dirigidas a jubilados aragoneses para sembrar alarma.
Alegría ha articulado una campaña basada en promesas genéricas sobre los servicios públicos, un discurso hueco que no ha logrado convencer a unos aragoneses cada vez más recelosos de las cesiones del Gobierno central al independentismo.
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