PP y Vox cambian de estrategia negociadora ante el aguante electoral del PSOE
Las elecciones de Castilla y León podrían pasar factura a ambos partidos ante el choque protagonizado en Extremadura.
Partido Popular y Vox han acordado "resetear" las negociaciones que llevan a cabo en Extremadura y Aragón para intentar llegar a un acuerdo. El choque permanente protagonizado con María Guardiola empieza a pasar facturas a ambos partidos, en plena precampaña de Castilla y León, donde los sondeos recogen que el PSOE aguanta mejor de lo esperado, y podría incluso estar en riesgo la victoria de Alfonso Fernández Mañueco.
Las últimas encuestas recogen un frenazo de Vox. Las trackings internos del PP, tal y como publicó Libertad Digital, también auguran un resultado muy ajustado con el PSOE, con Mañueco repitiendo en el mejor de los casos el resultado de hace cuatro años. Las negociaciones de Extremadura y Aragón podrían influir en el resultado de Castilla y León o Andalucía, de ahí que ambos hayan optado por limar asperezas.
Todavía no hay una fecha fijada para que las cúpulas de ambos partidos celebren reuniones por separado con los líderes de Extremadura y Aragón. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal hablaron la noche del domingo durante una hora y constataron "voluntad negociadora". Aún así, parece difícil un acercamiento que favorezca la investidura de Guardiola el próximo 3 de marzo, fecha en la que también se constituyen las Cortes de Aragón y en la que podrá percibirse si hay sintonía entre ambos partidos. En ambas comunidades la fecha límite para evitar una repetición electoral es el 3 de mayo.
Este escenario es el que activó las alarmas en el PP, al constatar cómo Santiago Abascal no descartaba esta posibilidad por lo mal que iban las negociaciones en Extremadura. Ni siquiera descartó la opción de pedir la cabeza de Guardiola, algo que el partido de Feijóo rechaza de plano. Acudir de nuevo a las urnas aboca igualmente a un gobierno de la derecha, con opciones de que el PSOE suba, lo que no conviene a ninguno.
Por eso, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, anunciaba este lunes que han decidido comenzar de nuevo los contactos y priorizar las medidas a los cargos, después de que se conociera que piden entrar en los gobiernos ocupando varias consejerías y organismos públicos, incluido las televisiones autonómicas. "Borrón y cuenta nueva" también para el PP, cuya dirección nacional ha entrado de lleno en las negociaciones para evitar tropiezos.
Evitar los errores del 23-J
Lo anunciaba la vicesecretaria de Institucional, Cuca Gamarra, que defendía que el PP es un "partido nacional" y debe fijar el mismo marco negociador en todas partes. Se trata de un viraje por parte de Alberto Núñez Feijóo, que siempre ha defendido dar libertad a sus presidentes autonómicos, después de haber ocupado él este cargo durante años. Así ocurrió el 23-J, lo que sumió al PP en el caos y le dejó a cuatro escaños de la Moncloa.
"El escenario ahora ha cambiado", defienden en la dirección nacional, donde reprochan a Vox pedir cosas distintas en función del territorio, pese a presumir de ser un partido nacional que defiende el mismo discurso en todas partes. La diferencia de trato dado a María Guardiola y Jorge Azcón ha llevado a la dirección nacional del PP a tomar cartas en el asunto, para estar al tanto de todo y decidir cómo se desarrollan los contactos, no sólo cuando el acuerdo ya está cerrado.
De hecho, el PP se adelantó este lunes a Vox haciendo público su decálogo de medidas "base" para la negociación. Las diez propuestas se conocían a última hora e incluían varias líneas rojas que no están dispuestos a traspasar, especialmente en lo referente a la "violencia machista", uno de los principales choques que PP y Vox han tenido en Extremadura, donde Guardiola llamó "machista" a Abascal, aunque luego dijo que seguro que ambos defienden el mismo feminismo.
Tanto PP como Vox han evidenciado malestar por el hecho de que la negociación se estuviera produciendo a través de los medios o las redes sociales. Mientras los contactos se bloqueaban, ambos partidos se lanzaban mensajes públicamente para reprocharse su actitud. El principal escollo, tener que negociar en mitad de un ciclo electoral en el que deben marcar distancias para ensanchar su base, aunque de momento el principal beneficiado estaba siendo el PSOE.
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