Tan cobardes son los separatistas, que serían incapaces de llegar hasta donde lo han hecho de no ser porque tienen enfrente a unos tan cobardes como ellos.
Lo peor que ocurrió en el Parlamento de Cataluña es a la vez lo mejor. Por fin, la revolución de las sonrisas ha mostrado su verdadero rostro a toda España.
Ha llegado la hora de que la democracia española demuestre su fortaleza y los responsables del mayor ataque a nuestras libertades desde el 23-F reciban el castigo que merecen.
El hecho de que unos problemas colectivos tan acuciantes sean irresolubles se explica por el empeño que pone la gente corriente en que se ocupe de ellos el Estado.
Sería una marrullería que los hispanoamericanos resentidos contra España pretendiesen realizar sus ideales indigenistas en los proyectos del nacionalismo catalán.