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ESTRICTAS MEDIDAS DE SEGURIDAD

Máxima alerta en EEUU ante el temor a nuevos atentados

Estados Unidos se encuentra en estado de máxima alerta desde que este domingo el presidente George W. Bush ordenara el comienzo del primer ataque militar contra el régimen integrista de Afganistán que oculta a Osama Ben Laden. El apoyo general al presidente George W. Bush se mantiene altísimo, más de un 90 por ciento, y la unidad nacional, por encima de partidos políticos, sigue siendo ejemplar.

L. D. / Agencias.- La policía federal de Estados Unidos, el FBI, ha pedido a todos los cuerpos de seguridad que estén en "máxima alerta" ante la posibilidad de que, tras los ataques iniciados este domingo contra Afganistán, se produzcan nuevos atentados terroristas en territorio estadounidense. Poco después del comienzo de los bombardeos, llegaban las imágenes grabadas de Ben Laden, en las que el dirigente de Al Qaeda amenazaba con nuevos actos terroristas en EE UU.

Tanto la policía, como las cerca de 40 agencias gubernamentales que se dedican a la investigación o el espionaje, han extremado sus medidas de seguridad después de los atentados del 11 de septiembre. Las fuerzas militares estadounidenses están en estado de alerta, la presencia de la Guardia Nacional ha sido reforzada en aeropuertos y varias ciudades, se han cerrado al tráfico calles contiguas a sedes del Gobierno, y el vicepresidente, Richard Cheney, ha sido trasladado desde la Casa Blanca a un lugar secreto.

Pero el FBI ha pedido esta vez que la alerta sea "máxima", tras el mensaje en vídeo de Osama Ben Laden. "Todos los servicios de orden público han sido advertidos de que deben evaluar si la seguridad local está garantizada tras las operaciones militares (que se llevan a cabo en Afganistán) y el nivel actual de amenaza existente", ha señalado el FBI.

La advertencia de la policía federal se ha realizado a través del Sistema de Alerta Nacional de Emergencias, poco después de que Estados Unidos iniciara el ataque militar en Afganistán. El Departamento de Estado advirtió a los estadounidenses que se encuentran en el extranjero de que estén en guardia, pues los ataques en Afganistán pueden llevar a "un fuerte sentimiento antiestadounidense" que conduzca a represalias contra los intereses norteamericanos.

Temor a las represalias

Los estadounidenses, por primera vez en su larga historia de guerras e intervenciones en otros países, sienten miedo a las represalias que las acciones bélicas de sus militares en el exterior pueden tener en su propio suelo.

De nuevo, como ocurriera inmediatamente después de los atentados, el servicio secreto ha separado al presidente George W. Bush de su vicepresidente, Richard Cheney, quien ha sido llevado a un lugar secreto para, en caso de un ataque contra la Casa Blanca, asegurar la línea de sucesión presidencial. Nunca antes, ni siquiera después de Pearl Harbor en 1941, los ciudadanos de a pie en este país se habían visto abocados a tomar tantas precauciones.

Temor a nuevos ataques

Ahora, tras los atentados del 11 de septiembre, que se cobraron cerca de 6.000 vidas, los estadounidenses temen un posible ataque biológico en su territorio que podría ser la respuesta de los terroristas a los ataques militares en curso contra Afganistán. Las máscaras antigás, a pesar de que todo el mundo sabe que no son la solución, se han agotado en todo el país y el que más y el que menos, ha hecho provisión en su casa de agua embotellada y algunos otros productos no perecederos de primera necesidad. No hay pánico -los supermercados no han registrado colas atemorizadas ni la gente ha variado sustancialmente sus costumbres- pero se palpa el temor.

"Creo que está bien que Estados Unidos responda a los atentados de septiembre, pero tengo mucho miedo, especialmente porque no habría forma de protegerse ante un ataque biológico que contamine, por ejemplo, el agua o el aire. Y lo temo sobre todo por mis hijos", resumió Mary Thopmson, una experta en ordenadores, madre de tres hijos, que vive en el área de Washington. Como ella, millones de personas residentes en las inmediaciones de la capital de Estados Unidos no ocultaban su temor, pero continuaban con su rutina festiva en un fin de semana en el que en Estados Unidos se celebra el "puente" del "Día de Colón".

Sin embargo, el temor a las represalias se mezcló desde el primer momento con una evidente satisfacción por el hecho de que, por fin, los talibanes y Ben Laden empiecen a "recibir su merecido". Lo que se respira en Estados Unidos, es una curiosa mezcla de alivio y temor.
Alivio, porque como indicaba un musulmán desde Detroit, "es obvio que Osama Ben Laden y los talibanes tenían que ser castigados". Pero este hombre no quería perder la esperanza de que el castigo "no sea tan duro para la gente de a pie, para el pueblo".

La sensación de que los civiles en ese país asiático puedan ser castigados de manera demasiado dura es compartida por muchos estadounidenses que, como Elia Daragh, piensan que "esa pobre gente no se merece estar peor de lo que ya están". Otros, que como Anna Cohen tienen a sus seres queridos en el Ejército, sufren temores más cercanos y no podían ocultar su preocupación por la suerte que pueden correr los militares estadounidenses en una guerra tan distinta como la que acaba de comenzar.

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