L. D / EFE.-
Más de trescientos empresarios, políticos y analistas mexicanos y europeos reflexionaron durante dos días sobre las relaciones bilaterales y el Acuerdo de Asociación Económica y Concertación Política México-UE, que entró en vigor en julio del pasado año.
Mexicanos y europeos coincidieron en la necesidad de incrementar la inversión de la UE en México, excesivamente dependiente de Estados Unidos, destino de casi el 90 por ciento de sus exportaciones y primer inversor extranjero en el país. Durante la última jornada de la reunión, México pidió a sus socios europeos respaldo para el Plan Puebla-Panamá (PPP), un ambicioso proyecto del presidente Vicente Fox para el desarrollo del sudeste del país y Centroamérica.
El coordinador general del PPP, Florencio Salazar, explicó que el mayor obstáculo radica en la falta de financiación para infraestructuras e incentivos para atraer la inversión. El funcionario mexicano advirtió de que “si no hay una actitud responsable de las naciones desarrolladas respecto a las pobres, se corre el riesgo de la proliferación de conflictos”, como los que podrían surgir en el sur de México y Centroamérica, porque “las revoluciones no empiezan en la cabeza, sino en el estómago”. A su juicio, “debe haber condonaciones en vez de préstamos” de parte de los organismos internacionales para ayudar a las regiones desfavorecidas.
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Mexicanos y europeos coincidieron en la necesidad de incrementar la inversión de la UE en México, excesivamente dependiente de Estados Unidos, destino de casi el 90 por ciento de sus exportaciones y primer inversor extranjero en el país. Durante la última jornada de la reunión, México pidió a sus socios europeos respaldo para el Plan Puebla-Panamá (PPP), un ambicioso proyecto del presidente Vicente Fox para el desarrollo del sudeste del país y Centroamérica.
El coordinador general del PPP, Florencio Salazar, explicó que el mayor obstáculo radica en la falta de financiación para infraestructuras e incentivos para atraer la inversión. El funcionario mexicano advirtió de que “si no hay una actitud responsable de las naciones desarrolladas respecto a las pobres, se corre el riesgo de la proliferación de conflictos”, como los que podrían surgir en el sur de México y Centroamérica, porque “las revoluciones no empiezan en la cabeza, sino en el estómago”. A su juicio, “debe haber condonaciones en vez de préstamos” de parte de los organismos internacionales para ayudar a las regiones desfavorecidas.
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