L. D. / EFE.-
El Segundo Batallón del Regimiento de Paracaidistas, precisa el diario, se encuentra en alerta y preparado para desplegarse en Afganistán en un plazo de cuarenta y ocho horas, si así lo ordena el Gobierno. Según las fuentes consultadas por el
Sunday Telegraph
, estos soldados británicos, con base en Colchester (sudeste de Inglaterra), esperan participar en una “seria lucha” porque las fuerzas talibanes “son muy duras y bien coordinadas y pelearán hasta el final”.
Un portavoz del Ministerio de Defensa británico no ha confirmado ni desmentido la información del rotativo y se ha limitado a decir que “no existe ningún plan definitivo” y que los altos mandos examinan la situación “día a día”. Por su parte, un portavoz de Downing Street -despacho oficial del primer ministro británico- ha añadido que hay tropas “preparadas”, pero “no se ha tomado ninguna decisión sobre su despliegue”.
Los talibanes sólo resisten en un tercio de Kunduz
Cientos de talibanes se rindieron este domingo a las tropas opositoras que entraron en Kunduz y sólo los extremistas más irreductibles resistían en un tercio de esta ciudad, el último bastión integrista en el norte de Afganistán. Representantes de la Alianza del Norte reconocieron que el avance de las tropas bajo el mando del general uzbeko afgano Abdul Rashid Dostum fue posibilitado por los acuerdos alcanzados con varios comandantes talibán en negociaciones celebradas desde el viernes.
Dostum había prometido ya entonces que la ciudad caería bajo control de la Alianza del Norte, a pesar de que en los últimos dos días se advirtieron serias discrepancias entre los generales que dirigían la ofensiva. Algunas de estas negociaciones tuvieron lugar este mismo domingo en la propia Kunduz, donde tropas de Dostum ya habían entrado el sábado y se habían hecho fuerte en algunos suburbios, según informó la Alianza.
Según diversas informaciones, Dostum contaría con entre 2.000 y 3.000 de sus milicianos ya en la ciudad al mando del comandante Shams al Haq Nasiri, cuya etnia, pastún como la mayor parte de los talibanes afganos, podría facilitar la rendición de más integristas.
En la madrugada de este domingo, la Alianza, que concentraba en tres frentes su ofensiva sobre Kunduz, lanzó nuevos ataques sobre las líneas talibanes para presionar la caída de la ciudad, abandonada por decenas de camiones y otros vehículos en los que marchaban los talibanes deseosos de terminar la lucha.
Por el momento se desconoce la suerte de los integristas extranjeros que habían jurado resistir hasta la muerte en Kunduz y que podrían contar con varios miles de efectivos, sobre todo árabes, paquistaníes, chechenes y de otras nacionalidades. El presidente provisional de Afganistán, Burhanudín Rabaní, prometió en Kabul que la Alianza trataría bien a los extranjeros, quienes serían entregados a sus países de origen o a la ONU.
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