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En busca de un modelo óptimo para una "ciudad global". Debemos aprender de Moscú

La diferencia entre un ruso y un europeo consiste en la visión crítica de la realidad que nos rodea.            

Por lo general, la diferencia entre un ruso y un europeo consiste en la visión crítica de la realidad que nos rodea. Más bien, el primero la ve en tonos negativos, en lugar de positivos. Es nuestra manera de ser. El moscovita en este sentido es doblemente más crítico. Y no es de sorprender que durante una estancia en Moscú, a menudo escuchemos comentarios poco halagadores sobre el desarrollo urbano, la arquitectura y la infraestructura. Es cierto que en la economía de Moscú existe una gran cantidad de deficiencias, pero para averiguarlo habrá que comparar.

De hecho, el fin del siglo XX-comienzos del siglo XXI se ha caracterizado por una de la más grande crisis civilizatoria del urbanismo. El desarrollo de "ciudades globales", de las aglomeraciones, donde confluyen a escala global todas las principales arterias de finanzas, comunicaciones, política y gestión, ha llegado a un impasse significativo. Las "Ciudades globales" se han transformado en una especie de oficina, como, por ejemplo, Londres – su centro por la noche es poco atractivo y amable, lleno de gente-, o en una especie de destino turístico, donde es difícil encontrar la gente local que no está empleada en la industria de servicio. Últimamente París también se esta convirtiéndose en una ciudad similar. Desde hace tiempo la incomodidad de un Tokio tecnócrata para sus propios habitantes forma parte de la leyenda. Entre las pocas ciudades globales del mundo que al comienzo de la segunda década del siglo XXI han mantenido el dinamismo y razonamiento del desarrollo se puede destacar Singapur y por una parte Ciudad de Nueva York, donde el alcalde Michael Bloomberg puso en marcha una amplia campaña para la reconstrucción de la economía urbana, pero los resultados bastante decentes, han sido destrozados por el huracán "Sandy" en noviembre de 2012. Por lo demás las "ciudades globales" han sido un espectáculo bastante triste.

En este contexto, Moscú se presenta como un interesante objeto de estudio. Por supuesto, Moscú todavía no ha realizado un modelo universal del "nuevo urbanismo" de las "ciudades globales", pero, sin embargo, hay mucho a lo que deben prestar atención nuestros vecinos occidentales. A pesar de todos los problemas, Moscú logró mantenerse como un organismo urbano único. En la ciudad no surgieron ningún "barrio chino", "gueto" para los pobres o "enclave musulmán". Y, de hecho, no hace mucho tiempo, todos estos proyectos se discutieron muy en serio, como alternativas sin opciones del desarrollo de espacio urbano. Se comentó que el desarrollo actual de los procesos demográficos hace que la segregación urbana sea inevitable, de hecho, en Miami desde hace mucho tiempo se vive así, que Londres cada vez está más cerca a este modelo (es cierto - en la capital del Reino Unido existen barrios donde no hay ningún pub y casi todo está lleno de auténticos restaurantes de Oriente Medio), y lo que está sucediendo en París se puede ver en la televisión -la policía "invade" el "barrio musulmán"-. En otras palabras, a los moscovitas trataron de convencerles de que tenían que soportar los incómodos y desagradables patrones de la urbanización post-crisis, que ofrece el mundo post-industrial. Dijeron que no existía otra forma de vivir. Pero resulta que otra vida es posible, y para ello sólo tienen que ejercer la voluntad política.

Por cierto, la voluntad política para el jefe de la ciudad -no es algo como la capacidad de gritar alto y claro en la manifestación-. Sobre todo, es la capacidad de lograr consistentemente sus objetivos. Capacidad para actuar sistemáticamente y evitar hacer "amistades". Las "amistades" en la economía urbana es algo extremadamente peligroso. Como ejemplo pueden ser los recientes disturbios en varias ciudades brasileñas, y, sobre todo, en Río de Janeiro, una de las más grandes "ciudades globales" del Hemisferio Occidental, que fueron el resultado de una campaña para preparar forzosamente al país y las ciudades para la Copa Mundial de la FIFA. La presencia del concepto de desarrollo de la ciudad sólo se manifiesta con desarrollo prudente y ausencia de campañas políticas turbulentas. La "silenciosa política” del alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, que de hecho muestra una considerable rigidez y tenacidad en la consecución de objetivos, demuestra lo que se puede lograr, en un período relativamente corto de tiempo, gracias a los "sub-globales" proyectos. Sobre todo, si tenemos en cuenta la cantidad de "mega-proyectos" que fueron en los mejores casos sepultados y, en los peores, realizados parcialmente y abandonados en los años anteriores. Eso sólo es el notorio monorraíl de Moscú, que ha nacido de un deseo de "poner de moda".

Otra característica clave que distingue positivamente a Moscú de la gran mayoría de las "ciudades globales" es la conservación del centro histórico de la ciudad como una zona residencial y verde. Por supuesto, durante la década de 1990 y principios de 2000, mucho se ha perdido, pero una base del medio ambiente urbano ha sido conservada. Y esto es un gran logro de los últimos tiempos. Por ejemplo, se pudo mantener al menos los restos de Ostozhenka y Pirogovka, detuvieron la destrucción a base de un comercio incontenible y, a veces irrazonable, de Arbat. Se ha parado la destrucción de los "espacios verdes" en el centro de la ciudad, aunque el nuevo concepto de "reverdecimiento de Moscú" está todavía muy lejos. Esta empezando el renacimiento del puente Kuznetskiy y del callejon Kamergersky a donde los jóvenes se acercan no sólo para sentarse en una de las numerosas cafeterías, sino simplemente para dar un paseo o para jugar un partido de tenis de mesa. Una tarea bastante difícil está esperando en la calle Nicolskaya donde, anteriormente ha empezado a surgir un cuadro feo, incluyendo la acumulación de elementos "bajos" a los cuales en aquel momento el gobierno de entonces de alguna manera no ha prestado atención. Mientras, todo esto ha estado sucediendo en unos pocos cientos de metros del Kremlin. Ahora, sería fenomenal llenar estos espacios de vida, para hacer un "paseo peatonal" disponible no sólo para el público glamuroso y los ricos, sino también para los simples y normales moscovitas. Por cierto, el callejon Stoleshnikov sólo podrá ganar al regresar las librerías "bukinist" y cafeterías baratas. Estos libreros forman parte del "estilo Moscovita", que supuestamente se ha perdido, lo cual lamentan los fanáticos "de la vieja Moscú." Y, mientras, Stoleshnikov es glamuroso, pero, por desgracia, vacio y frío. Pero el hecho es obvio: el centro de Moscú, poco a poco y no sin dificultades está transformándose del "territorio del glamur" al "área de la comunicación", "territorio de la cultura", un territorio donde hay una verdadera- sin manifestaciones- vida de la ciudad.

En otras palabras, en Moscú contemporáneo, que en realidad ha cambiado drásticamente en los últimos años, hay mucho que ver y hay mucho que aprender incluso para los presuntuosos residentes de las "ciudades globales" europeas, que están dando a los rusos numerosos consejos, pero ellos han perdido su "frescura de mirada" y a veces ofrecen recetas que han llevado a un punto muerto su propia capital. Y vale la pena que nuestros políticos que toman el tiempo para expresar estas recetas, piensen antes de pronunciarse.

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