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(23-06-03) Argentina culpa a dirigentes iraníes de organizar los atentados de 1992 y 1994

Un informe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina señala a altos dirigentes de Irán como los responsables de dos atentados terroristas en Buenos Aires. En el primero, en marzo de 1992, murieron 30 personas en un ataque contra la embajada israelí. Dos años más tarde, una bomba destruyó el centro de la mutualidad judía (AMIA), asesinando a 85 personas.

(Libertad Digital) Altos dirigentes del régimen iraní son los responsables de dos atentados terroristas contra intereses de la comunidad israelí en Buenos Aires, según se desprende de un informe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) de más de mil páginas, elaborado gracias a una investigación de más de nueve años. El texto, al que ha tenido acceso el periódico El Mundo , menciona que tras el “éxito” de la operación contra la embajada israelí en la capital argentina (17 de marzo de 1992), el coronel de la inteligencia iraní, Wahidi, comandante de la Unidad Al-Quds (Jerusalén) de la Guardia Revolucionaria, fue quien propuso que el siguiente objetivo fuera la sede de la Asociación Mutual Israelita (AMIA). El ataque fue cometido por la rama de actividades en el exterior de la Inteligencia iraní, vinculada directamente a la organización terrorista Hezbolá. Esa sección entrenó, guió, asistió económicamente y dio asistencia técnica al autor material, Ibrahim Husein Berro, miembro activo de Hezbolá, organización autora de la primera masacre.

El informe asegura que el 14 de agosto de 1993 el propio Ali Jamenei, líder espiritual de Irán, encabezó una reunión del Consejo Supremo de Seguridad Nacional para dictar la “fatwa” (sentencia religiosa) para atacar intereses judíos en Argentina. Allí estuvieron presentes el presidente Rafsanyani, el ministro de Asuntos Exteriores, Velayati, el jefe de la Inteligencia y Seguridad de Jamenei, Hijazi, y el ministro de Inteligencia, Fallahian. Este último fue designado coordinador general de la misión ejecutada por Hezbolá, cuyos miembros tuvieron apoyo de “células durmientes” operativas en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, y en el barrio de Floresta de Buenos Aires. En Teherán se creó una unidad operativa de elite denominada “240”, la cual dependía de Inteligencia pero estaba encuadrada en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Moceen Rabbani, consejero cultural de la embajada iraní en Buenos Aires fue el encargado de coordinar todo el aparato logístico. El comando operativo estaba encabezado por Hamid Nagashan, cuyo verdadero nombre era Kafashian, inventor de los “hombres-bomba” y autor de la muerte de cincuenta estadounidenses en el Líbano.

El SIDE señala que el interés de los ministros iraníes por participar en la operación es una prueba de que el atentado se convirtió en un asunto de Estado para Irán. Por ejemplo, Ali Pavvaresh, titular de la cartera de Educación, encabezó una delegación que visitó Buenos Aires entre el 3 y el 6 de diciembre de 1993. Oficialmente se trató de una visita parlamentaria, aunque en realidad el funcionario tenía la misión de supervisar toda la operación. El texto explica que Argentina fue elegida porque cuenta con dos extensas comunidades judía y musulmana. De hecho, el Ministerio de Propaganda y Cultura islámica no tuvo problemas para establecer una red de mezquitas, centros culturales y recreativos que pudieran ser utilizados como refugio por las “células durmientes” de Hezbolá. Así, Rabbani fue fundamental para crear una infraestructura adecuada de vehículos, pisos de acogida y lugares de encuentro que utilizaron los terroristas. Para introducir al país la gran cantidad de explosivos utilizados, se echó mano de uno de los buques de la compañía naviera “Iranian Shipping Lines”.

Una de las figuras clave de la misión fue el embajador de Irán en Argentina, Hadi Suleimanpour, quien había desempeñado el mismo puesto en Madrid y era encargado de las “células durmientes” de Hezbolá en España. En junio de 1991 se hizo cargo de la misión diplomática en Buenos Aires. Al igual que los representantes iraníes en Uruguay y Chile, dejó el país dos días antes del atentado, el 16 de julio de 1994. El SIDE subraya que en junio del citado año se produce un inusitado movimiento del personal de la embajada, que fue ignorado por la inteligencia argentina. El 31 de mayo de 1994, justo 48 días antes de la masacre, el servicio secreto adscrito al Ministerio de Exteriores recibió un cable desde el Líbano advirtiendo del riesgo de un posible atentado de Hezbolá contra Israel en territorio argentino. El texto fue nuevamente ignorado.

En el documento se incluyen también los informes contra el ex presidente Carlos Menem quien, según un alto funcionario del espionaje iraní que desertó en Alemania, poco después del atentado recibió en una cuenta en Suiza 10 millones de dólares procedente de otra cuenta en Suiza a nombre del entonces presidente iraní, Rafsanyani. De esa manera, según Abdolghassem Meshabi, el funcionario desertor, el régimen de Teherán se quería asegurar de que no se desvelara nunca la pista iraní en los atentados de 1992 y 1994.

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