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Sabina, el perfecto equidistante, no firmará contra el régimen cubano

El cantautor Joaquín Sabina ha utilizado la equidistancia más exquisita para eludir pronunciarse sobre el régimen de Castro, la tiranía más longeva y nociva que conoce el planeta. “Mientras exista Guantánamo y el bloqueo económico” no firmará en apoyo de los disidentes demócratas.

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Cabe preguntarse qué es necesario para la parte más irreductible de la izquierda pudiente manifieste un mínimo de compasión hacia el pueblo cubano, harto de soportar un estado corrupto mientras que, en el occidente civilizado, los compañeros de viaje ideológico de los Castro siguen aportando su granito de arena para que el régimen sobreviva varias décadas más.

Joaquín Sabina no da su brazo a torcer y al comienzo de su gira musical por México para presentar su último disco, “Vinagre y Rosas”, ha manifestado su negativa a criticar al régimen comunista de la isla. El argumento, cada vez más recurrente, es la negativa del presidente Obama a cerrar el centro de Guantánamo, al menos de momento, y la existencia del llamado bloqueo económico. Para Sabina, como para muchos otros referentes de la izquierda caviar, hasta que el mundo no alcance la perfección absoluta no merece la pena mostrar un atisbo de apoyo hacia los cientos de disidentes que se pudren en las cárceles castristas, sufriendo torturas y en ocasiones la muerte, simplemente por pedir libertad y democracia.

Sorprende que el mismo cantautor se deshaga en elogios hacia el presidente norteamericano, que es precisamente el que debiera hacer caso a la izquierda europea cerrando Guantánamo tal y como prometió en la campaña electoral. No obstante, mientras exista el centro de internamiento extraterritorial de Estados Unidos, una parte de la izquierda seguirá teniendo la excusa para librar al régimen torturador de los hermanos Castro de cualquier crítica. Tal vez sea por eso que Sabina dedica las rosas del título de su disco al presidente norteamericano.

La equidistancia utilizada respecto al régimen cubano se desvanece en cambio cuando en la rueda de prensa preguntan a Joaquín Sabina por los problemas legales de Garzón. Ahí sí se moja el jienense para calificar su procesamiento de “infamia”, al tiempo que se muestra dispuesto a “hacer ruido para que no lo echen de la judicatura”.  

Cabe preguntarse qué es necesario para que la izquierda pudiente manifieste un mínimo de compasión hacia el pueblo cubano, harto de soportar un estado corrupto mientras que, en el occidente civilizado, los compañeros de viaje ideológico de los Castro siguen aportando su granito de arena para que el régimen sobreviva varias décadas más.

En todo caso no cabe tachar de incoherentes a Sabina y los que piensan como él: tanto en Cuba como en España su apoyo es para los delincuentes, aunque sean presuntos como Garzón.

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