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Rajoy desdeña los sondeos y promete más reformas antes de las vacaciones

El Gobierno asegura que cumplirá con su parte del trato y seguirá haciendo reformas. La subida del IVA parece inminente. Rajoy admite el desgaste.

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Mariano Rajoy tuvo tiempo para sincerarse, a muchos kilómetros de distancia de España, sobre lo que han supuesto estos seis meses de gobierno, en la antesala de una de las semanas más cruciales para el euro, y por ende para España. Del Consejo Europeo que arranca el día 28 debe surgir una hoja de ruta encaminada a una mayor unidad bancaria e integridad fiscal, aunque esto suponga una cesión de la soberanía en favor de quienes manejan la moneda única.

En el avión que le trasladaba desde Los Cabos a Río de Janeiro, en el marco de un tour por foros internacionales que concluyó con la fotografía de los cuatro grandes -Francia, Alemania, Italia y España- en Roma solemnizando la irreversibilidad del proyecto común, un Rajoy sin corbata y relajado -fuera de las formalidades de los actos institucionales- se reafirmó en su plan de salvación para España aunque esto suponga un menoscabo electoral que ya empieza a quedar retratado en las encuestas.

Para un hombre que lo ha sido prácticamente todo en política -en campaña electoral era habitual como recordaba sus inicios en Galicia pegando carteles o ayudando a llevar servicios básicos a pequeños municipios- el tope estaba en atravesar el palacio de La Moncloa como presidente. Y él lo ha hecho y con una mayoría absoluta que no se le olvida y que, según la lectura que hace de la misma, le llevó a la cima para sacar al país de la crisis, por muchos esfuerzos que tuviera que hacer y reclamar y aunque se tuviera que desdecir de lo dicho anteriormente, como con esa subida de impuestos que hizo añicos el catecismo popular.

Rajoy, en esa conversación con periodistas en el avión presidencial, afirmó que es consciente del retroceso en intención de voto del PP, pero que no le importa. Que a día de hoy solo le ocupa poner en marcha las herramientas necesarias para "volver a ver la luz al final del túnel", como decía cuando aún era líder de la oposición. Cree que por eso le han votado, y no cejará en tanto en cuando es un firme convencido de que hace lo que debe y que austeridad y reformas estructurales y de crecimiento no son incompatibles sino complementarias para acabar con el abatimiento nacional.

Agenda reformista

Así, dijo, seguirán las reformas. Según fuentes gubernamentales, antes de verano el Ejecutivo pondrá encima de la mesa del Consejo de Ministros una buena remesa. La más importante, según el propio Rajoy -en esta ocasión en San Sebastián, hace ahora dos semanas-, será la tan anunciada tijera de la administración pública, en la que todos se están viendo implicados para adelgazarla y desentrañar la maraña. Incluso en el PSOE, saca ahora pecho el propio Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero hay pendientes más, como la energética o la que afecta a las empresas públicas, y que cuentan con sus propios equipos de trabajo.

La subida del IVA está guardada en un cajón a la espera de la orden. Podría ser antes de las vacaciones, como también en uno de los dos Consejos que se prevén en el mes de agosto, si no en uno extraordinario. Rajoy no solo no la descartó en el transcurso del G-20, sino que recalcó que estas medidas se anuncian cuando se aprueban. Todo es posible, aseguran varias fuentes, como también una reducción del salario de los funcionarios. En este sentido, admiten fuertes presiones tanto del FMI como de la Unión Europea que son tenidas en cuenta.

La cumbre de Bruselas del 28 y 29 será decisiva a ojos del Ejecutivo. "Necesitamos un calendario de integración financiera para que se serenen los mercados de deuda a medio plazo. Obras, no compromisos", resumió para este diario un ministro económico. Esto es, España ha cumplido y lo seguirá haciendo, pero la UE también tiene que mover ficha. Algo que, tras la cumbre de Roma, parece un poquito más factible, según la versión de Rajoy, que dijo sentirse muy satisfecho por el compromiso de "poner en marcha todos los mecanismos para conseguir la estabilidad financiera". Ya sea vía Banco Central Europeo o Fondo de Rescate.

Próximas citas electorales

Pero Europa tiene unos plazos, el crecimiento económico otros y España, por desgracia para el Gobierno, unos bastante más acelerados. Rajoy trabaja con el escenario de elecciones en el País Vasco para noviembre y con las gallegas a poco de arrancar 2013. Un ministro de perfil político mostraba sus dudas de que se puedan mantener aquellas comunidades conquistadas por un puñado de votos, aunque aún quede mucho para los comicios, y advirtió de las dificultades en plazas teóricamente seguras, como la que peleará Alberto Núñez Feijóo. El caso vasco, dicen, es diferente, una vez otros factores como el nacionalismo o el terrorismo pesan igual que la economía.

Pese a que estos temores se extienden, el entorno de Rajoy insiste en que queda mucho para que los votos sean una preocupación para el presidente. Bien es cierto que el PSOE para nada despega, lo que es un añadido clave en la tesis esbozada en pleno vuelo de que lo importante ahora son las reformas y labrar una diplomacia fuerte en el mundo para volver a estar en la locomotora. Unas bases no solo para que la prima de riesgo baje a ritmo constante y el bono español a diez años se aleje del fantasma del 7%, sino -aún más importante- para cortar la hemorragia del paro. Una "España real" que, según los propios cálculos del Gobierno, seguirá sufriendo de momento.

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