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Nile Gardiner

Kofi Anan y sus problemas

Los portavoces de Annan pueden burlarse públicamente de las exigencias de que renuncie, pero en privado temen que el principal contribuyente de la ONU corte los fondos

El aura de invencible que rodeó a Kofi Annan por seis años al frente de la Secretaría General de las Naciones Unidas colapsó y es muy probable que quede fuera en los próximos seis a doce meses. Quien sin merecerlo ganó el Premio Nobel de la Paz en 2001, hoy se está hundiendo.
 
Annan está siendo criticado tanto dentro de la ONU como fuera. El escándalo de los 21 mil millones de dólares del programa Petróleo por Alimentos ha golpeado duramente la reputación de la ONU y su reputación sufrirá por una generación, si es que evita terminar como la institución que la precedió, la Liga de las Naciones. La ONU parece un moderno Titanic navegando hacia el desastre, con un capitán al timón que parece no estar consciente de lo que pasa.
 
Otro ya se hubiera marchado, pero el secretario general sigue aferrado al cargo y se siente apoyado por el presidente francés Jacques Chirac y el canciller alemán Gerhard Schroeder.
 
Además de la dura crítica externa, Annan confronta una rebelión entre su cuerpo administrativo en la ONU por escándalos que involucran a altos funcionarios. El mes pasado, el sindicato de funcionarios de la ONU aprobó una moción sin precedente de "no confianza" respecto a los directivos de la organización.
 
Además, Annan recientemente reconoció y aceptó responsabilidad por otro inmenso escándalo provocado por personal de la ONU en labores de paz en el Congo. La ONU está siendo acusada de graves violaciones de derechos humanos, a escala mucho peor que los sucesos en la prisión de Abu Ghraib en Irak.
 
La credibilidad de la ONU se ha derrumbado al más bajo nivel de su historia. La que fue una institución venerada ha perdido su brújula moral, hundiéndose en corrupción, vileza y pésima administración. La explosión fue provocada por el programa Petróleo por Alimentos, el más grande escándalo financiero de los tiempos modernos.
 
Iniciado originalmente por el Consejo de Seguridad a mediados de los años 90 como un programa humanitario para ayudar a la gente de Irak, Petróleo por Alimentos fue manipulado para enriquecer a la brutal dictadura de Saddam Hussein. Saddam utilizaba el programa para comprar a políticos, funcionarios y empresarios de países miembros del Consejo de Seguridad, como Francia y Alemania, para tratar de conseguir que se levantaran las sanciones en su contra. Además de utilizar fondos del programa para consolidar su poder, Saddam financiaba a los familiares de terroristas palestinos suicidas y hay evidencias que indican que ese dinero todavía financia los actuales alzamientos y asesinatos en Irak.
 
Todo esto ocurrió bajo la supervisión de altos funcionarios de la ONU, incluyendo a Benon Savan, nombrado por Annan para dirigir el programa Petróleo por Alimentos, quien según un informe del inspector estadounidense de armamentos Charles Duelfer recibió un vale de Saddam Hussein por 13 millones de barriles de petróleo. El hijo de Annan, Kojo, está siendo investigado por el Departamento de Justicia de EEUU por recibir pagos de la compañía suiza Cotecna que operaba bajo contrato de la ONU en inspeccionar la importación humanitaria de Irak.
 
Hay no menos de cinco investigaciones del Congreso en Washington sobre el programa, pero su labor en establecer la verdad está siendo entorpecida por la falta de cooperación del Annan y por parte del ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker, quien dirige una investigación "independiente" de la ONU. Annan y Volcker se han negado a compartir con el Congreso la documentación de 55 auditorías internas del programa y no permiten que funcionarios de la ONU atestigüen ante el Congreso, lo cual parece ser un intento fútil de encubrimiento.
 
Las peticiones de congresistas estadounidenses sobre la renuncia de Annan están ahora siendo reemplazadas por peticiones de suspensión de los fondos que el gobierno aporta a la ONU, a menos que se obtenga una total colaboración en la investigación que conduciría a una reforma fundamental de la organización.
 
Un recorte o suspensión del aporte de EEUU a la ONU, que en 2004 fue de 360 millones de dólares, conduciría a un fuerte recorte en el empleo de los 600 funcionarios de la Secretaría. Los portavoces de Annan pueden burlarse públicamente de las exigencias de que renuncie, pero en privado temen que el principal contribuyente de la ONU corte los fondos.
 
Es cuestión de tiempo para que la Casa Blanca pierda la paciencia con un secretario general que apenas logra disimular su odio y desprecio a la política exterior de EEUU. Una actuación combinada del Congreso y la Casa Blanca pronto acabaría con la carrera de un secretario general que pasará a la historia por su espectacular fracaso en la pacificación de dictadores.
 
© AIPE
 
Nile Gardiner, es Académico de políticas de seguridad angloamericanas de Heritage Foundation

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