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Cambios en el Pacífico

Mientras, la Vieja Europa se siente incapaz de reaccionar, paralizada por el relativismo moral, el multiculturalismo y el triste legado de una izquierda fracasada que ya sólo sabe derruir el legado de siglos.

Una de las ideas que más veces hemos encontrado repetidas en los medios de comunicación durante este último decenio ha sido el carácter central que el área del Pacífico comenzaba a asumir. Tras siglos de hegemonía europea el relevo llegaba del otro extremo del planeta... lo que llevaba a Estados Unidos a concentrar su atención en su costa occidental.

Dos noticias nos vuelven a plantear la cuestión, con el trasfondo de la doble amenaza representada por el islamismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.

Cuando surgió la información sobre el programa nuclear iraní Estados Unidos desplegó una contundente iniciativa diplomática para movilizar a los estados aliados o amigos. Una de las primeras fricciones llegó de Japón. Esta gran potencia económica estaba desarrollando importantes inversiones en Irán para asegurarse el abastecimiento de combustible, además de sustanciosos beneficios. Sin embargo, cuando esta semana el ministro de Exteriores iraní llegó a Tokio se encontró con un serio aviso. Si el gobierno de Teherán no acepta las condiciones impuestas por la Agencia Internacional de la Energía Atómica, Japón apoyaría la imposición de sanciones. Era evidente la asunción de pérdida de negocio. Japón había evaluado los pros y los contras de un gobierno islamista con armamento nuclear y había adoptado una política sensata y responsable. Para Japón la doble amenaza representada por China y por el Islam radical no deja lugar a dudas sobre la importancia de establecer una sólida alianza con Estados Unidos.

No hace mucho el Gobierno Clinton sancionaba al de Nueva Delhi por haber desarrollado armamento nuclear, aunque no hubieran violado para ello ningún acuerdo, pues no eran signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear. Cuando estalló la crisis de Irán se dio por hecho que India no votaría en el seno de la Agencia en su contra, por la importante relación energética entre ambos países. Ha pasado el tiempo. India votó en contra de Irán, avanza en el establecimiento de un vínculo estratégico con Estados Unidos y en breve es posible que además tenga una relación nuclear estable e importante. La evolución de la India –desde el liderazgo del Movimiento de los No Alineados, la proximidad a Rusia y el ensayo de una economía socialista–, hasta donde ahora se encuentra resulta imposible sin valorar su percepción de la amenaza china y su problema musulmán. También ellos han comprendido que necesitan a Estados Unidos y que se requiere una política firme frente al islamismo.

El panorama internacional cambia a velocidad de vértigo. Muchos son capaces de analizar estratégicamente y de tomar posiciones en el largo plazo. Mientras, la Vieja Europa se siente incapaz de reaccionar, paralizada por el relativismo moral, el multiculturalismo y el triste legado de una izquierda fracasada que ya sólo sabe derruir el legado de siglos.

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