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EDITORIAL

Justificar en Afganistán lo que se criticó en Irak

No vamos a negar los gestos de Obama hacia Zapatero, pero no es menos cierto que todo ese cordial recibimiento ha tenido un claro precio para nuestro país, que no es otro que el de tener que enviar más tropas a la guerra de Afganistán

Aunque el encuentro "planetario" entre Obama y Zapatero no haya encontrado el menor eco en la prensa norteamericana, y hasta haya quedado algo eclipsado en España por el asunto del cese de Ricardo Costa, lo cierto es que el Gobierno y el PSOE tratan de sacarle el mayor jugo propagandístico. Y es que, si bien por su duración, este encuentro no ha permitido abordar los numerosos temas que Zapatero llevaba en su agenda, sí ha permitido realizar numerosas fotografías que pueden sostener la ficción de que nuestro país vuelve a "estar entre los grandes".

No vamos a negar que el presidente de Estados Unidos haya dispensado numerosos gestos de amistad y simpatía hacia el presidente del Gobierno español, pero no es menos cierto que todo ese cordial recibimiento ha tenido un claro precio para nuestro país que no es otro que el de tener que enviar más tropas a la guerra de Afganistán. Tal vez consciente de que esa exigencia es lo único que ha quedado en limpio del esperado encuentro, la secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Elena Valenciano, ha corrido a justificar el envío de más efectivos a ese país en guerra señalando que "estar con los grandes" implica llevar a cabo compromisos como éste. Así, con palabras casi calcadas a las que pronunciaba Aznar para justificar el envío de tropas a Irak tras el derrocamiento de Saddam Hussein, Valenciano ha señalado que "cuando uno está en ese nivel, no solamente se sienta en la mesa de los grandes para departir, sino que se compromete con los grandes en la gestión de los asuntos que son más delicados. Y Afganistán es uno de ellos".

No es la primera vez que desde aquí denunciamos cómo el Gobierno de Zapatero mantiene en Afganistán el mismo discurso y las mismas acciones que los socialistas criticaron desde la oposición al Ejecutivo de Aznar con respecto a Irak. Zapatero encubre su bochornosa incoherencia llamando a la de Irak "misión de guerra" y maquillando a la de Afganistán como "misión de paz". Lo cierto, sin embargo, es que ambas misiones tenían los mismos objetivos, con la diferencia de que la situación en Afganistán es ahora mucho más arriesgada y proclive a enfrentamientos armados que la que se vivía en la zona de Irak a la que fueron enviados nuestros militares.

El Gobierno de Zapatero también recurre a una mentira generalizada como es la de que el envío de tropas españolas a Irak contravenía las resoluciones de Naciones Unidas. Lo cierto, sin embargo, es que el único que contradijo a la ONU fue Zapatero con su precipitada y bochornosa retirada de Irak. Aquella salida que tanto celebró el fundamentalismo islámico internacional –incluido el que ahora nos combate en Afganistán– no sólo desoyó a nuestros aliados y al propio Ejecutivo provisional de Irak, sino también resoluciones de Naciones Unidas, como la 1511 de 16 de octubre de 2003, que expresamente "insta a los Estados Miembros a que presten asistencia en virtud del presente mandato de las Naciones Unidas, incluso con fuerzas militares, a la fuerza multinacional". Para colmo de la impostura, también debemos recordar la todavía más silenciada resolución 1546 de 8 de junio de 2004, que también "pide a los Estados Miembros y a las organizaciones internacionales y regionales que presten asistencia a la fuerza multinacional, en particular con fuerzas militares", y que el Gobierno de Zapatero tuvo el descaro de suscribir semanas después de haber pegado la espantada.

El caso es que para sostener esa farsa de "buenismo pacifista", Zapatero ha emprendido una gira por Oriente Medio y, durante una visita a la Mezquita de los Omeyas de Damasco, ha pedio a un imán que "sus plegarias lleven la paz a todas las regiones del mundo". Esperemos que esta solicitud de intercesión divina, que el "laicista" de Zapatero no haría ante un clérigo católico, no ignore el hecho de que en muchas mezquitas se hacen llamamientos a la guerra santa; una "guerra santa" que los fundamentalistas islámicos libran contra los infieles en Afaganistán, y a la que Zapatero va a enviar, no plegarias, sino más soldados.

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