Colabora
Adolfo D. Lozano

Por qué ellos no tienen acné

Los adolescentes con más sobrepeso tienden a sufrir más acné. Lo cual demuestra que los mismos alimentos involucrados en la obesidad, lo están también en el acné, y que la hiperinsulinemia es una causa subyacente.

Apuesto a que mi experiencia con el dermatólogo cuando era adolescente es semejante a la de muchos que han padecido acné. En concreto me refiero a aquellas recomendaciones nutricionales que parecían ir incluidas en el pack que además contenía unas cuantas cremas y lociones desinfectantes, limpiadoras etc. Y quizás no por casualidad, los dos dermatólogos por los que pasé en aquel entonces parecían tener la misma opinión al respecto: no tomes frutos secos y, en general, no consumas grasa, sobre todo de origen animal. Ante lo cual yo miraba un tanto perplejo, puesto que no me salía mucho de aquellas recomendaciones. En mi adolescencia, mis desayunos a base de leche desnatada y cereales azucarados eran una muestra de mi seguimiento de los dictados convencionales de rico en carbohidratos y pobre en grasas. ¿Pero tales consejos nutricionales tienen fundamento? Yo creo que no.

El acné hoy en Occidente afecta a más del 80% de adolescentes, e incluso se calcula que casi la mitad de los adultos tienen al menos brotes intermitentes. Sin embargo, el acné no es un problema universal. Algunas culturas han parecido y parecen inmunes al mismo. Y todas ellas, dentro de su gran disparidad, comparten precisamente ciertos patrones nutricionales.

Dentro de las culturas y poblaciones libres de acné encontramos a los kitavas de Nueva Guinea, que siguen una dieta típica de cazador-recolector basada en vegetales, frutas, cocos y pescado; los aché de Paraguay, con una dieta no muy distinta a base de animales y el cultivo de algunos vegetales incluyendo algo de arroz integral son otro caso semejante; los japoneses de la isla de Okinawa seguían en su mayoría, hasta hace no mucho, una dieta de vegetales, soja, algo de cerdo, arroz integral y pescado, y también desconocen tradicionalmente el acné. Los inuits consumen caribú (un mamífero), focas, pescados, algas, y frutos del bosque; los bantús y zulús africanos consumen plantas, frutas y vegetales salvajes así como carne de caza. De nuevo, ninguna de estas poblaciones sabe lo que es el acné.

En definitiva, todos estos grupos libres de acné se caracterizan tradicionalmente por seguir dietas donde no hay trigo, azúcar, aceites vegetales ni tampoco lácteos. Y si pensamos que todo se debe a cierta inmunidad genética, parece que no es así. Cuando por ejemplo los inuit, zulús y okinawas han sido expuestos a trigo, azúcar y almidones procesados, su presunta inmunidad contra el acné desparece como hace décadas publicaron Steiner, Bendiner y Schaefer. Como comenté en otra ocasión, la elusión del problema de los carbohidratos en el acné en gran parte se alimentó de un estudio –sí, de un simple estudio citado hasta la saciedad como dogma–, por desgracia muy mal diseñado. Podemos además corroborar que los adolescentes con más sobrepeso tienden a sufrir más acné. Lo cual demuestra que los mismos alimentos involucrados en la obesidad (azúcar, carbohidratos refinados, aceites vegetales), lo están también en el acné, y que la hiperinsulinemia es una causa subyacente.

Por tanto, una paleodieta antiinflamatoria aparte de mejorar tu salud, tiene un efecto secundario: mejora el aspecto y belleza de tu piel.

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