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Pedro Fernández Barbadillo

Pedro nunca muere

Europa y el mundo entero no habían asistido a un espectáculo semejante de desprendimiento desde la abdicación del César Carlos en Bruselas, en 1555.

Hugo Chávez está empeñado en reinar sobre Venezuela aunque sea desde un quirófano. Cristina Fernández de Kirchner prepara la modificación de la Constitución argentina que juró para perpetuarse en el poder. Los presidentes de Bielorrusia y Kazajistán se han hecho reelegir una y otra vez desde los años 90. Vladímir Putin se alterna en la jefatura del Estado de Rusia con su compadre Dimitri Medvedev. En Corea del Norte se ha instaurado una monarquía comunista. Hosni Mubarak y Muamar Gadafi trataron de coronar a sus hijos. Bill Clinton se lamentó de que una enmienda constitucional le recortase su derecho a presentarse a un tercer mandato...

Y mientras los reyes del mundo se afanan en mantener el poder, el Vicario de Cristo nos habla en una lengua muerta, una de las que habló el Mesías, para anunciarnos su renuncia a la Cátedra de Pedro. Al leer la noticia de su renuncia, no puedo por menos que recordar esa cita del Evangelio de Marcos: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?". Y encima anuncia su retirada a un convento de clausura. Europa y el mundo entero no habían asistido a un espectáculo semejante de desprendimiento desde la abdicación del César Carlos en Bruselas, en 1555.

La Iglesia católica y la monarquía tradicional –cuyas legitimidades no provienen ni de ningún parlamento ni de ninguna constitución– siguen asombrando a los hombres con actos que no son de este mundo. Ahora, el que tenga oídos, que oiga (Mateo 13: 9).

A los juristas, canonistas, periodistas, historiadores y demás gente de no buen vivir se nos plantea el juego de adivinar si el Papa pronunciará la homilía en la misa previa al cónclave. Pero qué menos que esperar de Su Santidad el respeto a la conciencia de sus hermanos, tan ausente en el mundo democrático del siglo XXI, donde las conductas privadas (tabaco, sexo, familia) se han convertido en actos públicos.

Cinco cardenales españoles con voto

Asistimos al espectáculo de la renuncia de la púrpura y ya discutimos sobre la sucesión. Aunque bien sabemos que quien entra como papa en el cónclave suele salir como cardenal, ¿quiénes son los candidatos? España enviará al cónclave cinco cardenales con derecho a voto (es decir, menores de 80 años): Antonio Cañizares, cardenal primado; Antonio Rouco Varela, arzobispo de Madrid; Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, Carlos Amigo y Santos Abril y Castelló. Los otros cardenales, Ricard María Carles, Julián Herranz, Eduardo Martínez Somalo y José Manuel Estepa, están excluidos por su edad. Ninguno de los que viajarán a Roma aparece en la lista de papables.

El sector progre, que en 2012 perdió a su esperanza blanca, el jesuita Carlos María Martini, arzobispo de Milán, cuenta con dos personalidades: el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Honduras, y el cardenal Jorge María Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, ambos desprestigiados, sobre todo el segundo, por el estado de sus diócesis y países.

¿Regresará a la Silla de Pedro un italiano como el cardenal Angelo Scola, arzobispo de la prestigiosa diócesis de Milán? También sobresalen las candidaturas de los cardenales Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, y Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. Quizás sea pronto para pensar en un papa africano, pese a que en este continente el cristianismo se ha convertido en la primera religión.

¿Y cuáles serán las directrices del nuevo Papa? ¿Seguirá denunciando el relativismo cultural y la revolución antropocéntrica que están demoliendo desde dentro Occidente? ¿Mantendrá la recuperación del rito tradicional de la misa? ¿Se empeñará en corregir las interpretaciones torcidas del Concilio Vaticano II que vaciaron las iglesias y los seminarios? ¿Qué ocurrirá con las conversaciones con la Fraternidad de San Pío X, fundada por el arzobispo Lefebvre?

Con la retirada de Benedicto de XVI, los españoles, católicos o no, pierden otro papa volcado en apuntalar la nación española. Benedicto ha nombrado a varios nuevos obispos, como los de Bilbao y San Sebastián, que rompen la línea progre-nacionalista con la que se identificaban personajes tan siniestros como Jordi Pujol y José María Setién. Tengamos presente que casi todo el colegio cardenalicio ha sido nombrado por Juan Pablo II y Benedicto XVI, y que hace ocho años ese colegio, del que han salido más progresistas, eligió al cardenal Joseph Ratzinger. 

Nota del Autor. Nada más lejos de mi intención que suscitar confusión o malentendidos. Así que, tras leer los comentarios de algunos lectores, procedo a sustituir en el segundo párrafo la frase "la [lengua] que habló el Mesías" por "una de las que habló el Mesías".

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