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Pablo Molina

Méndez y Toxo, mártires de la lucha obrera

En el escándalo de los ERE de Andalucía, los dirigentes de los dos principales sindicatos destepaís ha pasado del estupor inicial al victimismo.

En el escándalo de los ERE de Andalucía, los dirigentes de los dos principales sindicatos destepaís ha pasado del estupor inicial al victimismo, tras conocerse las últimas detenciones practicadas por la encargada de la instrucción judicial. Fernández Toxo, compañero-secretario de CCOO, ha denunciado la existencia de una campaña mediático-judicial para desacreditar la labor de su sindicato en defensa del obrero, como si no se bastaran sus cuadros dirigentes ellos solitos para acabar con la escasa legitimidad del sindicalismo de clase (alta) a estas alturas de la crisis.

Es cierto que, según lo que se conoce por ahora, Comisiones Obreras parece haber robado en Andalucía bastante menos que la UGT, cuyos vínculos fraternales con La Pesoe ha permitido a sus cabecillas mangonear en el saqueo de los ERE con mayor desparpajo. Sin embargo, la existencia de un abundantísimo fondo de reptiles sin control administrativo era una tentación demasiado grande para los otros representantes de la clase obrera, siempre dispuestos a ejercer su labor en nombre de los trabajadores y trabajadoras a cambio de un trinque que, en ocasiones, ha sido también más que abultado.

La UGT ha pasado de negar la evidencia a no descartar más detenciones "visto lo visto", mientras que CCOO, por boca de su máximo rector, denuncia la existencia de una conjura en su contra, encabezada por una jueza proterva y aplaudida por sus medios afines, que cada día celebran sus desvaríos con todo lujo tipográfico. Toxo, de hecho, se ha escandalizado por que los periódicos estén "llenos no sólo de relatos sino también de opiniones" (¡opiniones, señores!), anomalía democrática que para el sindicato nos retrotrae al franquismo y su brigada de lo social, a las órdenes de los tribunales de orden público.

Los liberados sindicales ya le han montado a la jueza Alaya una manifestación a las puertas del juzgado llamándola "pepera" a modo de insulto, y lo siguiente será un homenaje multitudinario de desagravio a los compañeros Méndez y Toxo. Espectáculos ambos que los sindicalistas profesionales nos podrían haber ahorrado simplemente con que hubieran respetado el séptimo mandamiento. Los tíos son tan laicistas por la gracia de Marx que cualquiera se atreve a mentarles el Decálogo.

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