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Emilio Campmany

Y tú, ¿a qué izquierda vas a votar?

Ciudadanos era una opción interesante cuando creíamos que tenían algo de liberales.

Se acercan las elecciones generales y hay que ir pensando qué votar. Veamos las opciones que se le ofrecen a un votante de derechas.

Se puede votar a los comunistas. Se presentan como una moderna extrema izquierda con las siglas de Izquierda Unida, pero es el PCE de toda la vida. Para cualquiera, de izquierdas o de derechas, esto debería bastar.

Se puede votar a la socialdemocracia corrupta. Pero cuando no han sido radicales les ha dado por corromperse. Y a veces han hecho las dos cosas a la vez. Pase que sean de izquierdas, pero lo del GAL no es fácilmente perdonable, y todavía padecemos las consecuencias de la negociación con ETA. Luego están los escándalos andaluces, que son sólo andaluces porque sólo allí gobiernan. Y han puesto a su frente a uno que parece tan espabilado como Zapatero. Podríamos perdonar que son de izquierdas, pero no la amoralidad, inepcia y corrupción con la que han gobernado cuando se les ha dado la ocasión.

Luego tenemos a la nueva extrema izquierda de Podemos. Que sean de izquierdas no basta para descartarlos porque todos son de izquierdas. Su problema estriba más en lo muy demagogos que son. Por lo visto, si ellos gobiernan va a haber dinero para todo. Un delincuente llamado Falciani se encargará de recaudarlo. Sólo pueden votarles quienes crean en las hadas. Y aún a esos les debiera bastar ver qué pasa en Venezuela, su modelo inspirador.

UPyD es una bonita opción, aunque sea sólo porque predica la igualdad de los españoles ante la ley. Sin embargo, padecen una grave afección de cesarismo y encima es muy probable que se vean abandonados por los pocos electores que reunieron en anteriores elecciones. No es que sean de izquierdas, es que votarles puede significar tirar el voto a la basura.

Ciudadanos era una opción interesante cuando creíamos que tenían algo de liberales. Con una honradez insólita, han decidido desgranar su programa abiertamente y han resultado ser tan de izquierdas como cualquiera. No hay en lo que proponen nada contra el Estado elefantiásico que PP y PSOE construyeron. Tan sólo aspiran a heredar el monstruo y racionalizar su gestión para que pueda seguir engullendo nuestra hacienda sin venirse abajo. Algo es algo, pero digamos que, para alguien de derechas, está lejos de ilusionar, mucho más si se tienen en cuenta sus ramalazos anticlericales.

Nos queda el PP, que aunque se dice de derechas es obviamente de izquierda, incluso comunista, si se fija uno en su política fiscal. Pero como el que sea de izquierdas no debería bastar para no votarles, dado que todos lo son, valoremos otros aspectos. Y el problema es que el PP no sólo ha imitado a la izquierda en sus políticas fiscales, sino que también se arruga ante los terroristas, hace política exterior bolivariana, se acula en tablas cuando tiene que defender sus ideas y, en el mejor de los casos, tolera la corrupción como si fuera un mal menor inevitable. Deberíamos tener derecho a una alternativa.

Me dirán enseguida que existe tal o cual partido al que poder votar que de verdad es de derechas. Es cierto, pero el caso es que, por lo que sea, ninguno tiene hoy una posibilidad razonable de conseguir representación parlamentaria. Es lo que hay. Así que escojan la tonalidad de rojo que más les guste y, antes de echarse a llorar, asegúrense de que los niños no les vean.

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