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Emilio Campmany

El sociólogo valiente

Es necesario detenerse en el hecho de que perteneciera al selecto club que fue 'El sindicato del crimen'.

Es necesario detenerse en el hecho de que perteneciera al selecto club que fue 'El sindicato del crimen'.
Amando de Miguel. | Archivo

Hay muchos hitos en la biografía de Amando de Miguel. Sus compañeros de la universidad sabrán glosar los académicos. Y los periodistas referirán el ideario liberal que es posible extraer de sus artículos y libros. Sin embargo, es necesario detenerse en el hecho de que perteneciera al selecto club que fue El sindicato del crimen, forma desdeñosa con la que lo bautizó Juan Luis Cebrián, probablemente por inspiración de Javier Pradera. El insulto era tan ingenioso, que hoy día nadie conoce a aquel manojo de antifelipistas por otra denominación que no sea ésa. No sólo, sino que era tan fuerte, tan corrupta y tan mafiosa la madeja de intereses a los que se enfrentó el grupo, que el insulto se convirtió con el tiempo en una medalla al valor.

El Gonzalato al que se enfrentó Amando de Miguel con sus compañeros de sindicato no era un enemigo cualquiera. Hoy los cafelitos del hermano de Alfonso Guerra en la Delegación del Gobierno en Andalucía, las conexiones con el ballenato grosero y cutre que fue Jesús Gil, la colonización de todas las instituciones y poderes del Estado, la infiltración en las grandes empresas del país, el saqueo de Rumasa y la consiguiente transformación de Ruiz-Mateos en un bufón pueden hacer creer que aquello era un esperpento valleinclanesco. No es así. Aquella gente que se opuso a González, aunque no se jugaba su vida, sí ponía en peligro su buen nombre y su hacienda. Puede hoy creerse lo que muchos periodistas que conocieron la época y que sirvieron obedientes al poder socialista quieren transmitir, que aquel clan estaba formado por gente de derechas con contactos con las adherencias del franquismo que sobrevivían dentro de las entrañas del Estado. Nada de eso. En esa especie de asociación había periodistas de derechas, por supuesto, pero también había gente de izquierdas. Amando de Miguel era, gracias a su espíritu esencialmente libre, difícil de clasificar según como fuera su último artículo o su último libro. En cualquier caso, fuera la que fuera la opinión que se tuviera de aquellos hombres, de sus opiniones y de las razones que les empujaron a enfrentarse al monstruoso poder que tuvo en aquellos años Felipe González, lo que no puede negárseles es el valor y el coraje personal. Porque las venganzas de aquel entramado cleptocrático no eran bromas cuando se amenazaban sus fuentes de riqueza. Todos, salvo el medroso topo que dentro del grupo se puso al servicio del Gonzalato para comprar su inmunidad a cambio de la información que suministró de lo que allí se cocía, fueron, siendo cada uno de ellos de su padre y de su madre, unos valientes. Y entre esos valientes, estuvo Amando de Miguel. Está muy bien destacar hoy su talento académico y su agudeza periodística. Pero no sobra resaltar también su valentía personal. El PSOE fue siempre el PSOE y el de González fue especialmente vengativo y rencoroso. Quienes a él se enfrentaron pagaron un precio, de Miguel también. Descanse en paz un valiente.

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