La Nación contra la aflicción de Europa
Marco Rubio ha puesto fin a los "discursos" jeremíacos de la aflicción y señala un cambio de rumbo para reforzar la civilización occidental.
Europa sigue acechada, perseguida, por un extraño espíritu de aflicción, mezcla de melancolía y rabia, de soberbia e impotencia, que conduce a sus naciones al suicidio. Ese fue el diagnóstico de J.D. Vance, Vicepresidente de los EE.UU., en la Conferencia de Munich en 2025. Y, sin embargo, Europa aún tenía, seguía diciendo Vance, reservas morales y materiales para salir de esa situación de desesperanza. Su propia presencia en la ciudad bávara era una prueba de esa esperanza. Vance defendía, sí, la libertad que emerge de la necesidad. Es la genuina esperanza. Él, J.D. Vance, que hablaba en nombre de EE.UU., nación surgida de la civilización europea, no abandonaría su tarea de rehabilitar el espíritu que había hecho grande a EE.UU.: el espíritu nacional. O Naciones grandes o Partidos totalitarios. Vance fue preciso: "Había esperanza". La solución estaba a nuestro alcance. O una Europa de grandes naciones o la entrega al imperio chino.
En esa línea de Vance, en realidad de toda la Administración de Donald Trump, debe leerse el discurso del inteligente Marco Rubio, Secretario de Estado de los EE.UU., para la Conferencia de Munich de este año. Un grandioso discurso. Los futuros historiadores de nuestro tiempo lo estudiarán como una pieza política clave del siglo XXI. Diseña con precisión el futuro espiritual de Occidente. O recuperamos las bases de la civilización Occidental, cuya madre es Europa, o nos entregamos a las utopías totalitarias. Ni fin de la historia ni muerte del alma europea. Europa, la Unión Europea, tiene que recuperar el espíritu límpido de la Nación a través de su alianza con EE.UU.; sí, o naciones fuertes o "mesogobiernos tecnocráticos" que se abandonan por completo a los fanatismos universalistas de corte comunista y comercial. El discurso de Rubio es un documento grandioso de buena voluntad, es decir, de la sincera voluntad de negar la sombra que impide el desarrollo de la Nación, de la unidad nacional, dentro de Europa.
Marco Rubio ha puesto fin a los "discursos" jeremíacos de la aflicción y señala un cambio de rumbo para reforzar la civilización occidental. No es optimismo lo que desprenden sus palabras sino Realidad, que es anterior a la verdad, y madre de todo entusiasmo. Quien lea despacio y, sobre todo, vea con mirada limpia su alocución no podrá dejar de decir: otra Europa, otro mundo, es posible. Hay esperanza frente al totalitarismo.
Sin embargo, a los españoles, o al menos así lo creo yo, cuando miramos nuestro entorno político e intelectual, Europa aún se nos sigue apareciendo en la noche como una casa abandonada. Lo veo en mis sueños. La casa no está en ruinas, no del todo: las paredes siguen en pie, los retratos cuelgan torcidos, los libros aún llenan las estanterías. Pero nadie vive allí. O, peor aún, alguien había vivido demasiado tiempo fingiendo que nada había pasado. El espíritu europeo -aquel que hablaba de dignidad, razón y belleza- caminaba por los pasillos como un huésped indeseado. Tocaba las puertas cerradas y nadie respondía. Había sobrevivido a la catástrofe, sí, pero lo había hecho pagando un precio invisible: la pérdida de su inocencia. Ya no podía presentarse como maestro del mundo, solo como testigo cansado de su propia culpa. El dolor, la pena, en fin, el desasosiego no eran heridas recientes. Eran una presencia persistente, un espectro que regresaba cada vez que se intentaba reconstruir sin recordar. En mis oscuros sueños el espíritu europeo no estaba muerto, pero estaba enfermo de "memoria" reprimida. Socialistas, comunistas y separatistas siguen matando, como en el pasado, todo aquello que les da vida: el espíritu de Europa, o sea el de las Naciones. No fueron suficientes dos guerras mundiales ni la terrible Guerra Civil Española…. La noche sigue avanzando: el imperio chino es el aliado de la gente que nos desgobierna. Ojalá el discurso de Rubio sirva para detener tanta bestialidad sanchista contra la Nación… Ojalá nos percatemos de que el principal problema de España ya ni siquiera es Europa sino la unidad nacional.
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