Hacer el bien sin saberlo sigue siendo hacer el bien
Quizá todo se reduzca a que los servicios de inteligencia de Israel y de Estados Unidos supieron la hora y el lugar concretos donde se reuniría toda la cúpula del régimen.
En los conflictos internacionales es corriente alegar inexistentes razones idealistas que ocultan en realidad crudos intereses materiales. Sin embargo, a veces, con mucha menor frecuencia, quienes actúan esgrimen desnudas razones tangibles para ocultar los instintos idealistas que en realidad les mueven. En junio de 1546, el emperador Carlos V le escribió a su hermana, la muy capaz María de Hungría, para explicarle por qué había decidido atacar a la Liga de Esmalcalda: "Si no intervenimos ahora, todos los Estados de Alemania estarán en peligro de romper con la fe (…). Tras considerarlo minuciosamente, he decidido embarcarme en una guerra contra Hesse y Sajonia por haber violado la paz invadiendo el territorio del duque de Brunswick. Y, aunque este pretexto no ocultará el hecho de que es un asunto de religión, servirá por el momento para dividir a los apóstatas."1 El emperador no razona con argumentos realistas, sino que lo mueve solo el idealismo de proteger la fe. Pero, para tener el apoyo de los príncipes alemanes cuya lealtad conserva, tuvo que esgrimir razones que ellos pudieran apoyar y no volátiles ideales religiosos.
¿Le ha podido pasar lo mismo a Trump con Irán? El presidente norteamericano manifestó su voluntad de acudir en ayuda de los iraníes que ansían libertad y se han manifestado contra el régimen con un altísimo coste en vidas humanas. Aunque llegue algo tarde, finalmente, lo ha hecho. Los objetivos declarados, sin embargo, son otros y muy confusos. Se ha dicho que se quería derrocar el régimen, lo que cohonesta con el deseo de ayudar a los disidentes, pero eso sería tanto como reconocer una veleidad neoconservadora despreciada tanto por la izquierda como por la derecha. De forma que ahora se cuenta que lo que se quiere es destruir las capacidades de fabricar misiles balísticos intercontinentales, capaces de alcanzar el territorio de los Estados Unidos. Aunque fuera así, informes de inteligencia revelan que Irán estaba todavía lejos de conseguir estas capacidades. También se ha dicho que se desea impedir que Irán tenga la bomba atómica. Pero se supone que eso ya se consiguió el junio pasado. Marco Rubio ha dado una explicación más verosímil cuando ha reconocido que el propósito es destruir los misiles de alcance medio con los que Irán amenaza a las bases norteamericanas en la zona. Por último, se ha argumentado que, teniendo Israel la intención de atacar, Estados Unidos no tenía otro remedio que seguirle en esto.
Quizá todo se reduzca a que los servicios de inteligencia de Israel y de Estados Unidos supieron la hora y el lugar concretos donde se reuniría toda la cúpula del régimen y Netanyahu y Trump quisieron aprovechar una ocasión que les pareció única. Y ya darían explicaciones luego.
Sea como sea, uno de los regímenes más crueles de la Tierra, que constituye además una amenaza permanente para Occidente, ha recibido un enorme golpe del que no sabemos si se levantará o si lo hará tras renunciar al terrorismo que ha patrocinado desde que se fundó. Si en realidad esto no ha sido más que un efecto no especialmente deseado, el tremendo mazazo que han recibido los ayatolás no deja de ser una gran noticia. Aunque quienes lo han dado no sepan explicarlo.
1 Traducción mía de una traducción a su vez al inglés del original.
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